Albi Francia

Este encantador pueblo luce por entero los colores del río que lo atraviesa. / Instagram/@super_france

Albi, la curiosa ciudad donde las construcciones son rojas

Este lugar se ubica en Francia y fue declarado Patrimonio mundial de la Humanidad

09 de diciembre de 2019 05:37 pm

Por: La Nación/GDA

A 50 minutos en coche desde Toulouse, en el centro de Occitania, Albi recibe a diario viajeros de todo el mundo enamorados de sus encantos medievales, declarados Patrimonio mundial de la Humanidad de Unesco.

Este encantador pueblo luce por entero los colores del río que lo atraviesa, el serpenteante Tarn.

Es que el conjunto arquitectónico fue construido con ladrillos hechos localmente con arcilla de ese río. Una visita sin apuros, permitirá descubrir cómo la tonalidad de sus construcciones cambian de rosado, a rojo y a ocre, conforme pasan las horas del día.

Nada mejor que una caminata para contemplar la postal más famosa de Albi, que incluye a su puente medieval, aún en funcionamiento, el Point-Vieux (Puente Viejo), también declarado monumento histórico.

Albi es mucho más que un pueblo para visitar un día. Sus atracciones tienen fama internacional. La colección pública más grande de HenriToulouse Lautrec (1864-1901), está allí. El artista era albigense.

La Biblia ilustrada

Su imponente catedral de estilo gótico meridional, Sainte-Cécile, la más grande del mundo construida en ladrillos, se alza en medio de un circuito en la región que aloja también 8 sitios declarados Patrimonio Mundial por la Unesco.

Su construcción se inició en 1282 a modo de fortaleza, como símbolo de poder frente a la herejía de los cátaros (Khataros en griego significa puros) o albigenses, una nueva religión pacífica que cuestionaba creencias de la Iglesia y cuyos fieles fueron exterminados en masa por la Inquisición.

La catedral es imponente. Mide 113 metros de largo, 35 de ancho y su campanario suena a 78 metros de altura (finalizado en 1492). Austera por fuera, soberbia por dentro, Sainte-Cécile bate otro récord: unos 18.500 m2 cuadrados decorados con frescos y decoraciones, como si se tratase de la misma Biblia ilustrada.

Hay que mirar detenidamente su bóveda, de arte renacentista italiano, sobre un magnífico fondo azul mineral. Debajo de su gran órgano, el más grande de Francia, que data del siglo XVIII, realizado por Christophe Moucherel, se lleva todas las miradas la representación de El Juicio Final, del siglo XV. Cielo, Purgatorio e Infierno en 200 m2.

Quien esté allí sentado no podrá quitar la vista del descenso a los infiernos con los castigos de los 7 pecados capitales. Habrá que identificar cuál es cuál. Es bastante impresionante.

Es un testimonio de historia y arte que no deja indiferente a nadie, igual que el Palacio de la Berbie, construido en la mitad del siglo XXIII, donde vivían poderosos obispos, que hoy alberga el Museo de Toulouse-Lautrec.

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