Hay nueve puertas, pero sólo una llega al centro

El laberinto tiene nueve puertas, pero sólo una llega al centro. / Laberinto Patagonia

Una pareja cumplió el sueño construir el laberinto más grande de Sudamérica

Tiene una superficie de 86,000 pies cuadrados y 1.3 millas de senderos para recorrer

13 de noviembre de 2019 05:41 pm

Por: LA NACIÓN / GDA

Doris Romera y Claudio Levi tuvieron que esperar diez años a que crecieran los 2,100 cupressus macrocarpa (arboles) que plantaron durante 25 días ininterrumpidos, en 1996. La paciencia se justificaba, motivada por el gran sueño detrás: construir un laberinto (Laberinto Patagonia) en medio de este valle rodeado de montañas, a 15 km (9.3 millas) de El Bolsón (al sur de la Argentina). Era como materializar una metáfora de la vida, de búsqueda, de camino a descubrir.

Para realizarlo, siguieron un diseño de su autoría. Claudio dibujó las nueve entradas y las nueves salidas en un papel, usando sus nociones de kabbalah, mitología y magia. Trasladar el plano a este terreno de cinco hectáreas en una loma del valle del río Epuyén le costó unas cuantas ecuaciones de trigonometría, varias estacas, un gran ovillo de hilo y años de poda para que no lo taparan las malezas.

Los árboles crecieron y en 2015, finalmente, inauguraron el laberinto de 86,000 pies cuadrados y 1.3 millas de senderos para recorrer. Se trata nada menos que del laberinto más grande de Sudamérica.

"El ancho y alto de los pasillos del laberinto están en relación a las medidas del cuerpo humano, por eso al caminar no sentís opresión, sino todo lo contrario, el laberinto te hace sentir que es una prolongación tuya y resulta grato caminar por aquí. Estos son conceptos básicos de arquitectura", explica Claudio.

Hay nueve puertas, pero sólo una llega al centro. Los visitantes salen entre los cupressus con una sonrisa de oreja a oreja. No sólo los niños, los grandes también. Claudio los recibe con frases como "el que recorre el laberinto es un héroe" o "siempre hay una salida, pero antes es necesario perderse". Y Doris, que es pastelera, ofrece delicias en la cafetería, como frozen (cócteles con hielo) de frambuesa y ricos sandwiches.

Es un paseo lúdico y terapéutico. Además de pasar el día, almorzar o merendar, se puede comprar frutas y conservas que producen en esta chacra.

 

 

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