Smash

Un cliente de este establecimiento golpea la cabeza de un maniquí. / EFE

Pagar por destrozar cosas, una peculiar terapia antiestrés que llega a Pekín

Los clientes pueden elegir el objeto que más rabia les dé para destrozarlo

04 de febrero de 2019 03:00 pm

Por: EFE

La icónica paciencia oriental se ha acabado. Ahora, los estresados pequineses pueden liberar tensiones pagando un módico precio por encerrarse en una sala con multitud de objetos como televisiones o teléfonos y destrozarlos con bates, varas metálicas o mazos.

Situado en el popular distrito artístico 798 de Pekín, Smash ("destroza", en inglés) es, desde septiembre pasado, el único establecimiento en toda China que ofrece esta poco ortodoxa terapia antiestrés, y ya cuenta con una media de unos 600 clientes al mes.

"Pekín es una ciudad muy ajetreada, tenemos mucho estrés. Es un lugar perfecto para un sitio como éste", explica a Efe Jin Meng, cofundadora de Smash.

Parece un negocio rentable: cada mes gastan hasta $2,200 en objetos para romper, y en diciembre la facturación fue de $19,300.

En su visita a las instalaciones -tres salas en total-, Efe coincidió con un grupo de cinco personas que pagó $89 por media hora de destrozos.

Estéreos, máquinas de cocer arroz o maniquíes, los clientes pueden elegir el objeto que más rabia les dé y pagar para destrozarlo; el más caro es un televisor de pantalla plana que cuesta $74.

Eso sí, un cartel aclara que se trata de reciclar todo lo posible de entre la chatarra resultante.

De todas formas, lo que más pide la gente son monitores, teléfonos y teclados, algo que confirma cuál es la principal razón por la que la gente viene: "Últimamente, su mayor preocupación es el trabajo", dice Jin.

"La economía china está bajando (en 2018 creció a su menor ritmo en 28 años) y la gente gana menos o pierde su trabajo. También hay problemas de relaciones de pareja", agrega.

Otra de las particularidades de esta iniciativa es el perfil medio del cliente: "Entre un 60 y un 65 por ciento son mujeres de 20 a 35 años", revela Jin.

"En China los hombres prefieren resolver sus problemas solos, no los comparten con otros. Las mujeres son más abiertas, cuando tienen problemas tratan de buscar formas de resolverlo", apunta la joven emprendedora.

Jin detalla que las mujeres chinas se enfrentan a más estrés que los hombres debido a las dificultades para conciliar su vida profesional -en la que, agrega, cobran menos, aunque desempeñen el mismo trabajo- con las numerosas cargas familiares que les son impuestas.

Entonces, ¿sirve de verdad romper cosas para deshacerse del estrés? Jin asegura que sí, que "cuando terminan, la gente se ríe y se le nota más feliz. Todos dicen que se sienten muy bien. Les ayuda mucho".

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