Ansiedad

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Ansiedad for dummies

Aprende a cómo convivir con ella y salir hacia adelante

07 de junio de 2017 07:52 am

Por: GDA / El Universal

La ansiedad es, en términos sencillos y abreviados, un conjunto de emociones, síntomas, pensamientos abrumadores y conductas evitativas. Y, como todos lo sabemos, se presenta en nuestras vidas de tanto en tanto.

En algunas personas se presenta con mayor frecuencia que en otras. Algunos la experimentan con mayor intensidad que otros. A veces, la ansiedad desaparece con facilidad, pero en otras, la sensación de desagrado permanece largo tiempo con nosotros.

La ansiedad puede surgir a partir de experiencias difíciles vividas anteriormente. Pero también puede haber una predisposición a ésta. Algunas personas tienden a ser más ansiosas que otras.

La ansiedad aparece cuando vemos la situación a enfrentar como demasiado peligrosa o abrumadora. Y sentimos que no podemos hacer frente a la situación. Entonces imaginamos que ocurren cosas terribles y atemorizantes y que no podremos con ellas. Por ejemplo, “Mejor no me le acerco. Pensará que soy un rogón” o “Me quedaré sin un centavo y seré pobre el resto de mi vida”. Así, nos perdemos en pensamientos referentes a lo que podría suceder. Y las historias que nos contamos bien podrían formar parte de una película de terror.

El resultado: evitamos lugares que en realidad no son peligrosos, personas que se sienten bien con nosotros y situaciones que bien podríamos afrontar.

La ansiedad: tan normal como la risa

Hay que tomar en cuenta que la ansiedad, al igual que las emociones, ocurre normalmente en nuestras vidas.

Resistirse a ella, negarse a su presencia intermitente es anular una parte importante de nuestro sentir, de nuestra experiencia como seres humanos.  Entre más pronto aceptamos lo que sentimos, más pronto se diluyen las emociones difíciles.

Admitir al huésped indeseado

Al ver a la ansiedad como algo normal, la acogemos, le damos la bienvenida como lo haríamos con un invitado inesperado en nuestra casa. En definitiva, no lo queremos allí, pero si somos los anfitriones, podemos admitirlo, dejarlo que esté un rato, conocerlo.

Seguramente, igual que otros invitados, cuando esté satisfecho por haber sido bienvenido, decidirá marcharse.  Se trata de no echarle leña al fuego, sino al contrario, valorar nuestra capacidad y experimentar en su justa medida lo que sentimos.

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TAGS: Ansiedad Salud

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