Capitolio

Desde un principio, la traducción del término "oversight" ha sido objeto de debate a la hora de describir las funciones de la Junta Fiscal. / Archivo

La traducción como herramienta política

El profesor Alejandro Álvarez Nieves explica cuán cuidadosas deben ser las traducciones en tiempos de la Junta

20 de enero de 2017 08:47 am

Por: Zorian Chacón O'Farrill | [email protected]

En los últimos años ha ido creciendo el debate en torno a la explicación histórica de la relación política entre Puerto Rico y Estados Unidos. Con la implementación de Ley PROMESA se rompió el acuerdo que, según algunos, estableció el Estado Libre Asociado en 1952. Para otros, la historia del país ha girado por 64 años alrededor de una mala traducción. Según se ha discutido públicamente, el término “Estado Libre Asociado” no fue precisamente el indicado para el “Commonwealth”.

“Lo que hace muy bien el gobierno muñocista de la época es emplear recursos de traducción para lograr su objetivo: aplacar al sector soberanista del partido y convencer al Congreso que la autonomía nueva no supondría la rebelión”, explica Alejandro Álvarez Nieves, profesor del Programa Graduado de Traducción de la Universidad de Puerto Rico.

Según expuso Álvarez Nieves, en aquel entonces la Resolución 22 de la Asamblea Constituyente explicó el Commonwealth como una “comunidad políticamente organizada, en sentido genérico, un estado, en el cual el poder público reside plenamente en el pueblo, y así un estado libre, pero vinculado a un sistema político más amplio, una asociación federativa o en otra forma que la federal, y por lo tanto no vive independiente y separadamente”.

La definición generó varias observaciones. En principio, en el caso de Puerto Rico, la palabra tenía una aplicación nueva y no el “uso contemporáneo” que la asamblea le adjudicaba.

“Tanto así, que si uno busca el término commonwealth en los diccionarios inglés-inglés principales, Oxford, Merriam-Webster, Collins, notará que hay una acepción separada para Puerto Rico, lo que quiere decir que este significado de la palabra era nuevo” añade el profesor.

En aquella época, otros gobiernos como el de Irlanda y Canadá pertenecían al British Commonwealth y se consideraban autonomías parecidas a las que se produjeron al independizarse las colonias americanas. Sin embargo, tenían más poder sobre sus gobiernos del que le había sido concedido a Puerto Rico.

La única definición que la Resolución 22 brindó fue la de Estado Libre Asociado. El término sonó atractivo tanto para los que favorecían la estadidad como para los que apoyaban la independencia.

“No tan solo retomaba el nombre propuesto en 1922, sino que también apelaba al Irish Free State, el gobierno autonómico que se convirtió luego en la República de Irlanda. Ahora ya se conoce el término en español mancomunidad. Por lo tanto, esa disparidad en la traducción responde a intereses políticos particulares: la traducción como herramienta política.”, sentencia Álvarez Nieves.

P: En esa misma dirección, en tiempos en los que hay una Junta que produce informes en inglés cada cierto tiempo, ¿qué consideraciones se deben tomar para que esas traducciones no se presten a interpretaciones equivocadas?

R: En tiempos de la Junta, ya se ve esto en la controversia de la traducción de oversight como supervisión y no como control. El efecto es intentar dar la impresión de que el poder de la Ley PROMESA es menor y darle un matiz benévolo. Hay que estar pendiente a dos cosas: a que se traduzca al español toda comunicación pública entre la Junta y el gobierno, que se hagan públicas las traducciones en lenguaje sencillo y que no se preste a ambigüedades que puedan privilegiar a intereses políticos.

Ampliar

José B. Carrión, presidente de la Junta de Control Fiscal.

Archivo

P: ¿Por qué dominar el inglés no es suficiente para realizar trabajos de traducción?

R: La destreza de traducir es distinta a la de hablar otra lengua. Cuando uno traduce se activan neuronas, se usan partes del cerebro distintas a las que se activan cuando hablamos una lengua. Esto supone que las traducciones, además de tener una redacción deficiente, se presten a recoger un sentido que no es el que tiene el mensaje original.

P: En situaciones donde se utilizan palabras que no tienen una traducción literal al español, ¿qué proceso se sigue para ser justos con la traducción?

R: Una opción es adoptar el término en inglés como préstamo. Esto ocurre cuando en realidad no hay una solución en español para traducir el término. Se puede ofrecer una solución en español en lo que la palabra se comienza a usar en nuestra lengua. Tomemos el caso de las selfis. En español, quedó el préstamo adaptado a como suena en español. Pero por un tiempo se propuso “autofoto”. Eso no caló. También está el caso de stay, que es una moratoria. Aquí se debe usar el término en español porque ya existe.

P: La figura del traductor se vislumbra como una de las profesiones que más salida laboral tendrá durante los próximos años en Puerto Rico. ¿A qué podría deberse lo anterior? ¿Serán menos las personas que dominen los dos idiomas? ¿O serán menos los puertorriqueños que hablen español en los próximos 20 años?

R: La razón principal es porque ya estamos en un mundo globalizado, muchos productos se venden y consumen por todo el planeta, en países con idiomas distintos. Esa adaptación de productos y documentos a otras lenguas las hacen los traductores. Creo que el número de puertorriqueños que domina el inglés aumentará, no tan solo porque la relación colonial de la isla ya dispone la enseñanza del inglés desde hace más de un siglo, sino también por el Internet. Es la lengua universal de los medios audiovisuales. Por lo tanto, habrá más hablantes de la lengua inglesa por la globalización.

Presiona aquí para visitar nuestra portada.

Cargando...

Continuar

Publicidad

x