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Por qué a los millennials les cuesta más independizarse

6 jóvenes boricuas nos cuentan sus historias desde sus habitaciones

10 de agosto de 2016 06:00 pm

Por: Lousif A. Nevárez De Gracia | [email protected]

Se han hecho adultos en el nuevo milenio, pero han permanecido bajo el techo de sus padres o de sus abuelos. Y es que la independencia al cumplir la mayoría de edad o al culminar la carrera universitaria dejó de ser para los millennials el paso lógico que era para los de generaciones anteriores.

Cada vez son más los jóvenes que le huyen como el diablo a la cruz a un alquiler o a una hipoteca que les ate en tiempos de incertidumbre económica. Muchos están muy bien acostumbrados a la comodidad del nido conocido. A otros les basta con un sencillo ejercicio matemático para darse cuenta de que sus ingresos no son suficientes para costearse una vida fuera de la casa de mami, de papi, o de los abuelos

Para dejarnos conocer sus razones, seis millennials boricuas nos han abierto las puertas de sus habitaciones y nos cuentan qué los detiene en el camino a vivir por su cuenta.

Jonathan Ortiz, 24 años -  Caguas

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Por un año vivió en Santurce cerca de su lugar de trabajo. Pagaba $800 en alquiler, sin incluir los servicios de agua, energía eléctrica e internet. A esos gastos, había que sumarle la compra de comida y el pago de $400 al mes de su préstamo universitario.

Ante lo apretado de la situación, consideró regresar a la casa de sus padres en Caguas, que en un buen día sin mucho tráfico queda a una distancia que se puede recorrer en unos 20 minutos hasta su trabajo. 

Ahora, vive con ellos y contribuye en los gastos del hogar, donde dice que la convivencia es cómoda. Sus padres, cuenta, se preocupan por su bienestar, pero a la vez lo tratan como independiente.

Ortiz tiene estudios en Psicología, Derecho y Diseño Gráfico, que es a lo que se dedica. Pensaba mudarse a los Estados Unidos cuando le surgió la oportunidad de trabajar como diseñador en una compañía. Allí se ha mantenido por los pasados nueve meses.

Gabriel Morales, 23 años - Carolina

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Con planes de hacer una maestría en Lingüística en Chile, este graduado de Pedagogía de la Universidad de Puerto Rico ha optado por ahorrar la mayor parte los ingresos que obtiene trabajando como maestro de español.

Por ahora, no ha pensado en independizarse, ya que le va muy bien viviendo con su mamá, para quien es su hijo único.

Según contó, no tiene problemas con ella ni siente presión para buscarse su propio lugar.

“Siempre me he sentido cómodo para estar aquí”, expresó el joven.

Milva E. Morales Figueroa, 27 años - Vega Alta

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Milva ha considerado independizarse muchas veces, pero no lo ha hecho porque “desgraciadamente, el Departamento de Educación no me ha dado la permanencia” como maestra de Educación Elemental.

“A veces tengo trabajo y a veces no”, expresó la joven, quien solo trabaja cuando la llaman del Departamento de Educación o de algún colegio.

Ahora mismo está desempleada y se mantiene a la espera de ofertas de empleo.

Por eso, vive con sus abuelos, que no han tenido problemas con tenerla junto a ellos ni le han expresado incomodidad por la compañía que les brinda. Por el contrario, describe la convivencia como amena y ella los ayuda económicamente mientras tiene trabajo.

Aunque nunca la han presionado para irse, ella está buscando vivienda para comprar cuando se case, que espera sea pronto.

Joniel Quintero Crespo, 25 años – Vega Alta

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Este estudiante de Tecnología de Redes ha considerado independizarse.

Ha optado, sin embargo, por no dejar sola a su mamá. Esta, cuenta, disfruta de su compañía y la convivencia en el hogar es muy buena.

José L. Mercado Santiago, 26- Vega Alta

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Entre pagar un alquiler y pagar sus estudios, este terapista de masaje ha elegido lo segundo.

Sus padres no ven mal que él aún viva con ellos, pues realmente lo han apoyado en todo para que pueda tener un buen futuro y consideran que mudarse significaría más presión para él en estos momentos en que la economía está tan mal.

Como en cualquier hogar, dice, a veces surgen diferencias y escucha de la boca de sus progenitores el típico “si no te gusta, ahí está la puerta”. Pero para él, la convivencia es buena y no siente presión para irse.

Zaymara López Laza, 25 años - Vega Alta

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Contar solo con un trabajo “part-time” representa para esta estudiante graduada de Repostería un impedimento para poder alzarse con la independencia económica que ha contemplado muchas veces.

“Es lo único que se encuentra hoy día”, señala sobre su empleo. Por ahora, el plan es estudiar para ejercer una ocupación que tenga más demanda y luego abrirse camino fuera del techo de sus padres.

Comoquiera, Zaymara es una ayuda importante en el hogar al hacerse cargo de su hermano y de su mamá, quien padece de algunas condiciones de salud que ya no le permiten desenvolverse como antes.

En su casa, la convivencia se le parece a la que habría en cualquier otra casa familiar.

“Desde niña me enseñaron a respetar y, claro está, es su casa (la de sus padres) y sus reglas, siempre considerando que ya uno no es un niño”, expuso la joven.

“Sabemos que es un proceso normal en la vida del ser humano el independizarse, pero al tener conocimiento de mi situación actual, pues no tienen prisa con que me vaya. Por el contrario, si toco el tema en forma de chiste, al menos con mi papá, que es más común, hasta me regaña y me dice que él ‘NO’ me está botando y que me quede el tiempo que desee”, finalizó.

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