Brian Afanador

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Los sacrificios y la pasión de Brian Afanador

El tenismesista representará a la Isla en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016

26 de julio de 2016 07:48 am

Por: Olga Román | [email protected]

“Tú das la vida por este deporte y más aún, por la patria”.

De esta forma, el tenismesista Brian Afanador, de 19 años de edad, describe la pasión y el sacrificio que implican la práctica del deporte con el que representará a la Isla en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, que inauguran el próximo 5 de agosto.

Durante el pasado mes de abril, Afanador y su prima, Adriana Díaz, hicieron historia al convertirse en los primeros tenismesistas olímpicos de Puerto Rico luego de lograr sus respectivos boletos en el Torneo Clasificatorio Olímpico de Latinoamérica, celebrado en Santiago de Chile.

Para alcanzar un nivel competitivo como el suyo, el joven ha realizado muchos sacrificios, como, por ejemplo, vivir solo desde los 14 años de edad en Suecia, como miembro del Club Falkenberg, bajo el entrenamiento del sueco Peter Karlsson.

“Es tan sacrificado, que tú das la vida por este deporte. Yo no sé qué es un ‘jangueo’. Yo estoy todo el tiempo en un sitio de entrenamiento”, narró el olímpico.

“Yo entiendo que todos los sacrificios que he hecho, a ninguno le daría hacia atrás. Yo no resiento eso. Al contrario, es lo que me gusta”, expresó el utuadeño, que, además, fue abanderado de la delegación en las Olimpiadas Juveniles de 2014 en Nanjing, China.

“El tenis de mesa ha sido mi vida entera. Con el tenis de mesa, he viajado casi todo el mundo; he aprendido sobre otras culturas”, destacó el joven, que comenzó a practicar el deporte a los seis años de edad.

Afanador forma parte de una familia con amplia tradición en el tenis de mesa.

“Mi papá, Eladio Afanador y mi tío, Bladimir Díaz (ambos entrenadores del Club de Tenis de Mesa Águilas de la Montaña, de Utuado) y toda la familia, jugaron tenis de mesa antes”, destacó el miembro de la Federación Puertorriqueña de Tenis de Mesa de Puerto Rico (FPRTM).

El atleta es muy profesional, serio, maduro y de pocas palabras, pero, las que dice, son contundentes y precisas.

Tal vez, el hecho de vivir solo a tan corta edad, aceleró dicho proceso de madurez.

“Yo vivo en Suecia con mis compañeros de equipo nacional, Daniel González y Yomar González. Está el entrenador en la sala de entrenamiento, así que, nosotros nos cuidamos nosotros mismos. Nos hacemos las comidas nosotros. Tenemos una vida bastante independiente”, narró el deportista, quien participó de un campamento en Dinamarca con las “potencias mundiales del tenis de mesa” como preparación para los juegos olímpicos.

“Tenemos una dieta que nos proveen en Suecia. Cuando no queremos comer lo que hay, cocinamos nuestro arroz con salchichas y le metemos condimentos puertorriqueños que tanto extrañamos siempre”, sostuvo.

“Mi papá, que es mi entrenador y los entrenadores del Equipo Nacional, velan por todos nosotros desde la distancia”, expuso, al tiempo que reconoció que sus familias también  “los ayudan en todo”.

Su madre le imparte clases “en módulo” (homeshooling), vía FaceTime.

“Yo empecé los módulos porque no tenía tiempo suficiente como para estar en una corriente normal”, describió. 

Afanador, como buen boricua, extraña su terruño. “Extraño a Puerto Rico, y todo lo que hago, lo hago porque siempre llevo mi bandera en alto”, destacó el joven, que también echa de menos a toda su familia.

Su rutina diaria gira en torno a la disciplina deportiva, que le exige más de ocho horas diarias de entrenamiento de mesa y otros aspectos técnicos.

Además, recibe un entrenamiento estratégico (en el que estudia a sus potenciales contrincantes), uno físico y otro psicológico. Este último, tiene crucial importancia de cara a las justas olímpicas, pues lo está preparando mentalmente tanto para la victoria como para la derrota.

Sobre ambos escenarios comentó que ha “hecho todo lo posible para lograr esa medalla para Puerto Rico. Si viene, bien, si no, pues fue una experiencia única. Estoy dando lo mejor de mí. Así que, no tengo ninguna preocupación”.

Participar de las Olimpiadas, para Afanador, es “un orgullo único” y “una gran hazaña” y se siente especialmente feliz de debutar en las mismas junto con su prima. “Toda la vida hemos estado juntos. El nosotros clasificar juntos para estas Olimpiadas, es un orgullo para el País, la Federación (FPTM) y la familia”, expuso.

“Ver como dos niños que jugábamos en la marquesina de nuestra abuela, llegaron a ser tan grandes en un deporte... Gracias a nuestra familia, es que estamos donde estamos, por eso, me siento muy orgulloso”, concluyó.

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