Lactancia

Shutterstock

Lactar no es fácil, pero se puede

Karla Aimar cuenta su experiencia con la lactancia

23 de noviembre de 2014 07:00 pm

Por: Karla Aimar | [email protected]

Desde que me enteré que estaba embarazada supe que quería lactar a mi bebé. Cada vez que me preguntaban si lo iba a hacer (sí, porque por alguna razón, esa pregunta es un must), respondía: “Mientras mi cuerpo me lo permita, seguro que sí”.

Siempre lo vi muy sencillo. Soy primeriza en todo, así que me imaginaba que era tan fácil como sacarme la teta cada vez que la bebé tuviera hambre y ya. ¡Un quita’o!

Wow. ¡Qué sorpresa me llevé! Aunque ya estaba prevenida, pues una compañera de trabajo siempre me dijo que me preparara mentalmente para la lactancia. “No es fácil pero se puede”.

MÁS SOBRE KARLA AIMAR: Cuando Carola conoció a mi bebé

Yo cogí clases, leí mucho y consulté con varias amistades siempre que me surgía alguna duda.  Incluso en el hospital las enfermeras se encargaron de explicarme bien cómo era que debía realizar todo. “Recuerda que la lactar no duele. Si te duele es porque estás haciendo algo mal”. Ok.

“Estoy haciendo algo mal, estoy haciendo algo mal”. Eso fue todo lo que pasó por mi mente durante las primeras dos semanas lactando a mi bebé. Sentía un dolor tan fuerte que cada vez que me pegaba a la nena gritaba y lloraba más de lo que lloré los primeros días de la cesárea.

Entonces, recordé las palabras de mi compañera de trabajo. Ahí fue que internalicé que definitivamente lactar no es fácil. “Pero se puede. Lo voy a hacer”. Me lo propuse y llevo ya 8 meses dándole lo mejor de mí a mi hija (¡y sin dolor!).

MÁS SOBRE KARLA AIMAR: Mi cuerpo como nevera.

¿Cómo lo he hecho? Yo lo veo como una meta más que tengo que cumplir, por mí y por ella, por su salud. No sabía cómo lo iba a hacer cuando regresara al trabajo pero para no estresarme decidí llevarlo todo un día a la vez.

Recuerdo que el primer día dejé a la nena cuidando en casa con un banco de leche de 50 onzas. Tengo break de extracción, así que regresaba a casa con 14 onzas. ¡Los primeros meses fue un éxito!

Sí, pero nadie me avisó sobre las etapas de crecimiento de los bebés. De momento mi hija solo quería estar pegada a mí. A veces, para que no se quedara con hambre, tenía que recurrir al banco y poco a poco fue disminuyendo la cantidad de leche que tenía almacenada hasta que se quedó en cero.

Algo dentro de mí me decía que no podía echarle toda la culpa a esa etapa por la que estaba atravesando la nena. Yo también pasé por mi propia etapa: la de negación. Hace apenas dos semanas acepté que también me había bajado significativamente la producción de leche.  ¡Me identifiqué con tantas mamás! Me sentí triste, asustada, incapaz, frustrada y molesta conmigo.                                         

Analizando bien lo que había hecho para que esto sucediera, los pasados dos meses estuve yendo al cuarto de extracción dos veces durante quince minutos. En vez de aprovechar la hora que tengo para extraerme leche, estaba utilizando la mitad y muchas veces me llevaba la computadora para seguir trabajando.  Había transformado un tiempo de tranquilidad y concentración en uno de estrés.

Y eso, queridas mamitas, es el peor enemigo de la lactancia exitosa.

Entonces, aquí estoy, contándoles mi travesía y no culmino sin decirles que sí se puede. Ahora, no solo estoy yendo al cuarto de lactancia en los dos breaks de media hora que me corresponden, también aprovecho la mitad de mi hora de almuerzo y me extraigo leche. Ya no voy con la computadora sino un libro que es excelente y de seis onzas que me estaba llevando a casa, ahora salgo con once.

A lo que quiero llegar, mamás, es que lactar es una decisión que le corresponde a ustedes como madres y a sus parejas. Y si dentro de sus corazones desean hacerlo, lo pueden lograr no importa qué. Oriéntense, lean mucho y no se queden con ninguna duda. Recuerden que lactar no es fácil, pero se puede.

Presiona aquí para visitar nuestra portada.

Cargando...

Continuar

Publicidad

x