Bebé

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La fina línea entre ser solidaria y ser metiche

Karla Aimar cuetan su experiencia durante una reciente visita al pediatra

14 de septiembre de 2014 07:00 pm

Por: Karla Aimar | [email protected]

El lunes pasado estuve en la oficina de la pediatra con la bebé y llegué supertemprano por aquello de no perder el día allí. Cuando entré, éramos poquitas mamás y, en cuestión de minutos, ya no cabía ni un alma.

Resulta que en la sala de espera había una mami con un niño bastante inquieto. A mí no me molestó, porque si no es de niños, ¿de qué se supone que estén llenas las oficinas de pediatras? ¿De tulipanes?

Al parecer, las dos mamás que estaban a mi lado no tenían la misma paciencia que yo. Sí, el niño gritó, tiró sus juguetes al piso, casi nunca permaneció en su asiento y cada vez que su mamá le decía algo, él le contestaba: "¡nooo!", mientras zapateaba de coraje.

En cuestión de segundos, explotó la mamá que estaba sentada a mi izquierda: "Wow, ¿ya tiene los dos añitos, verdad?".

La mamá del chico, tímida, le dijo: "En una semana los cumple".

Entonces, la que estaba sentada a mi derecha dijo: "¡Ahí está! ¡Los terribles dos! ¡Por eso está así! Aunque déjame decirte una cosa, todos los años son terribles”. 

Luego, el chico le tiró un juguete a la mamá.

Volvió la de la derecha: "¡Ah, no! A la mía yo le quité eso con un cantazo en la mano. Le dije: "¡No, mamita, no, conmigo sí que no!".

La mamá del niño no sabía dónde meterse.

En un momento pensé que si veía a mi hija haciendo trompetillas, me iba a decir que ella le quitó eso a la suya con un tapaboca. 

Surgieron otras preguntas como: "¿Él siempre se porta así?" y "¿Es así solo contigo?

Lo cierto es que si yo hubiese estado en la posición de la mamá del chico inquieto, no contestaba ninguna de las preguntas y les daba mi mirada mortal.

¿Por qué? Porque en momentos así, o te vistes de paciencia, o ayudas. Pero ¿qué sacas con hacerle ese tipo de comentarios a una mamá que está cansada y tiene deseos de arrancarse todos los pelos de la cabeza? Probablemente, viene aguantando el comportamiento de su niño desde que salió de su casa. El niño tampoco tiene culpa. Está enfermo y, por lo tanto, irritado.

Ayuda a la mamá a buscarle la vuelta al niño o levántate tú y da una vuelta. Antes de dar una opinión que no te han pedido, piensa cómo te sentirías tú en la otra posición. Si tienes la intención genuina de mostrarte solidaria con la mamá, piensa primero lo que le vas a decir y analiza si te gustaría que te dijeran lo mismo sobre el comportamiento de tu hijo. 

A mí no me gusta que me digan qué hacer con mi hija, así que hice lo mismo. Me ocupé de que mi bebé estuviera bien y en cuestión de una hora, la mamá del niño salió de la oficina con un mejor semblante, con ganas de conquistar el mundo y comerse una pizza de queso (ella no me lo dijo, pero yo lo deduje). ¿Y sabes qué? Nadie se murió por haber aguantado unos cuantos gritos. Recuerda que algún día te puede tocar a ti. J 

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About me: Mi nombre es Karla Aimar, tengo 27 años, soy hatillana y madre primeriza. Lee mi columna Habemus Baby! todos los domingos en indicepr.com y sígueme en Twitter @Karlaimar. J

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