Dos matrimonios arreglados y la búsqueda de un amor real

Jacqueline Jiang

Enamora(miento): Jacqueline Jiang

21 de agosto de 2016 10:00 am

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“De niña, me inventaba historias de cómo mis abuelos y mis padres se habían enamorado, pero la realidad es que sus matrimonios fueron arreglados. Ahora, me doy cuenta de lo afortunada que soy”

Matrimonio arreglado

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Me di cuenta de lo afortunada que soy en el amor un día en el Viejo San Juan. Estuve tomando un café con mi amigo de los Estados Unidos y mientras hablábamos del amor y "el juego," me comentó que nunca se le había hecho tan difícil conseguir novia donde vivía en Seattle. Me empezó a contar sobre sus dilemas con las mujeres y cuán difícil era para él mantenerlas interesadas.

Nacida y criada en Puerto Rico, nunca me había puesto a pensar en cómo somos los boricuas; ardientes, apasionados, románticos, pero a veces demasiado fugaces. "We love too much and too many," le expliqué, pero sin querer creerlo, porque yo, tanto como él, todavía estaba buscando a esa persona inexplicablemente especial...

Mis abuelos tuvieron un matrimonio arreglado. Durante toda mi niñez, creaba cuentos de cómo se habían conocido, ella siendo la más bella de Chinatown en Nueva York y él el chico más "cool" y deseado en toda la calle Mott. Obviamente, la realidad no fue así. Mi abuela venía de una familia rica de Canton, China y mi abuelo, también de la misma provincia, pero de una familia menos afortunada.

Mi bisabuelo tenía muchos negocios en China y estaba a punto de expandir hacia Nueva York cuando mi abuelo se paró firmemente al frente del rico empresario y le habló sobre su deseo de casarse con mi abuela, una entre 17 hermanos. Los dos llegaron a Nueva York y en el estilo típico de China antes de la ley de un solo hijo, mi abuela empezó a dar a luz a mis tíos. Cuando pequeña, le preguntaba si amaba a mi abuelo y siempre se sonreía y me decía que si, pero se conocieron después de casarse y obviamente malas mañas fueron saliendo a relucir.

Mis papás también tenían un matrimonio arreglado. Se conocieron solo tres meses antes de casarse. Mi papá venía de Shanghái y mi mamá, ya china americana, de Nueva York.

Apenas podían comunicarse, él solamente educado en mandarín y ella en inglés. Igual que con mis abuelos, yo cuando niña, decía que mis papás usaron el gran idioma del amor ("the language of love") que nos motiva a todos; pero ellos peleaban diariamente, él iba mucho al casino, ella trabajaba y me mantenía mientras él solía estar fuera de la casa. Un día, se marchó y aunque mi madre decía que regresaría, yo sabía que no lo iba a volver a ver.

Pasaba mucho tiempo mirando fotos de nosotros tres y creando más cuentos en mi cabeza, especialmente de por qué mi papá se había marchado. En tres meses, dos seres se casaron sin conocerse, sin comunicarse y sin tener idea una concreta de lo que era el amor, pero sí el interés. Fue muy distinto a lo que había visto de mis abuelos, pero las dos relaciones tenían algo en común: el arreglo.

Mientras me sentaba frente a mi amigo, intentando tan fuertemente de explicar el porqué del amor y sexo en la Isla, me di cuenta que tengo el lujo de casarme con quien yo quiera, ya cuando me toque el momento. Tendría el privilegio que no lograron tener mi abuela, ni mi madre, viniendo de la cultura China, todavía viviendo bajo fuertes límites.

Nosotros pensamos en el amor como una entidad natural, pero jamás pensamos en la suerte de enamorarnos de quién querramos. En un mundo donde existen injusticias como las guerras, la política, fallas en sistemas educativos y mil otras, podemos explorar el sentimiento que podemos describir como el placer y el amor.

Mi amigo sigue en la búsqueda de esa persona con quien compartir tiempo y yo sigo en la búsqueda de poder explicar lo que es amar.

Como dice mi escritor favorito, Charles Bukowski, “Encuentra lo que amas y deja que te mate.” Qué exquisito tener la oportunidad de enamorarse y entregarse completamente. Felizmente, lo hago. 

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