"Rubén Blades visitó mi calle"

Gabi Morales

Dizque nos entienden: Gabi Morales

10 de agosto de 2016 11:48 am

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El señor Blades no se equivocó, necesitamos “mucho control y mucho amor para afrontar a la desgracia”

Sombras de dos hombres

Shutterstock

Eran las 12:30 a.m. Estaba próximo a llegar al hogar de mis viejos. Llevaba residiendo con ellos más de 23 años en la calle 7.

Al estacionarme en el spot de siempre, decidí darle una vuelta más al coro de la canción que venía escuchando “a to’ fuete”, “Amor y Control” de Rubén Blades. La tenía “quemá”. Quería cerrar la noche “en alta” y lo más “pompiao” posible.

Antes de apagar el carro, decido extender la típica mirada preventiva inspirada en la “perse” hacia todos lados. De repente, me percato que frente a la casa de uno de mis vecinos de al lado había un hombre de pie con una camiseta blanca y mahones, con los brazos cruzados hacia atrás y su mirada anclada al suelo. Me “frikió” su presencia debido al “elemento sorpresa”, pero como no se movía, ni me miraba, pensé que era uno de mis vecinos.

De forma orgánica comenzaron a desfilar las preguntas: ¿Qué él hace ahí?, ¿Por qué esta mirando al suelo?, ¿Porqué está dándole la espalda al portón principal de la casa?, ¿Por qué está todo apagado y no logro verlo bien? Antes de que se asomara la sexta pregunta, el hombre decidió levantar su mirada. En esta ocasión hacia mi vehículo. Me observó y entonces fui yo el que bajó la vista. De inmediato pensé: “Pero, ¿bajarla para qué?, si ya ambos nos vimos”.

Cuando volví a mirarlo, bajó la vista y en ese instante me percaté que el misterioso hombre tenía frente a sus pies un objeto cuadrado y de color negro. Mi mente no titubeó “este tipo está robando”. No había duda de eso. En esa enigmática dinámica estuvimos hasta que el hombre realizó una movida repentina. Se agachó, agarró el objeto obscuro del suelo y arrancó con su “perse” a toda prisa por la calle 7 como si fuese parte de una rutina ensayada.

Me encantaba vivir en la calle 7, pero en ella, también residían algunas memorias agridulces. En la calle 7, cohabitaban los “bambinazos” míos con mis hermanos, las discusiones acaloradas de otras familias, habían asaltado a varios vecinos (incluyendo a mi padre) y justo en la calle 7 experimenté uno de los corajes más monstruosos que había vivido porque a un “vecino” le dio con intimidar a los demás adolescentes con su “four track”, hasta que perdió el control y atropelló al menor de casa. Definitivamente, en la calle 7 necesitábamos una buena dosis de “amor y control”.

Decidí apagar la música. Observé al hombre huir de la calle 7 y reflexioné “¿Te vas a hacer de la vista larga?”. Mi corazón latía ligeramente, puse el vehículo en drive y fui tras el  hombre nebuloso.

Al doblar al final de la calle 7, me percato que el hombre estaba entrando al parque pasivo de la comunidad. Llegué a toda prisa a la entrada del parque. Recuerdo haber dejado el carro prendido y le grité al hombre “párate ahí”. Se detuvo. Puso las cosas en el suelo y me esperó. En el parque no había luz, así que recurrí a las luces de mi vehículo para apreciar un poco el camino. Al estar como a 30 pies me dijo en voz alta “¿Qué pasó, Gabi”.

Eso me asustó bastante, pero seguí acercándome a él. Cuando por fin logro aproximarme, me percato que era un muchacho que residía cerca de la calle 7. No sabía su nombre, pero conocía su rostro.

Le dije “brother, no vine a juzgar lo que hiciste. Solo quería decirte que hay otras formas. Aquí todos somos familia. Piénsalo bien. Puedes darme eso de vuelta y le diré a esa familia que decidiste devolverlo”.

El muchacho hizo silencio. Lo pensó. Suspiró. Se agachó y me devolvió el objeto cuadrado que resultó ser un componente con dos pequeñas bocinas. Le dije “gracias” y el me respondió “está bien”. Un abrazo selló aquel encuentro.

Al día siguiente, el componente negro fue devuelto a sus dueños. Siempre me ha llamado la atención ver cómo ciertas canciones rescatan las experiencias, las ideas y hasta algún sentimiento buscado o extrañado. La canción que tenía extremadamente quemada me sirvió de preámbulo a lo ocurrido aquella madrugada.

Tal y como escribió Rubén: “a pesar de los problemas, familia es familia y cariño es cariño”. Donde abunda la incertidumbre, la violencia y la desesperanza debe sobreabundar nuestro civismo. A mayor o menor escala; nos urge manifestarlo.

En las calles de Puerto Rico, entre el pasado 5 agosto de 2016 y el 8 agosto de 2016 se registraron 16 asesinatos. En 96 horas,16 seres humanos perdieron la vida. El señor Blades no se equivocó, necesitamos “mucho control y mucho amor para afrontar a la desgracia”.

Para cada una de nuestras calles deseo y aspiro no solo la paz, sino la posibilidad de que ocurra el mismo milagro “de la calle 7”. No me desanimo; la calle 7 me acuerda que lo inexplicable está al alcance de todos.

*Gabi Morales es sociólogo y ha dedicado más de la mitad de su vida a ofrecer servicios de liderazgo y transformación social a comunidades, residenciales, jóvenes de alto riesgo y adictos. Actualmente, es director de la Fundación Luis Miranda Casañas.

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