Ser madre no me quita ser humana

Karla Aimar

Habemus Baby: Karla Aimar

07 de febrero de 2016 07:34 pm

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Hay días en los que la frustración se acumula y necesitamos desahogarnos

Embarazo, amigas, amistad

Shutterstock

¡Saludos a todas! Como saben, soy mamá de una niña y me convertiré en madre por segunda ocasión pronto. Sin duda, el amor que siento hacia mi hija es lo más grande que he podido experimentar y muero por saber qué se siente amar con esa intensidad por partida doble.

Sin embargo, el sello de mamá no me ha quitado el de mujer ni el de esposa ni el de amiga. Les confieso que hay momentos en los que miro a mi alrededor, veo el piso lleno de juguetes, el fregadero lleno de platos sucios y el canasto lleno de ropa, y me dan ganas de echarlo todo al zafacón y luego decir "¿Qué? ¿Algún problema?" 

Entonces respiro, me siento un rato y me consuelo sola con el pensamiento de que la mayoría de las casas donde hay niños y padres que trabajan full time también se ven así.

Me angustio porque me da la gana. Mi esposo siempre está con el "déjalo así, que la nena no ha terminado de jugar", "estás exagerando" y "tranquila, yo lo organizo por la noche", pero no. ¡Yo no puedo esperar hasta por la noche!

Y es ahí cuando, igualito que en las novelas y los memes de Facebook, me paro frente al fregadero y con una mano puesta de manera trágica sobre la frente, anhelo tener cerca a mis dos mejores amigas para desahogarme y tomarme una copa de vino.

Suceden tres cosas:

#1 Mis mejores amigas no tienen hijos. 
#2 Una vive en Adjuntas y la otra en New Jersey. Yo vivo en Hatillo.
#3 Estoy embarazada, no puedo tomarme la copa de vino.

De manera igualmente trágica me tiro en el sofá de la sala, el único que se me hace cómodo a mis 34 semanas de embarazo incluso para dormir y les escribo por Whatsapp esperando un mensaje milagroso como el que recibí hace unos días.

"Guare, ¿qué haces?"
"Aquí, trabajando..."
"Mira, el jueves bajo. ¡Te voy a visitar!"
"Yessss!!!!!"

Luego de meses de espera, mi mejor amiga llegó desde Adjuntas con todo y un dedo roto para verme. Mi esposo se fue y se llevó a la nena "a hacer unas cositas" y así hablé con ella tirada en el mismo sofá por horas, la abracé, la besé, nos reímos y chismeamos porque hello, why not?! Volví a ser Karlita, de 28 años y me olvidé del resto. 

Resulta que dentro de esta tormenta de amor y ternura llamada maternidad, hay momentos en los que como mamás y mujeres trabajadoras (y para sumar, amas de casa) nos cansamos, nos dan ganas de llorar y nos sentimos desenfocadas. 

Es saludable tener un hombro donde llorar, alguien que te escuche aunque no tenga hijos y no entienda del todo por lo que estás pasando. ¡Es más! Se siente sumamente refrescante contar con alguien que venga a hablarte de otras cosas que no tienen que ver con el montón de pañales sucios que has cambiando durante el día.

Creo que no es necesario pedir que "no me malinterpreten". Si eres mamá, esposa, trabajas y también limpias la casa, debes estar relacionada con esto.

Tampoco necesito volver a aclarar que el amor de madre es lo más hermoso e insuperable del universo.  

Lo que les quiero decir es solo una cosa:

Mamás, no se embotellen las emociones. Busquen alguien con quién hablar, saquen una libreta y escriban sus frustraciones al igual que sus metas y deseos. El estrés no aporta nada bueno y menos si lactan a sus bebés. ¡Hey! Y la ayuda profesional es buenísima si no encuentran con quién desahogarse.

¡Lindo domingo!

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