La solidaridad no es exclusiva de París

José Maldonado

Bajo el lente legal: José Maldonado

18 de noviembre de 2015 09:18 am

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Otros países sufren ataques a diario sin que nadie levante la voz

El mensaje de “fraternidad” se ilumina detrás de un fanático del futbol que acudió al partido amistoso celebrado ayer en  Londres.

Alastair Grant / AP

Con los actos terroristas en París del pasado viernes muchos se cuestionan la flexibilidad de los derechos de los ciudadanos y los inmigrantes. Esto no es solo a nivel de la nación, sino a nivel mundial.

El efecto inmediato que tuvieron los ataques fue el usual. Hubo una avalancha de mensajes demostrando la solidaridad con Francia, actitudes agresivas contra la religión islámica y paranoia. Todas estas muy fundadas en una amenaza real. Pero el problema es que el miedo fomenta la intolerancia.

“Solidarité” (solidaridad en francés) leía el banner de la página web de Amazon.com. Mientras tanto, muy pocos expresan tal sentido de solidaridad por Beirut u otras ciudades que también reciben ataques similares a diario.

¿A caso son estos ciudadanos de segunda clase que merecen estos ataques?

Vivimos en un mundo donde existen derechos internacionales. La Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, forma parte de unos convenios entre naciones reconociendo los derechos que tiene todo ser humano. Esta ha sido ratificada por algunos países islámicos e incluye a la mayoría de los países del occidente.

El artículo III de la DUDH reconoce el derecho a la vida, libertad y seguridad de la persona. Los ataques en París fueron una clara violación a estos derechos. Pero también lo es bombardear cualquier país si se afectan estos derechos. ¿Qué hace la respuesta de Francia al ataque más noble y aceptable que el atentado el pasado viernes?

No intento justificar ninguna de las dos partes. Pero la realidad es que el derecho internacional funciona bajo un sistema de honor, ya que ningún país o entidad puede infringir en la soberanía de otro.

Realmente son leyes sin dientes. Ahora bien, sí es claro que si una parte actúa fuera de sus derechos no puede reclamar que otros actúen correctamente.

Cada persona tendrá su opinión sobre lo ocurrido. Lo que no podemos hacer es comprometer nuestra integridad, echando al lado nuestro sistema de orden. Una vez volvamos a la ley del talión – ojo por ojo, diente por diente – terminaremos todos ciegos.

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