La ciudad de Skoura está fuera de la mayoría de las rutas turísticas establecidas en Marruecos.

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Skoura: territorio sin exploración

A pocas millas de Skoura podemos visitar la Kasbah de Ameridil, patrimonio de la humanidad

19 de junio de 2013 05:00 am

Por: Daniel Cerejido

ECLIPSADA POR Marrakech y Ouarzazate, Skoura es habitualmente ignorada por los viajeros que pasan su tiempo en el sur de Marruecos.

Su apariencia aburrida a simple vista esconde un tesoro que salvó miles de vidas no mucho tiempo atrás de los peregrinos del Sahara: un oasis de 600,000 palmeras y kasbahs (construcciones defensivas de piedra) levantadas a los pies del Atlas en el siglo XII por el señor de la época, el sultán Yaqub Al-Mansur.

Muchos de los kasbah de Skoura están deshabitados o destruidos, pero algunas de estas antiguas construcciones habitadas por la más alta nobleza de la época, han encontrado su reciclaje en hoteles pequeños, pero acogedores.

La vida en la ciudad es pausada, se ven pocos autos y apenas otro tipo de industria que no sea la del mercado callejero y la de la oliva.

Los agricultores palmeros y olivareros se desplazan a cuidar de sus árboles a pie o en bicicleta y, cada vez menos, a lomos de un burro. Los más afortunados pueden pagar un camello, pero se podría equiparar a un Rolls-Royce del mundo occidental.

La gente es acogedora, las mujeres van cubiertas por un velo y los hombres usan túnica mientras disfrutan de uno de los pocos vicios que se pueden permitir: fumar en grupo con sus amigos sus tabacos aromáticos.

A pocas millas de Skoura podemos visitar la Kasbah de Ameridil, patrimonio de la humanidad y ampliada recientemente para acoger prestigiosos huéspedes del rey de Marruecos. Desde ella, se pueden apreciar como manchas en la arena, las cordilleras nevadas del Atlas, elevándose en pleno desierto.

Una rara enfermedad de las palmeras, el mal de Bayoud, está poniendo en peligro la supervivencia del oasis, ya que cientos de estos árboles han tenido que ser talados para evitar que se transmita. Sin embargo, el mayor peligro para el palmeral es la pobreza de los habitantes de la zona, que cortan los árboles para realizar artesanía que venden en los mercadillos que rodean la alminara central.

Skoura está fuera de la mayoría de las rutas turísticas establecidas en Marruecos, pero como en muchos casos en la vida, merece la pena salirse de la línea marcada para descubrir algo que, de seguirla, nunca habrías encontrado.

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