Humanos en Nueva York

Su historia podría ser la de una película. / Shutterstock

Se fugó de la cárcel y cambió de identidad: su esposa se enteró 40 años después

Una historia íncreible que se ha vuelto viral

07 de febrero de 2020 02:00 pm

Por: La Nación/GDA

Tiene todos los condimentos de una película de Hollywood: un chico se mezcla con la gente equivocada y se convierte en criminal. Termina en prisión, pero eventualmente se escapa. Y reconstruye su vida bajo una nueva identidad, hasta que un día, varias décadas después, es alcanzado por los delitos de su pasado.

Sin embargo, no es una historia de ficción sino la biografía de Walter Miller, también conocido como Bobby Love, que fue revelada esta semana por Humans of New York (Humanos de Nueva York), un proyecto fotográfico que sigue la vida de habitantes de la "Gran Manzana".

"Era solo una mañana normal. Hace casi exactamente cinco años. Estaba haciendo té en la cocina. Bobby todavía estaba en la cama. Y llamaron a la puerta. La abrí lentamente y vi a la policía parada allí -contó Cheryl Love, esposa de "Bobby"-. Cuando abrí la puerta, 12 oficiales pasaron a mi lado. Algunos tenían 'FBI' escrito en sus camperas".

 

Los agentes fueron directamente a la habitación, donde se encontraba el hombre. "Los escuché preguntarle: '¿Cuál es tu nombre?' Y él dijo: 'Bobby Love'. Luego dijeron: 'No. ¿Cuál es tu nombre real?' Y lo escuché decir algo en voz baja", recordó ella. Intentó entrar a la habitación a verlo, pero no la dejaron. " No sabés quién es este hombre", le advirtieron.

Entonces lo esposaron. "No tenía ningún sentido. Había estado casada con Bobby durante 40 años. Ni siquiera tenía antecedentes penales. En este momento estaba llorando y grité: 'Bobby, ¿qué está pasando? ¿Mataste a alguien?'. Y él me dijo : 'Esto se remonta al pasado, Cheryl. Antes de conocerte'".

La muerte de Walter Miller

Bobby en realidad se llamaba Walter Miller. Había crecido en una familia humilde de ocho hijos en Carolina del Norte. Desde joven estuvo involucrado en pequeños hurtos y en 1964 fue enviado a un centro juvenil. Allí era frecuentemente golpeado por otros reclusos, así que decidió escaparse aprovechando la distracción de un guardia de seguridad.

Entonces recaló en Washington DC, donde conoció a una banda de ladrones de bancos y se les unió. Con ellos decidió volver a su Carolina del Norte natal, donde la seguridad era menor. Luego de varios golpes exitosos, cayó cuando el gerente de uno de los bancos activó una alarma silenciosa y los emboscó la policía.

Un juez lo sentenció a cumplir de 25 a 30 años de prisión, condena que trató de apelar sin suerte. Lo mandaron a una cárcel de máxima seguridad, donde intentó convertirse en un preso modelo y hasta condujo un programa de radio. Pero luego alguien insultó al capitán de la cárcel, que pensó reconocer la voz de Miller. Y se propuso volver su vida un infierno.

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(2/11) “Back in the day my name was Walter Miller. It was a pretty normal childhood. We grew up poor, but nothing really dramatic happened until I went to a Sam Cooke concert at the age of fourteen. I was excited to be at that concert, so I pushed my way to the front row—right near the stage. The crowd was really moving, because it was dance music. And Sam Cooke didn’t like that. He kept telling people to sit down. And after only two songs, he got so angry that he walked off the stage. So I screamed at the top of my lungs: ‘Sam Cooke ain’t shit!’ And in North Carolina, back in 1964, that was enough to get me arrested for disorderly conduct. Things went downhill pretty quick after that. My mother was raising eight kids on her own, so she couldn’t control me. I got into all sorts of trouble. I lifted purses from unlocked cars. I was stealing government checks out of mailboxes. I got bolder and bolder, until one day I got busted stealing from the band room at school. They shipped me off to a juvenile detention center called Morrison Training School. I hated everything about that place. The food was terrible. The kids were violent. I still have scars from all the times I got beat up. Every night, while I was falling asleep, I could hear the whistle of a freight train in the distance. And I always wanted to know where that train was going. So one night, when the guard turned his back to check the clock, I ran out the back door-- toward the sound of that whistle. And that was the first place I ever escaped from.”

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Los próximos meses fue obligado a juntar basura al costado de una ruta junto a otros prisioneros. "Fue horrible. La gente te arrojaba hamburguesas y batidos", recordó. Entonces volvió a imaginar un escape. Memorizó la ruta desde la cárcel y descubrió que siempre se detenían en la misma intersección, cerca de una zona boscosa. También notó que el guardia que tenían asignado para vigilarlos los martes no tomaba lista de los reos que subían al colectivo que los transportaba.

"Me subí al autobús y me dirigí a la última fila, justo al lado de la salida de emergencia. Estaba a cinco minutos en coche de una zona boscosa. Cuando bajamos la velocidad para parar, abrí la puerta trasera y me fui. Podía escuchar la alarma sonando detrás de mí, pero no miré hacia atrás", dijo.

Se sacó el uniforme de prisión y corrió hasta encontrar una estación de colectivos, donde convenció a un hombre de que le comprara un pasaje a Nueva York. "Una vez que llegamos a la autopista, la chica que estaba a mi lado comenzó a conversar. Ella me preguntó mi nombre. Pensé por un momento y dije: 'Bobby Love'. Y esa fue la muerte de Walter Miller".

Era 1977. Love solo tenía 100 dólares en billetes pequeños y la ropa que llevaba encima. Primero durmió en un hotel de mala muerte y, cuando se quedó sin dinero, en trenes. Para reconstruir su vida necesitaba una identificación y un número de seguridad social y los obtuvo cuando le aseguró a una empleada pública que había perdido sus papeles. También falsificó un certificado de nacimiento. Bobby Love ahora era real.

A Cheryl la conoció trabajando en la cafetería del hospital Baptist Medical Center. "Era inocente, lo contrario de mí. Y es por eso que estaba tan atraído por ella. Nunca quise salir con alguien como yo: que bebía, fumaba y tenía un pasado".

Desde el comienzo, supo que nunca iba a contarle la dura historia de Walter Miller: "No había necesidad. Bobby Love no tenía antecedentes penales. Bobby Love era un hombre de familia. Bobby Love era un diácono en su iglesia. Todos los domingos, nuestro pastor predicaba sobre olvidar el pasado, perdonarnos a nosotros mismos y mirar hacia el futuro. Y eso es exactamente lo que estaba haciendo".

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(8/11) “Cheryl was innocent. The opposite of me. And that’s why I was so attracted to her. I never wanted to date someone like myself: who drank, and smoked, and had a past. Cheryl was soft. Almost naïve in a way. I never told her about my history, and she didn’t really press me. I did tell her that I grew up in the South-- which was true. And that I’d come to New York City to try something new. That was true too. But I never told her about Walter Miller. I didn’t see the need. Walter died a long time ago, on that Greyhound bus out of Raleigh. I was a new man. I was Bobby Love now. And if that was enough for her, why complicate things? We got married in 1985. Time went by. We raised four children together. I just couldn’t risk it. My family in North Carolina kept telling me: ‘You’ve got to come clean. You’ve got to tell her.’ But they didn’t know my wife. Not like I did. Cheryl is a righteous woman. Most people, when they see a dollar dropped on the street, will put it in their pocket. But not Cheryl. She will stop everyone on the sidewalk, looking for the owner. She’s that kind of woman. And that’s not the kind of woman who could keep a secret like this. I’m not trying to say that she’d have called the cops on me. But she’d have made me call the cops on myself. She’d turn up the heat. So I just couldn’t tell her about Walter Miller. And there was no need. Bobby Love didn’t have a criminal record. Bobby Love was a family man. Bobby Love was a deacon at his church. Every Sunday our pastor would preach about forgetting the past, and forgiving ourselves, and looking ahead. And that’s exactly what I was doing. That part of my life was buried back in North Carolina. And it wasn’t coming back.“

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Pero ella sospechaba que "faltaba una pieza" en el rompecabezas de su matrimonio. "Primero, nunca le gustó estar en fotografías. Y siempre pensó que la gente lo estaba mirando. Pero solo pensé que era vanidad". Aunque Bobby era un hombre dedicado a su familia, no era afectuoso con Cheryl. En la Navidad de 2014, ella se puso de rodillas en la iglesia y le pidió a Dios que ablandara el corazón de su marido. Pocos días después, el FBI llamó a la puerta de su casa.

"Mi mundo se vino abajo. El arresto de Bobby estaba en todos los periódicos. Parecía que toda la ciudad se reía de mí -admitió Cheryl-. Nunca lo supe. 40 años de matrimonio, cuatro hijos adultos, y nunca lo supe. ¿Cómo podía ser tan estúpida? Yo quería esconderme. Yo quería desaparecer".

A pesar del desengaño, ella se negó a dejar a su marido en su hora más oscura. "Cuando lo visité por primera vez en prisión, se echó a llorar. Tenía la cabeza entre las manos y me dijo: 'Lo sé, me vas a dejar'. Le dije: ' No Bobby Love, me casé con vos para estar en las buenas y en las malas. Y estas son las malas'".

Cheryl le escribió cartas al gobernador de Carolina del Norte y al expresidente Barack Obama. También reunió el testimonio de las personas que su cónyuge conoció a lo largo de su vida y testificó en su juicio. "No sabía nada sobre Walter Miller. Pero les conté todo sobre Bobby Love. Y la junta de libertad condicional se apiadó de él", sostuvo.

 

Después de un año en prisión, lo dejaron libre. Y Cheryl le permitió volver con ella, con algunas condiciones: "Le dije: 'Bobby, te aceptaré de nuevo. Pero ya no voy a quedar en segundo plano. Porque tengo mi propia historia que contar. Yo también puedo escribir un libro'".

La increíble saga, dividida en 11 posteos en Instagram, cosechó más de 3,3 millones de likes y el pedido de varios usuarios de que sea transformada en una película de Netflix.

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