Scott Macaulay

Desde 1985 ha dado de comer a viudas, viudos, personas sin hogar o estudiantes universitarios que no pueden volver a sus casas. / YouTube/ CBS Evening News

Ofrece cena gratis de Thanksgiving a personas que no tienen con quién celebrar

Desde hace 33 años, Scott Macaulay mantiene esta tradición en la ciudad de Melrose

22 de noviembre de 2018 10:50 am

Por: INDICEPR

Fue en 1985 cuando Scott Macaulay, un reparador de aspiradoras de 57 años, pasaría el Día de Thanksgiving completamente solo debido a que sus padres se acababan de divorciar, por lo que pensaba calentar un pavo congelado para “celebrar” en su departamento en Melrose, Massachusetts.

Sin embargo, días antes se le ocurrió una idea para tener compañía en ese día festivo, y fue así como colocó un anuncio en el diario Melrose Free Press para invitar a 12 desconocidos a unirse a la cena.

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Esa noche daría a sus invitados pavo relleno y pastel de calabaza, y aunque no sabía si alguien aceptaría su invitación, en realidad fueron más de 12 personas las que acudieron.

"Sabía que no podía ser el único en esta situación… Tenía que haber, al menos, una docena de personas que no quisieran pasar el día de Thanksgiving solos", señaló Macaulay al diario The Washington Post.

Es así como desde hace 33 años Scott mantiene una tradición y realiza un banquete gratis en la ciudad de Melrose, ubicada a unas 11 millas de Boston, y cuya población es de aproximadamente 27,000 habitantes.

En vez de su departamento, la cena anual de Thanksgiving ahora la realiza en el sótano de la Iglesia Bautista de la localidad, que ahora dona su espacio para el evento, debido a que acuden entre 60 y 100 personas cada año.

Para poder asistir, Macaulay pide hacer una reserva llamando al número de teléfono de su oficina, ya que no tiene celular ni computadora.

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En todos estos años, ha dado de comer a viudas, viudos, personas sin hogar, estudiantes universitarios que no pueden volver a sus casas, e incluso a una mujer que se escondió debajo de la mesa durante toda la cena.

Aproximadamente una semana antes del día de Thanksgiving, Scott compra todos los ingredientes, y aunque prefiere no decir cuánto le cuesta porque "eso le quitaría el espíritu", admitió que el banquete supera los $1,000.

El menú incluye cuatro pavos grandes, cinco tipos de pastel (calabaza, manzana, carne picada y cereza), puré de papas con salsa, arándanos y rollos con mantequilla.

Y para hacer más acogedor el lugar, lleva sofás, sillones reclinables, alfombras orientales e incluso un par de chimeneas falsas. Además, en las mesas se colocan candelabros y servilletas de tela, se cuelgan cortinas en las ventanas y se establecen salas contiguas para que los huéspedes se relajen y se conozcan entre sí.

"Un año, hubo un hombre que acababa de perder a su esposa. Después de la cena, se puso su viejo delantal y me ayudó a lavar los platos", recuerda Macaulay.

En otra ocasión, una anciana pagó $200 por una ambulancia para que la llevara a la iglesia desde su asilo. Le dijo a Macaulay que no había salido de allí en siete años. Lloró cuando terminó la cena.

Pero quizá uno de los recuerdos más memorables para él fue cuando sus padres también hicieron acto de presencia. La madre de Scott se estaba muriendo de cáncer de mama y quería estar con la familia. Su padre también lo hizo.

"Ahí estaban, sentados en el sofá, tomados de la mano, años después de su divorcio. Todavía puedo verlos sentados allí. Es un recuerdo feliz", concluye.

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