The Willard

El hotel fue fundado en hace 200 años. / Foto especial

En este hotel alojan a los pavos que son obsequiados al presidente de EE.UU. por Thanksgiving

En sus 200 años de historia, el Willard Intercontinental fue también la casa presidencial, por algún tiempo

20 de noviembre de 2018 06:57 pm

Por: EFE

A lo largo de sus 200 años de historia, el emblemático hotel The Willard, situado en pleno corazón de Washington, ha visto cómo en sus habitaciones se alojaban desde mandatarios de todo el mundo hasta los pavos que tradicionalmente son obsequiados al presidente de EE.UU. por Thanksgiving.

En todo este tiempo, muchos han sido los nombres y los dueños que han marcado el paso del tiempo de este imponente edificio situado a escasas yardas de la Casa Blanca.

Es esta situación privilegiada la que en los últimos tiempos ha llevado a la Federación Nacional del Pavo (NTF) a decantarse por este establecimiento para dar cobijo a las dos aves con las que anualmente agasaja a la familia presidencial para que, al menos uno de ellos, sirva de plato fuerte en una de las festividades más especiales para los estadounidenses.

"Se alojan en una habitación normal y la Federación se encarga de que todo esté a prueba de pavos. Hacen un gran trabajo. Ponen una gran lona plastificada, que cubre toda la habitación y parte de las paredes, y echan serrín para que los pavos se puedan mover con libertad", explicó la directora de Marketing del Willard Intercontinental, Janet Scanlon.

Más allá de alojar a estos animales, el Willard Intercontinental  es toda una referencia en la ciudad desde que se convirtió en uno de los primeros alojamientos de Washington.

Corría el año 1816 cuando el Capitán John Tayloe decidió alquilar una pequeña porción de su plantación a Joshua Tennyson para que habilitara una pequeña vivienda que habría de servir para albergar a quienes visitaban la por aquel entonces incipiente capital del país.

Dos años más tarde, en 1818, el establecimiento abrió sus puertas y desde entonces no han dejado de pasar por su suntuosa entrada, en la Avenida Pennsylvania, algunas de las figuras más eminentes de la clase política de EE.UU.

Tal ha sido la huella de este hotel en la vida política de la nación que a comienzos del siglo XX, durante unas pocas semanas, incluso llegó a reemplazar a la Casa Blanca como residencia presidencial.

"Calvin Coolidge residió aquí todo el tiempo que ejerció de vicepresidente, así que cuando el presidente (Warren) Harding murió de un ataque al corazón, como muestra de respeto, dejó que su esposa, la primera dama, se tomara todo el tiempo que precisara para empaquetar sus pertenencias y abandonar la Casa Blanca", rememoró Scanlon.

Durante esa transición, el nuevo presidente realizó todos sus quehaceres desde la que había sido su morada durante algo más de dos años.

También es conocida la leyenda de cómo el gusto del general Ulysses S. Grant por pasar las horas bebiendo y fumando en el "lobby" del hotel, donde aprovechaba para hablar de sus aspiraciones presidenciales con eminentes políticos, sirvió para popularizar en Washington el término cabildear, también conocido como "lobismo".

No todas las historias del Willard son tan amables.

Un rumor que circula por la ciudad apunta que las paredes de este local fueron testigo de uno de los asesinatos más absurdos que se recuerdan. Una leyenda que, según Scanlon, es mejor que la cuente uno de los camareros del hotel, Jim Howes, experto coctelero e historiador aficionado.

"El incidente tuvo cierto matiz racista y regional. Un congresista nacido en Alabama -que representaba a California- y un hombre procedente de Boston; era una situación del norte contra el sur, poco antes de la Guerra Civil", adelantó Howes, quien desde hace más de 30 años pasa las mañanas tras una barra de bar del The Willard.

El político en cuestión era Philemon T. Herbert, un personaje "de carácter beligerante", que en 1856 se enfureció cuando el establecimiento se negó a servirle el desayuno porque ya era pasado el mediodía y le ofreció el almuerzo.

El congresista se encaró con uno de los responsables de la cocina, Thomas Keating, con quien se enzarzó en una pelea que terminó cuando Herbert sacó su pistola y disparó sobre el empleado, que cayó muerto allí mismo.

"Herbert fue detenido y, aunque algunos aseguraban que fue un asesinato a sangre fría, él alegó que actuó en defensa propia. Había intereses encontrados y nadie testificó. Fue el primer caso de defensa propia sometido a un tribunal federal y el señor Herbert fue exonerado. Fue una situación de 'lo que pasa en el Willard se queda en el Willard", aseguró Howes.

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