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Los animales fueron transportados en contenedores de metal liviano, de los que a veces emergía la trompa de algún elefante. / Facebook/African Parks

El Arca de Noé para salvar a los animales en África

Filántropos y ambientalistas privados buscan repoblar la zona con animales traídos de otras partes del continente africano

24 de mayo de 2018 10:29 am

La Nación / GDA

Hace dos décadas, en la franja de bosques de Malawi casi no quedaba vida silvestre: los últimos elefantes habían caído presa de los cazadores furtivos, los leones fueron capturados con trampas, y el resto de las especies habían sido segadas por el machete de los agricultores.

Ahora, los animales regresaron a bordo de un Arca de Noé de los tiempos modernos, un audaz emprendimiento de filántropos y ambientalistas privados para repoblar la zona con animales traídos de otras partes del continente africano.

Esos animales fueron sujetados a arneses y levantados con grúas de construcción a miles de millas de este denso bosque de Malawi. Luego fueron transportados en contenedores de metal liviano, de los que a veces emergía la trompa de algún elefante. Después, esos contenedores surcaron el sur de África en aviones comerciales y camiones con acoplado.

Por donde uno la mire, la vida silvestre de África ha sufrido enormemente en las últimas décadas: el 90% de los elefantes del continente desaparecieron a lo largo del siglo pasado, la población de leones se redujo más de un 40% desde 1993, hay menos de 1,000 gorilas de montaña en estado salvaje, y solo quedan vivos tres rinocerontes blancos del norte.

La organización sin fines de lucro African Parks, que coordina el traslado de los animales, se propone recuperar la población de animales que alguna vez existió en uno de los lugares más remotos del planeta.

Ya transportó 520 elefantes en camiones a través de Malawi, 20 rinocerontes negros desde Sudáfrica hasta Ruanda, y este mes empezó a reponer la población de rinocerontes de Chad, de donde fueron barridos hace tres décadas.

Aquí en el sur de Malawi, en una reciente mañana nubosa, Craig Reed arrastraba el cuerpo de una gacela muerta a través de las pasturas del Parque Nacional Liwonde, al norte de Majete, seguido de cerca por tres guepardos que le mostraban los dientes.

"¡Qué estás haciendo, Craig!", le preguntó su esposa Andrea, inquieta al ver que los guepardos se acercaban peligrosamente a su marido.

Los guepardos habían sido traídos en avión como parte de un proceso que African Parks ha ido perfeccionado en los últimos años. La organización no solo transporta animales a zonas vaciadas de vida silvestre, sino que también coopera con los gobiernos en el manejo de 15 parques de todo el continente africano, algunos de ellos ubicados en zonas de guerra.

A lo largo de sus años de trabajo, la organización descubrió que, en Sudáfrica, otras agrupaciones privadas de vida silvestre habían protegido a la población de guepardos, antes amenazada, por lo que ahora, en Sudáfrica había más ejemplares que los que los conservacionistas podían manejar.

"Decidimos que era el momento de traer algunos ejemplares de nuevo acá", dice Reid, administrador del parque Liwonde. Los guepardos habían llegado sedados al aeropuerto local, adentro de contenedores con el cartel de "Animales vivos".

Utilizando la gacela muerta como carnada, Reid finalmente logró atraer a los guepardos para que salieran del corral cerrado y se perdieran en el bosque: un parque de pasturas de 354 millas cuadradas que también estuvo a punto de desaparecer.

Dos semanas después, ese mismo corral sería ocupado por el siguiente grupo de animales llegados en contenedores.

African Parks no es la primera agrupación que relocaliza animales salvajes, una práctica que se utiliza desde hace décadas y que en la década de 1990 permitió repoblar el Parque Nacional de Yellowstone, de Estados Unidos, con lobos grises traídos de Canadá, y en 2011 reintrodujo los osos pandas en China.

Varios grupos han transportado animales de una punta a la otra del continente, pero African Parks es la primera en hacerlo a gran escala, y administra parques en algunos países africanos asolados por la guerra y la violencia.

La organización maneja el Parque Nacional Chinko, en la República Centroafricana, donde la guerra ha dejado miles de muertos y empujó a las familias a migrar hacia ese refugio de vida silvestre. También maneja el Parque Nacional Garamba, en Congo, un país marcado por una cruenta guerra civil. El año pasado, cuatro guardaparques de Garamba fueron asesinados por los cazadores furtivos de elefantes, cuyos colmillos pueden vender en el mercado del marfil de China por hasta $2,000 dólares el kilo.

A pesar de la destrucción de las especies en gran parte de África, algunas subpoblaciones lograron prosperar en ciertas zonas. En Sudáfrica, por ejemplo, donde la mayoría de los animales salvajes viven relativamente seguros en reservas manejadas por privados, la población de leones no para de crecer. En Malawi, donde el gobierno ahora ha volcado su atención a la conservación de las especies, en parte para hacer crecer la industria del turismo, también se incrementó exponencialmente la población de elefantes.

"Podemos usar a esos ejemplares sobrantes para llevarlos a otras zonas", dice Peter Fearnhead, director ejecutivo de African Parks, que tiene su sede en Johannesburgo.

Fearnhead trabaja en el conservacionismo animal desde que tenía 13 años en Zimbabwe, donde presionó a su escuela para que estableciera una reserva de vida silvestre de 800 hectáreas. Luego de trabajar para el Servicio de Parques Nacionales de Sudáfrica, donde se abocó a la ampliación de las reservas manejadas por el gobierno, Fearnhead puso el ojo en el resto del continente, y en el año 2000 fundó African Parks.

Forjar vínculos con los gobiernos y trasladar animales en aviones a través del continente puede plantear enormes desafíos. El operativo de los rinocerontes en Chad, por ejemplo, llevó meses de negociaciones, montañas de papeleo de importaciones, y un equipo entero de abogados y encargados de logística. Es una tarea que demanda muchos esfuerzos, y como dice la biografía de Andre Uys, uno de los veterinarios de African Parks, "hemos sedado a decenas de miles de animales en 13 países africanos".

Además, los costos de esos traslados son astronómicos, y también requiere una importante inversión de seguridad en los parques que los reciben: actualmente, African Parks cuenta con unos 1,000 guardaparques contra la caza furtiva, la mayor fuerza privada de esas características en todo el continente.

Los parques de Majete y Liwonde fueron establecidos respectivamente en 1955 y 1973 por la autoridad británica, ya que por entonces Malawi era una colonia del Reino Unido. Ambos parques carecían de vallado, así que los elefantes deambulaban libremente, destruyendo los cultivos de los granjeros cercanos y matando a decenas de personas. Tampoco había nada que detuviera a los cazadores furtivos.

En 2015, cuando African Parks asumió el manejo del parque, los guardaparques encontraron 27,000 trampas de alambre de las utilizadas para atrapar animales salvajes. Poco después de hacerse cargo del parque, un rinoceronte cayó en una de esas trampas y finalmente murió.

"Eso da una idea del desmanejo y completo descontrol que reinaba en el parque", dice Reid.

Antes de poder empezar a importar vida silvestre, African Parks tuvo que construir la infraestructura básica del parque. Tanto en Majete como en Liwonde, el grupo levantó cientos de millas de alambrados, entrenó a un cuantioso grupo de guardaparques armados, instaló una vasta red de sensores y cámaras de vigilancia, y les colocó collares de rastreo satelitales a algunos ejemplares de las especies más vulnerables y raleadas.

"La cosa es fácil: si no está bien manejado, el parque se pierde", dice Fearnhead.

Según los expertos en vida silvestre, el historial y los resultados de African Parks son en general muy buenos: de los 520 elefantes transportados a través de Malawi, sólo dos murieron en tránsito. Pero los problemas a veces se presentan después de la llegada de los animales, si resulta que las condiciones de seguridad del parque siguen sin ser las adecuadas.

A partir de 2008, African Parks empezó a relocalizar varios leones a otro de los parques que maneja, el Liuwa Plains, en Zambia. En 2012, uno de los leones fue matado por un cazador furtivo, y otro se escabulló por una zona pobremente alambrada y cruzó a la vecina Angola, donde probablemente también haya sido cazado.

Muchos conservacionistas elogian las relocalizaciones, pero algunos sugieren que el modelo de parques alambrados se queda corto frente a la solución ideal, que es permitir que las especies migren libremente.

"Esos parques cercanos son un buen comienzo, y son una de las herramientas disponibles, pero no deberían ser el único abordaje del problema. En países donde es posible permitir la migración libre a gran escala de los animales, el objetivo debería ser ese", dice Bas Huijbregts, director de especies africanas del Fondo Mundial para la Naturaleza.

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