danza

El parachico porta un tradicional sarape (frazada) multicolor, una máscara de madera y una sonaja para buscar imprimir alegría y colorido entre la gente. / www.ich.unesco.org

Con esta ancestral danza recordaron a las víctimas del terremoto en México

La realizaron un total de 7,000 parachicos, una de las figuras más representativas de la tradicional Fiesta Grande de Chiapa de Corzo

17 de enero de 2018 07:07 pm

El 7 de septiembre de 2017 es una fecha que jamás se podrá olvidar en México. Aquel jueves, muy cerca de la media noche, el Servicio Sismológico Nacional mexicano (SSN) reportó un terremoto con magnitud 8.2 grados en la escala de Ritcher con epicentro en Pijijiapan, en el estado de Chiapas; el saldo oficial: 76 personas murieron.

Este acontecimiento marcó sin lugar a dudas a muchas de las comunidades que se vieron afectadas por este sismo devastador. Y es por esto que, a 4 meses de aquel trágico momento, se decidió que un total de 7,000 parachicos dedicaran este año sus danzas patronales a las víctimas del terremoto.

El parachico es considerado una de las figuras más representativas de la tradicional Fiesta Grande de Chiapa de Corzo, en el sureste de México.

"Sacrificaremos nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestro espíritu por todas las personas que han sufrido los daños del terremoto”, dijo Guadalupe Rubisel Gómez Nigenda, patrón (guía) de los parachicos a Efe.

El parachico, que porta un tradicional sarape (frazada) multicolor, una máscara de madera y una sonaja, sale a danzar al compás del tambor y la flauta de carrizo, para buscar imprimir alegría y colorido a través de las calles de Chiapa de Corzo, hasta llegar a la iglesia de San Sebastián Mártir, protector de los parachicos.

De acuerdo a los historiadores, el baile de los parachicos surgió de una leyenda que narra la historia de una mujer que buscaba una cura para su hijo enfermo. Con el paso del tiempo escuchó hablar de un curandero en un lugar llamado Chiapa, al que decidió visitar.

El hijo de esta mujer logró encontrar alivio a sus males, y a manera de agradecimiento, la señora decidió ayudar a la gente del pueblo repartiendo canastas de víveres, ya que padecían de hambruna.

Gracias a esto, la mujer causó alegría entre los habitantes, quienes bailaron alrededor del niño que para no asustarlo, decidieron disfrazarse. De esta manera cuando aquellos bailarines recibían los regalos de doña María de Angulo (supuesto nombre de la mujer) ella decía "Para el chico", palabras que los indígenas convirtieron en "Parachico".

Estas tradicionales danzas de agradecimiento fueron catalogadas hace siete años por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

A este rito anual acuden miles de danzantes que son dirigidos por un patrón, quien porta una máscara con expresión firme y de dureza, una guitarra y un látigo, que toca la flauta acompañado por uno o dos tamborileros, quienes cantan alabanzas.

"El primero que a mí me enseñó a bailar fue mi padre a los cuatro años. Posteriormente salía a bailar con él hasta los siete años. A partir de los ocho años empecé a salir solito con los amigos de la escuela, y a partir de ese entonces cada año como chiapacorseño", dijo Clemente Vargas, un parachico.

"A veces uno derrama lágrimas porque prácticamente se le agarra amor y cariño, y se representa prácticamente bailando y estando feliz todo el mes de enero que dura lo que la fiesta", confesó por su parte Susana Castillo.

Con el paso de los años, esta festividad reúne a diferentes habitantes de comunidades cercanas, así como a miles de turistas para hacerlo un espectáculo único, donde la danza propicia un respeto mutuo entre los grupos y personas.

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