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Anualmente 80 familias indígenas dependen de la producción del café Geisha de Panamá. / EFE

La etnia panameña es la llave del éxito para producir el mejor café del mundo

Han logrado establecer los mejores precios internacionales en los últimos años gracias a su gran labor

05 de enero de 2018 12:42 pm

Detrás del éxito de cualquier producto con reconocimiento en el mercado a nivel nacional o internacional, siempre existirán esas manos de trabajo que con su labor y empeño representan un factor fundamental para el funcionamiento de cualquier empresa. 

La calidad mundial del café Geisha es uno de estos ejemplos, que no sería igual sino es por la gran labor de los hombres y mujeres de la etnia indígena Ngäbe Buglé de Panamá. 

La procuración y el cuidado que ofrecen estos trabajadores a los árboles de café desde su floración, hasta la recolección de los granos maduros para sacar los mejores lotes, es verdaderamente sinigual.

Tal es el grado de importancia que desempeñan los indígenas panameños en esta labor, que este año nuevamente presentarán el mejor café del mundo en la XXII versión Cata Internacional, organizada por la Asociación de Café Especial de Panamá (SCAP).

Los antecedentes son claros, y es que en la Hacienda La Esmeralda, el hogar del café Geisha ha logrado obtener los mejores precios a nivel internacional dentro de las subastas electrónicas "Best of Panama", luego de conseguir en 2016 un valor de $601 por libra en un lote de 100 libras.

Y no es para menos, ya que esta bebida es reconocida y añorada por los grandes conocedores del grano de café, debido a que es cosechado y producido en el sector montañoso de Chiriquí, en el occidente de Panamá, aunado a que se trabaja a una altura superior a los 5,577 pies sobre el nivel del mar.

Pero para que este café se convirtiera en un verdadero éxito, es necesaria una avalancha de mano de obra indígena que emigra año con año de sus comunidades para comenzar con las cosecha.

"En nuestra hacienda, no solo le pagamos un salario por el trabajo de recolección que estas personas realizan, sino que también se les cancelan sus prestaciones proporcionales y al final de las ventas de cada año, le damos una bonificación como incentivo por la labor realizada en mantener esa calidad del grano", relató Daniel Peterson, Gerente de la Hacienda La Esmeralda, a Efe.

Y es que esta compañía se ha convertido en un círculo laboral exitoso debido a que con su aporte reciben pagos y prestaciones que los ayudan a salir de sus condiciones económicas, y brindan a la compañía un trabajo que solo ellos pueden hacer.

Uno de estos casos es el de Leopoldo Pinto Rodríguez, quien lleva más de 20 años trabajando para la hacienda La Esmeralda y ahora es el jefe de producción del sector de Jaramillo, y que con su labor ha tenido la oportunidad de educar a sus tres hijos, dos de ellas a punto de ser licenciadas en contabilidad y estimulación temprana para infantes, mientras su otro hijo se encaminó por una ingeniería Naval, reconoció Pinto Rodríguez.

"Todo empezó cuando saboreamos la miel de los granos maduros que era diferente a los demás en ese año, y de ahí la familia Peterson fue descubriendo las bondades de este grano", recordó Leopoldo.

Pinto agregó que la industria del café brinda muchas oportunidades a los indígenas, no solo para tener ingresos económicos, sino que se constituye en una ayuda para establecer un modo de vida para las familias trabajadoras.

"Con ese apoyo de becas, guarderías para los niños en los tiempos de zafra y demás apoyos a comedores escolares, el Geisha deja sus frutos de esa calidad que el mundo saborea", recalcó el entrevistado. 

Dentro de la Hacienda La Esmeralda, que ha marcado dos récords internacionales en pequeños lotes de altísima calidad, laboran anualmente 80 familias que dependen de esta actividad y que incluso en los meses de mayor producción llegan a trabajar hasta 300 familias Ngäbe. 

Con información de EFE

 

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