alfarera

Las mujeres alfareras de Amatenango realizan obras artesanales día a día para mantener a su comunidad. / EFE

Mujeres alfareras: un arte ancestral que perdura con el pasar de los siglos

Son un pilar fundamental en la economía de su comunidad

03 de enero de 2018 12:58 pm

Existe un lugar en México donde pueden pasar los años, décadas y hasta siglos, y el amor por la cultura, el arte y el trabajo ancestral no se pierde, ni siquiera por el voraz consumismo de un mundo global.

El oficio de la alfarería es uno de ellos, que de generación en generación va de mano en mano, especialmente de madres a hijas en la comunidad de Amatenango del Valle, en el sur del estado de Chiapas, donde decenas de mujeres practican este maravilloso oficio de herencia maya.

Un ejemplo del valor y amor por este trabajo es el de Teresa Bautista, quien empezó a modelar barro desde los 11 años para convertirse en una artesana alfarera.

"Empecé a trabajar desde pequeña, terminé la primaria y la secundarían. A los 11 años empecé a trabajar el barro y hago de todo, pero más me piden jaguares, ranas, palomitas, cantaros de jaguares", señaló Teresa Bautista en palabras para la agencia Efe.

Así como Teresa, cientos de mujeres alfareras cumplen con esta labor que gracias al respeto de sus costumbres y cultura han logrado trascender con el pasar del tiempo, para convertir a aquel lugar en un sitio icónico.

Amatenango fue fundado en 1528 por mayas de la etnia tzeltal, y en sus calles es posible ver a las mujeres ofreciendo palomas, vajillas, cántaros, gallinas, lunas, soles y jaguares.

Conocidas en su lengua tzeltal como las mujeres "Tozontajal", durante cada mañana todas estas mujeres transforman su labor en arte que a su vez se convierte en un pilar fundamental de la economía del lugar, al grado de ser el verdadero sustento de sus familias. 

Y es que los hombres de la comunidad se dedican a la agricultura, pero como sus ganancias solo las ven una vez al año el peso y responsabilidad recaen sobre estas artesanas.

"Los hombres casi no participan mucho, solo cuando no tienen trabajo en el campo nos ayudan, y cuando tienen trabajo en el campo no nos ayudan", expresó Simona, que tiene más de 30 años dedicada a la alfarería.

A pesar de las dificultades por la poca ganancia que se obtiene, el amor y dedicación por esta herencia continúa, y todos los días el trabajo de las mujeres alfareras perdura desde la recolección de la materia prima, el amasamiento, moldear, pulir y ponerlas al fuego hasta finalmente ofrecer las piezas que tardan en elaborar de 15 días a seis meses.

"La verdad ganamos muy poco, tengo un grupo de mujeres todas trabajamos, cuando no hacen el pedido todas nos repartimos el trabajo" finalizó Simona.

Con información de EFE.

Presiona aquí para visitar nuestra portada.

Cargando...

Continuar

Publicidad

x