Félix Enrique Monroy

Félix Enrique Monroy Herrera se adaptó a su nuevo ambiente. / La Nación

El estilista que recuperó 33 libras desde que abandonó su país

Tuvo que salir para sobrevivir, ahora desea regresar a su patria

27 de noviembre de 2017 08:35 pm

María Ayzaguer/La Nación/GDA

Félix Enrique Monroy Herrera tiene 27 años y hace uno que llegó a la Argentina. Hoy trabaja en una barbería en Belgrano y sueña con poder volver a su país.

"Esto es invivible", pensó Félix, harto de ver gente comiendo de la basura en San Antonio de los Altos, la ciudad montañosa de las afueras de Caracas en la que nació. Y tomó un vuelo con destino a la Argentina, hacia un país que desconocía pero del que había oído hablar mucho. Era en noviembre de 2016 y se dijo: "Ojalá que me guste porque si no me gusta ¿pa donde me voy?".

Atrás quedó toda su familia, salvo por Carolina, su esposa, que había viajado un mes antes, para ir buscando alojamiento. Ella al principio se hospedó en la casa de unos amigos. Al poco tiempo consiguió trabajo como administradora en una empresa y pudo alquilar un departamento.

Cuenta Félix que le hicieron más preguntas para salir de Venezuela que para entrar en la Argentina: "Querían saber cuántos dólares llevaba, cuántos traía, qué iba a hacer acá. Tenía que tener el ticket de regreso como si viniera por turismo. De hecho, el pasaje lo saqué como si fuera a volver antes del 24 de diciembre. Creo que me ayudó decir que volvía a Venezuela para las fiestas". Y rápidamente aclara: "salir de allá es legal. Pero ahí, en el aeropuerto se ponen medio ridículos para sacarte dinero. Acá fueron muy rápidos y atentos. Entré solo y con mis dos maletas".

"Es difícil armar una maleta cuando te vas indefinidamente de tu país. Ahí te das cuenta de que lo material no es nada", reflexiona. Se trajo apenas dos bluejeans y dos t-shirt, todo el resto del equipaje eran objetos que le encargaron para que le acerque a otros venezolanos en la Argentina. Entre ellos, algunos budares, las planchas típicamente utilizadas para cocinar arepas.

Le habían advertido que los argentinos eran "mal-llevados", rasgo que desmitificó una vez que se instaló en Argentina. "En Venezuela al argentino lo ven mal, pero a la Argentina la ven bien", cuenta sincero. "Somos muy parecidos, el sanantoñero es muy amable, muy servicial, como el porteño".

¿Qué fue lo primero que le llamó la atención al llegar a Ezeiza? La limpieza. "En el aeropuerto de Maiquetía -el principal de Venezuela- cuando yo me vine no funcionaba el aire acondicionado, hacía muchísimo calor. Los pisos estaban sucios, los baños imposibles. Llegué acá y me impresionó ver todo limpio, los baños bien atendidos, el aire acondicionado", cuenta.

Otra cosa que lo impactó y todavía le produce nervios es la policía. "Cuando llegué vi un montón de policías y me hice toda la película. Sin ser culpable de nada, ¡imagínate si hubiera traído droga! Ya sólo de verlos. Allá te paran por cualquier estupidez y te quieren quitar dinero por todo". Es un reflejo del que todavía no se puede deshacer.

El barbero

La primera vez que cortó pelo fue a los 11 años, por pedido de su tío: estaban en medio del campo y tenían que ir a una fiesta. Desde entonces comenzó a hacerlo para toda su familia y amigos. Casi sin quererlo, encontró un oficio. Hoy se dedica a embellecer barbas y cabellos en Barbería NyA, el barrio de Belgrano, en Córdoba, lugar al que llegó tocando puertas, buscando trabajo. Antes había probado suerte como cocinero en dos restaurantes distintos.

¿Qué diferencias de estilo hay entre venezolanos y argentinos?: "Con respecto a la barba, allá no se usa tan larga, más bien corta y muy delineada. Acá se usa más larga y no tan marcada ni prolija. Los argentinos prefieren el pelo más largo, los venezolanos tienen una onda más caribeña.

¿Y cómo clientes? "Te soy sincero, atendiendo me di cuenta que nosotros somos más fastidios que los argentinos. El venezolano te dice: mira, este pelito me quedó afuera. Aunque le hagas un corte perfecto va a estar buscando la falla. Al argentino le cortaste el pelo, le gustó, y bye, se va. Le gusta que le quede detallado, pero no fastidia tanto".

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En plena acción, en @barberianya . Según Félix, los argentinos son menos coquetos que los venezolanos.

Foto @barberianya

El venezolano es más coqueto, dice, si puede va todas las semanas a la peluquería. "Acá tal vez te viene un cliente que no se corta el cabello hace 4 meses. Y te miente con que le creció rápido".

Algo que le pedían los clientes y le costó comprender es el "corte desmechado". Al respecto, dice: "para nosotros en Venezuela eso está mal hecho, te cortan sin esmero a propósito. Al principio me impactó, ahora ya lo hago".

Volver a su tierra

Cuenta Félix que cuando salió de su país lo hizo con intenciones de nunca más volver. Pero estando acá se dio cuenta de que no es completamente feliz si no está en su tierra. Quiere tener hijos pronto y se encuentra frente a un dilema, porque le gustaría que nacieran en Venezuela, algo que discute con Carolina.

Le gustaría regresar cuando, según él, se den las condiciones de trabajo básicas. Volver a un lugar donde con el propio esfuerzo se pueda salir adelante. Y suma: " y por supuesto no tener que hacer una fila para comprar comida, no tener que hacer de todo para poder comer. Y que haya seguridad. Con nada más que eso, ya me regreso".

Pasó hambre, por no conseguir comida o por no tener plata para comprarla. Pero dice que eso no es nada al lado de ver chicos desnutridos: "Ver chicos desnutridos en Siria es tristísimo, pero resulta algo lejano. Vivirlo en carne propia, o con un familiar tuyo es un sentimiento muy fuerte". Y agrega: "Hoy día peso 165 libras. Cuando llegué acá pesaba 132. En Venezuela había llegado a pesar 176 libras. Estaba comiendo tan mal allá que cuando llegué y comí bien, me enfermé 2 o 3 días". Recuerda el sándwich de jamón y queso crema que le convidaron el día que llegó: "Yo nada más de ver los ingredientes me daba pena comerlo. Me parecía que me estaban dando un lujo".

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