Raulito

La tumba estuvo por mucho años abandonada, pero ahora luce llena de cosas infantiles. / EFE

Raulito, el niño mexicano al que le atribuyen milagros

Su tumba está llena de juguetes, dulces y globos en el puerto de Acapulco

07 de noviembre de 2017 06:45 pm

Raulito, el niño mexicano al que le atribuyen milagros 
Su tumba está llena de juguetes, dulces y globos en el puerto de Acapulco

Raúl González, mejor conocido como Raulito, es un niño que murió hace 84 años y  al que le han atribuido milagros los habitantes del puerto de Acapulco, México, por lo que su tumba siempre luce llena de decenas de muñecos, peluches y pelotas, entre otros juguetes, por los “favores” recibidos. 

Raulito murió a los diez meses el 2 de febrero de 1933. Está enterrado en el Panteón San Francisco, hasta donde van las personas llenas de fe para que les ayude a cumplir sus peticiones.

Durante mucho tiempo, la tumba del "niño milagroso" permaneció en el olvido. Fue hasta 1999 cuando empezó a ser un referente en la región.

Según cuenta la creencia popular, la fama del niño comenzó cuando, hace casi dos décadas, llegó al panteón una mujer de la Sierra de Atoyac. Estaba llorando y llevaba en brazos a su hija de cuatro años, quien estaba al borde de la muerte.

La mujer, llena de desesperación, le pidió a Susana Curiel, administradora del panteón desde hace más de 23 años, que le dijera dónde podía encontrar la tumba de un niño que estuviera en el abandono por sus familiares. Le señaló el sepulcro de Raulito, muy próximo a la entrada.

Durante más de una hora, la mujer permaneció de rodillas, pidió por la salud de su hija, de quien los doctores habían dicho que no pasaría de ese día, ya que estaba muy débil por los dos infartos que le habían dado.

Cuando terminó sus rezos, la mujer siguió su camino con su pequeña en brazos, sin olvidar la promesa que hizo en la tumba de Raulito: si salvaba a su hija, ella regresaría a dar las gracias.

Algo para lo que no tuvo que esperar mucho, ya que mes y medio después volvió al panteón con la pequeña caminando, así como con dulces, juguetes y arreglos florales para expresar su agradecimiento al niño.

El “milagro” que hizo Raulito fue difundido por la comunidad, y a partir de ese momento, los habitantes han acudido a la tumba del pequeño para pedir algunos favores especiales y luego regresan a dejarle juguetes, muñecos de peluche, globos y todo tipo de artículos infantiles.

"Cada juguete que ustedes ven aquí, uno o dos juguetes son de cada persona que viene a pedirle", comenta la administradora.

El panteón que administra estaba abandonado, pero ahora "10, 15 y hasta 20 personas" llegan diariamente desde los pueblos del sureño estado de Guerrero para verlo y hacer sus peticiones.

"Ya le he pedido al niño y todo lo que le he pedido me lo ha concedido y le sigo pidiendo", dice Francisca Jaime Camacho, una señora de 80 años con cabello canoso y muchas arrugas en su rostro que piensa que a lo mejor, de tanto pedirle, el pequeño "a lo mejor se enfada".

Por eso "hay que llevársela con calma", afirma Francisca, quien cuenta que no le lleva veladoras porque lo que Raulito quiere son "juguetes, carritos y sonajas".


Hasta la tumba de Raulito, que ha sido techada, se acercan personas como Anselmo Venegas, que con mucha fe y devoción relata lo que le ha pedido al niño: "Que me conceda trabajo, que tenga yo ánimo para trabajar, y pues esperemos que se haga lo que yo le estoy pidiendo".

Explica que trabaja en la construcción y que es la primera vez que visita el lugar, aunque promete que seguirá "visitando cada vez más seguido" al niño, y le ofrecerá "regalitos sencillos al alcance del bolsillo".

Ante el creciente número de seguidores de Raulito, el párroco Pedro Rumbo asegura que "los milagros 
no se pueden negar, porque siempre ha habido milagros", y la Biblia está llena de ellos.

"Cuando uno pide con fe y devoción y Dios le ayuda eso es muy bueno; hay que pedirle a Dios con fe y devoción no solo milagros, también favores menores", defiende el párroco de Acapulco, quien remarca que "en tiempos de inseguridad e incertidumbre" hay que recurrir a la religión.

Todos los juguetes recabados durante el año en la tumba son después regalados a los niños más necesitados, ya que Susana considera que dejándolos ahí se echarían a perder, y a Raulito le gustaría que otros niños también fueran felices.

 Con información de EFE

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