Colección de “Libros Raros” en la UPR

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Colección de “Libros Raros” en la UPR

Visitamos la biblioteca general de la institución, que contiene ejemplares que resaltan por sus historias y formas poco comunes

19 de julio de 2017 08:03 am

Zorian Chacón O’Farrill | [email protected]

Una sola visita a cualquiera de las salas de la Biblioteca José Manuel Lázaro en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR) y te pierdes -o te encuentras- en el tiempo en que se empezaba a construir el sistema de educación superior del País.  

Aquellos primeros libros que alimentaron los primeros programas de estudio de la UPR aún se conservan, como un tesoro, en la emblemática biblioteca del recinto riopedrense.

Algunos de ellos forman parte de la Colección Josefina del Toro Fulladosa, mejor conocida como la “Colección de Libros Raros”.

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Aura Díaz López es la bibliotecaria docente y directora de la Colección de “Libros Raros” de la UPR.

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En una pequeña sala de la biblioteca espera Aura Díaz López, bibliotecaria docente y responsable de dirigir -desde el 2014-  la peculiar colección que alberga, además de libros, manuscritos, mapas, obras de arte, objetos y documentos que se consideran valiosos por su “rareza”.

“Aquí se incluyen los libros que requieren un tratamiento o un manejo específico y diferente al que tienen los libros que están en circulación”, anticipa Díaz López.

Pero aquí, más que libros, hay curiosidades y pases a tiempos y temas inimaginables.

A muchos de ellos se les considera “raros” porque superan los 500 o 600 años de antigüedad. A otros resulta imposible datarlos.

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Otros se cuelan en esta sala por su temática, ejemplo perfecto un libro de prácticas exorcistas del año 1666.

Únicos ejemplares y señas de personalidades históricas, la historia del libro; si fue censurado o fue edición especial, son solo algunos de los criterios que componen la “Colección de Libros Raros” de la UPR.

“Libros Raros” se formó en el 1985 y lleva el nombre de la primera puertorriqueña que dirigió el sistema de bibliotecas de la Universidad de Puerto Rico, Josefina del Toro Fulladosa.

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La sala tiene tres colecciones principales.

La Colección Jaula (1903) contiene libros de diversos temas y su particularidad es que allí se encuentran los ejemplares que la Universidad adquiría y mantenía, por alguna razón, en una sección “más restringida”, problamente por su contenido. Se encuentran por aquí unos Walt Whitman de 1816, ediciones de “Los Miserables” del siglo XIX y ediciones antiquísimas de “Las mil y una noche”.

Espadas, objetos y documentos de la Revolución Haitiana -de 1789 a 1804- componen la Colección Nemours, comprada por la UPR a finales de los cincuenta y formada por el historiador haitiano Alfred Nemours. La colección se integró en el 1962 cuando, finalmente, llegó en barco desde Francia.

“La importancia de esa colección es que, en aquel momento, se entendía que Puerto Rico debía mirar más hacia el Caribe para desarrollar la identidad caribeña”, cuenta Díaz López.

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En el 1982, la UPR le compró la Colección Genaro Cautiño a la Universidad Interamericana de Puerto Rico y de aquí sale una de las subcolecciones más visitadas de la sala, el compendio de libros y revistas sobre la sexualidad humana o “sección erótica”. Pero la Colección Cautiño también guarda tesoros de autores como Edgar Allan Poe y libros que resaltan por su particular técnica de encuadernación.

Díaz López recibe la visita de estudiantes y profesores investigadores –locales e internacionales- con regularidad. También se encarga de coordinar los préstamos de libros u obras con museos y universidades dentro y fuera de Puerto Rico.

Por lo anterior resalta la importancia de la conservación de las colecciones que cobija la Biblioteca José M. Lázaro y su contribución a la internacionalización de la UPR.

“Estas colecciones tienen que estar aquí para los estudiantes y para las generaciones futuras. Aquí hay recursos que no hay en ninguna parte del mundo”, dice convencida y añade “recibo profesores que vienen a Puerto Rico exclusivamente para investigar en esta colección (Libros Raros)”.

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Díaz López viene de una tradición familiar ligada a la Universidad y reconoce que, de cierta manera, se genera un sentido de pertenencia.

“Uno desarrolla un sentido de compromiso con la colección. A veces me oigo hablando de ‘mi colección o tengo en mi colección’, porque lo ves como algo tuyo. Pero es nuestra colección. De la universidad pública y del País”, sostiene.

Por otro lado, habla de cómo se trabaja para la conservación de los materiales y no tener que llegar a la restauración, que suele ser costosa.

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“Sabemos cómo responden los diferentes tipos de papeles y cómo manejarlos. Tenemos ya identificados elementos que necesitan restauración, pero se necesitan los fondos. La restauración es cara”, comparte Díaz López.

Para evitar la restauración y permitir el ahorro de miles de dólares, se deben mantener los aires acondicionados a una temperatura específica, sin fluctuaciones y un deshumidificador las 24 horas del día.

Algunos libros están en estuches libres de ácidos y además, la iluminación de la sala tiene un filtro para evitar que la luz desgaste los colores de las tapas y folios. Otros son tan delicados que los usuarios deben colocarse guantes de algodón para poder manejarlos.

Con ese mismo cuidado, personas como Díaz López, trabajan todos los días por el rescate del patrimonio tangible que ha formado, a través de los años, la Universidad de Puerto Rico.

“Libros Raros” ubica en el segundo piso de la Biblioteca José M. Lázaro y recibe visitas de lunes a viernes, de 9:00 a.m. a 5:30 p.m.

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