Una danza inspirada en García Márquez

AP / María Teresa Hernández

Una danza inspirada en García Márquez

La maestra Yumiko Yoshioka se apega al butoh y a “Cien años de soledad” en su más reciente proyecto

05 de julio de 2017 07:17 am

Por: The Associated Press

Cuando el cuerpo está inmóvil, encogido sobre el escenario, parece un pájaro herido: las extremidades son finas, la piel casi traslúcida, la cara oculta bajo una máscara de malla. Podría estar congelado en el tiempo y el espacio, pero entonces la maestra Yumiko Yoshioka levanta el torso, se lleva las manos a la cabeza y su cuerpo crece frente a su sombra, se hincha de músculos y estalla junto con la música que simula lluvia.

La última nota se apaga y el ruido de la lluvia real se filtra hasta el auditorio donde Yoshioka presenta ante periodistas su nueva pieza de danza butoh, una puesta en escena inspirada en “Cien años de soledad”, la obra magna de Gabriel García Márquez que recientemente cumplió medio siglo de publicada.

El butoh y “Cien años luz de soledad” tienen un origen común: la representación de un cuerpo nuevo.

El butoh nació de la guerra. A fines de los años 50, los japoneses Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata crearon una serie de coreografías inspiradas en el dolor de su país. A través del baile, pensaban, quizá sería posible recuperar un poco de esos cuerpos que las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki redujeron a cenizas.

El fin de la violencia no es el fin de la memoria. Para 1959, cuando el butoh de Ohno y Hijikata cobró vida bajo sus primeros reflectores, habían pasado casi 15 años desde los bombardeos, pero Japón seguía fracturado. El butoh, en consecuencia, es una danza que conduce a bailarines y espectadores a través de las tinieblas.

“No es una terapia, pero sí puede rescatarnos”, dice la maestra Yoshioka, quien actualmente vive en Alemania pero con frecuencia viaja por otros países de Europa y América Latina para presentar coreografías y ofrecer clases magistrales.

La belleza del butoh no es tradicional. Los artistas suelen salir a escena con la cabeza rasurada, garras en lugar de manos y un vestuario que emula un cuerpo deforme o lacerado. Con frecuencia sus ojos están desorbitados y la boca descompuesta en muecas.

La nueva coreografía de Yumiko Yoshioka nos cuestiona. ¿Podemos vivir solos? ¿Cómo sabemos que estamos vivos si no hay nadie que sea testigo de nuestra existencia?

Tomando “Cien años de soledad” como punto de partida, la artista originaria de Tokio concibió a una criatura solitaria. Su pieza no reinterpreta la trama de la novela que entreteje fantasía y realidad en las historias de la familia Buendía, en el pueblo ficticio de Macondo, sino el impacto que generaron en ella aquellos personajes “extraños”, capaces de desarrollar sus propias vidas y singularidad.

El butoh sigue vigente porque renace en cada cuerpo que danza y articula una coreografía. Es metamorfosis, cambio, movimiento. “Es una danza de la transformación”, señala la maestra. “No solo transforma lo físico, sino también nuestro punto de vista y nuestra manera de pensar”.

Para Yumiko Yoshioka también es un misterio. “Hay presentaciones memorables en las que dejo de pensar y no necesito saber cuál es el siguiente paso”. Y entonces, dice, el butoh vuelve a ser ese viaje que nunca termina y su cuerpo es libre de moverse bajo la guía de algo que no logra comprender.

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