El escritor tiene 30 años, ha publicado dos novelas y reside en Atlanta.

El escritor tiene 30 años, ha publicado dos novelas y reside en Atlanta. / Suministrada / Jo Torrijos

Sergio Gutiérrez, entre los mejores a los 30

El escritor boricua fue seleccionado por su excelencia literaria en el género de ficción

La introducción será sencilla como el hombre. Sergio. Unos cuantos años pero menos de cuarenta. Por esa razón -y otros títulos- su nombre está en la lista de los 39 mejores autores jóvenes de ficción de Latinoamérica del “Hay Festival”.

Sergio no recuerda cuando comenzó a escribir. Quizás porque era aún más joven o porque se le dio de manera tan orgánica que el oficio se le fue revelando después cuando ya no tenía doce años y ya no leía cómics. Pero sí recuerda su libretita en la que, una vez cada par de meses, creaba historias. También que sus primeros premios fueron en el certamen de cuentos “en el que nadie participaba” pero que lo motivó a escribir un buen relato cada año.

“Escribía otras cosas entremedio, pero eso se hizo costumbre. Después cambiaron los intereses pero se me quedó la costumbre de escribir”, comparte.

De ahí que la escritura nunca se le haya emancipado del recuerdo de un hábito que –no infantil– desarrolló cuando era un niño.

“Ese hábito sobrevivió las razones por las cuales lo hacía. No sé por qué lo hacía. Pero me gusta pensar que es el choque entre ese hábito de escribir y las diferentes circunstancias en las que uno escribe. Para mí así funciona: Hábito + circunstancias= imaginación”.

Sin tener la publicación como norte, fue reconociendo la escritura desde la libertad de imaginar “más cosas” y no fue hasta el 2008 que –quizás- el hábito se tranformó, más que en una etiqueta, en un modo de mirar y entender el mundo.

“No me gusta decirme que soy escritor porque me siento incómodo con eso. Me gusta pensar que escribo”.

La distancia que hay de Atlanta a Puerto Rico, y tal vez mayor, es la misma que se da entre el proceso de escritura y la posterior publicación de la “costumbre” hecha libros. La distancia física entre el escritor y el lector le resulta conveniente –precisamente– porque hace menos frecuente la necesidad de identificarse como quien escribe y le deja como único hábito la responsabilidad de escribir.

“Para escribir no es necesario que nadie te lea…para hacerse escritor lo primero sería no pensarse como escritor y pensarse como alguien que escribe. Lo de escritor y autor viene con ciertas cargas sociales que se vuelven como un poco mito. Te vuelves un personaje que no es el mismo personaje que escribe”

Estar seguro del texto + asegurarte que hace lo que tú quieres que haga (- “ya si la gente entiende que lo hace o no, no es tu problema)= publicar.

“La publicación como tal es un encuentro de las circunstancias sociales y económicas posibles. Conocer a alguien que sea un editor y que sea alguien que crea en tu trabajo es algo muy importante. Hay gente que se ha autopublicado sus libros y les va muy bien. Yo todavía creo y confío mucho en los editores”.

“Lo primero es leer y escribir. Si estás comprometido con eso, lo tercero llega por consecuencia”.

ÍNDICE: De vuelta a la primera ecuación (Hábito + circunstancias = imaginación), ¿Cómo ayudan las dolencias personales al quehacer artístico? ¿Qué papel juega la imaginación?

SERGIO: La experiencia personal es la materia prima para explorar otras cosas. Compone algo. Pero no debemos estar limitados a lo que vivimos. La literatura debe ser más libre que eso. La literatura es capaz de expandir los límites de lo posible. La literatura nos ayuda a pensar otras formas de vivir. Ese es el tipo de imaginación que me interesa. Tomar una situación actual y utilizar la imaginación, no solo como invención, sino como aparato crítico, y pensar el presente. Cuando nos dicen que las únicas opciones que tenemos para salir de la crisis son A y B, todo el mundo tiene la responsabilidad de imaginar una C.

Sergio cuenta de una explosión en la literatura puertorriqueña que permanece heterogénea y que el escritor –o aspirante a ser de los que escriben- debe conocer la tradición literaria de la Isla para crear a partir de ella.

A pesar de la crisis -y por ella- es que considera que en Puerto Rico hay menos obstáculos para comenzar a escribir porque no es necesario pertenecer a grupos selectos.

“Los obstáculos para mí serían no caer en las trampas de los talleres. Eventualmente enfocarte en tu obra y difícil sería encontrar tu propia voz. Por más ganas que tengas de entrar al mundo literario no debes sacrificar las razones por las cuales comenzaste a escribir”.

Recordar siempre el primer hábito. Por cualquiera de las razones. Por el sustito en el estómago que se convirtió en tu vergonzoso primer poema. Por el miedo o la incertidumbre de la primera vida que -al extinguirse- te dejó frente a un espejo preguntándote a dónde van cuando cierran los ojos para siempre. Por alejarte o por quedarte. Recordar.

*Sergio Gutiérrez Negrón es autor de Dicen que los dormidos y Palacio. Está próximo a publicar Los días hábiles. Además es columnista y traductor. Actualmente reside en Estados Unidos.

Presiona aquí para visitar nuestra portada.

Cargando...

Continuar

Publicidad

?