Lenguaje Puerto Rico

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¿Cómo hablamos los boricuas?

La idea de que los puertorriqueños hablan un español “vulgar” o “inculto” no es más que la manifestación de un enfrentamiento entre distintas esferas de poder

17 de marzo de 2017 08:28 am

Zorian Chacón O'Farrill | [email protected]

¿Alguna vez has escuchado que los puertorriqueños hablan mal? ¿Que no pronuncian bien las erres (r) y las eses (s)? ¿Que no tienen acento? ¿Que el español se está perdiendo por tanto inglés? ¿Que en Puerto Rico se habla spanglish?

Los puertorriqueños, como los dominicanos y los cubanos, tienen formas del español que son comunes en la zona del Caribe. La elisión de la “d”, aquello que pasa al decir “cuida’o”, “presenta’o” o “había llega’o” y también la aspiración de la “s” final o en el medio de una palabra, son características del español que se habla en las Antillas. La Hipótesis del Esfuerzo Mínimo explica el comportamiento de las lenguas caribeñas planteando que los sonidos evolucionan hacia los más fáciles de pronunciar. Lo anterior ha generado debates entre los lingüistas. Sobre todo porque, partiendo de la hipótesis, sería una forma vaga de hablar el español.

“Esa asociación, precisamente, es la que ha generado el mito de que los caribeños hablamos un español más feo, vulgar o de menos valor”, comentó el profesor del Programa Graduado de Lingüística de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Recinto de Río Piedras, Héctor Aponte Alequín.

En las clases de español se aprende que el español puertorriqueño heredó rasgos del español andaluz, especialmente de Sevilla. Lo cierto es que también es una hipótesis, aunque compartimos formas similares en el habla. A la región que comprende el sur de España, Canarias y las Antillas se le conoce como “español atlántico”.

Según Aponte Alequín, una característica intrínseca del español en Puerto Rico es que la Generación Millennial (jóvenes de 20 a 35 años) tiene una versión de la aspiración de “s” que se conoce como “glotal”.

“Esa articulación se hace en el área de la laringe, en el área de la glotis. Ocurre un cierre, una pausa que marca que ahí va la ‘s’”, explica Aponte Alequín.

La ‘s glotal’ ocurre en la parte posterior de la boca y es difícil que un hispanohablante de otra región pueda imitarla. Por lo tanto, el boricua no elimina la ‘s’, sino que desarrolló otra forma para pronunciarla que resulta más compleja que el sonido regular.

“Si realmente nos movemos hacia el mínimo esfuerzo, hacia lo más simple ¿Por qué estas generaciones han desarrollado una articulación mucho más compleja, en términos fisiológicos? Simplemente, nuestra lengua evoluciona como todas”, expone el también profesor de la Escuela de Comunicación de la UPR.

Todas las formas de habla expuestas anteriormente, incluyendo la erre velar (o erre “arrastrá”) que se le adjudica a los pueblos rurales, han sido catalogadas como vulgarismos o como maneras “poco cultas” del español. Según Aponte Alequín, la diferencia es el control.

“¿Cuál es la distinción entre una lengua culta y no culta? En realidad es una distinción de opinión, de juicio, de control, de poder. La lengua tiene un sistema, el habla de los reguetoneros tiene un sistema, no es aleatorio. Lo único que es un sistema distinto del que controlan ciertas instancias de poder. La escuela, la universidad, la educación formal son instancias de poder porque determinan qué características son aceptables y cuáles no” comparte el profesor.

Aponte Alequín también explica que los fenómenos del español puertorriqueño se asocian rápidamente con la influencia del inglés.

“La influencia del inglés es una variable debatible, tanto monolingües como bilingües se comportan de manera semejante estadísticamente. Se puede considerar la influencia del inglés, pero tenemos que ser cuidadosos porque puede ser que no”, dijo Aponte Alequín y añadió que, aunque existen varias definiciones para el “spanglish” y para los anglicismos, se han logrado consensos para explicar cómo funcionan.

“Cuando hablamos en español y mencionamos una palabra aislada en inglés, por ejemplo, ‘voy al parking’. Ese fenómeno no es spanglish, es una inserción léxica. Simplemente tomé una palabra de otra lengua y la conecté con palabras de mi lengua” aclaró y continuó “para que sea spanglish, tiene que haber una construcción sintáctica más compleja como ‘él vino donde mí and then he said’”.

El spanglish sucede cuando el hablante hace un cambio de código utilizando las estructuras gramaticales del español y el inglés.

En un estudio que concretó la lingüista María Vaquero en el 2001, se reseñó que de 7,304 palabras recogidas en San Juan, 480 fueron anglicismos, para constituir un 6.5%. La cifra fue más alta que en ciudades como Madrid (1.73%) y Ciudad de México (menos de 1%). El año pasado, otro estudio de Juliana de Mora, encontró en México (D.F) un 4.7% y un 7.2% en Monterrey de palabras provenientes del inglés. Se encontraron “ponchar”, “break”, “lobby, “part time”. En el 2013, Madrid arrojó un 5% en uso de anglicismos.

“Por eso nos podemos preguntar, ¿los anglicismos son un fenómeno particular de Puerto Rico o se trata de una tendencia general en el español o incluso en todas las lenguas?”, cuestiona Aponte Alequín, quien además colabora con el Programa Graduado de Traducción de la UPR.

Según un informe del Instituto Cervantes (IC), en el 2016 más de 472 millones de personas tenían el español como lengua materna. El IC también documentó que el 99% de los habitantes en Puerto Rico habla español como primer idioma.

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