Pareja en la cama falta de sexo

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La penetración no garantiza placer

Todo indica que hay mejores caminos, si es que se busca satisfacción para ambos

05 de marzo de 2017 11:30 am

Por: GDA / El Tiempo / Esther Balac

Nosotras, todas, tenemos menos orgasmos por número de polvos que los señores. Y este asunto no es ningún descubrimiento, sino una verdad condicionada por las diferencias en la forma en la que funciona la dotación genital en hombres y mujeres.

Es claro que la eyaculación, en la mayoría de ellos, coincide en el tiempo con el orgasmo, lo que relaciona de manera directa el placer con la reproducción. Como si de esa forma la naturaleza les recompensara el sublime acto de aportar su semilla, así esta no germine o pierda su esencia al depositarse en campos no fértiles.

Noble reconocimiento que en nosotras no es necesario, porque la naturaleza nos permitió dar un paso más en la evolución de estas tareas y separar los orgasmos del asunto procreativo, al punto de que podemos tener placer sin tener que pagarlo con fecundaciones y viceversa, con lo que se comprueba que el goce pleno en el aquello es una función femenina autónoma.

Función –la del placer– que se puede ver afectada por factores emocionales o físicos, pero que también se puede modular, entrenar y mejorar, lo que se traduce en que podemos aprender a disfrutar en la cama de manera genuina, sin tener que fingir gemidos, contorsiones o volteadas de ojo, solo para complacer a la contra parte.

Basta ver un estudio, recientemente publicado en ‘Archives of Sexual Behavior’, que demostró que solo seis de diez mujeres heterosexuales manifestaron sentirse satisfechas con sus polvos, en contraste con el 90 por ciento de las lesbianas y el 70 por ciento de las bisexuales; esto, para inferir que la buena actitud, la eliminación de prejuicios y el despoje de mojigaterías son buenos aliados de los orgasmos. No de otra forma se explican estas diferencias con el mismo armamento.

Y aunque algunos tratan de encontrar brechas orgásmicas a partir de las diferencias en la orientación sexual, lo cierto es que aquí se aprecia que los hombres en la cama personalizan el acto y dejan de lado el estado en que queda su pareja, mientras que, al parecer, cuando dos mujeres van a la cama se alterna hasta que ambas queden satisfechas.

Ahora, si a esto se la suma que (en el mismo estudio) solo 3 de cada 7 mujeres confesaron que alcanzan el clímax con la penetración, me atrevo a decir, con el respeto debido, que este –el de la socorrida penetración– es el peor camino para pasarla bien. Por lo que no queda otra opción que explorar otra forma de estímulos para no bajarnos de la cama, insatisfechas y aburridas. Hasta luego.

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