La Casa del Libro

David Villafañe / Para ÍNDICE

La Casa del Libro is back home

Tras 10 años como nómadas, la histórica biblioteca regresó a su hogar original en la calle del Cristo

Los años han pasado pero la memoria queda intacta, pues los libros que componen esta biblioteca, casa y museo preservan el arte, las letras, el proceso de encuadernar, el diseño, pero sobre todo la historia y cultura.

Han pasado exactamente 62 años desde que el norteamericano Elmer Adler, un antiguo bibliófilo y dueño de la imprenta Pynson Printers, fuera invitado a la Isla por Teodoro Moscoso. Adler fue quien fomentó la idea de crear una entidad que destacara la buena impresión, lo que desató en el 1955 la fundación de La Casa del Libro (LCDL) en una antigua casa colonial donde aún se encuentra.

“La casa alberga libros maravillosamente hechos. Esta casa está dedicada al libro y lo que componen las partes del libro, todo gira alrededor del cuaderno. Adler y Moscoso por querer propiciar una industria de la imprenta hacen el museo que resultó ser un proyecto cultural y educativo”, expresó Karen Cana Cruz, directora ejecutiva de LCDL.

Escritos históricos de la ciudad amurallada establecen que La Casa del Libro es la primera estructura del Viejo San Juan remodelada para la creación de un museo, siendo este el segundo museo fundado en Puerto Rico. El primero es el Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (UPRRP).

Según Cana Cruz, en el momento de la concepción de este museo-biblioteca establecieron que, aunque el edificio donde se encuentra pasaba a ser parte del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) –fundado dos meses luego de la inauguración de LCDL-, como institución serían una entidad sin fines de lucro.

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Elmer Adler (izquierda), fundador de La Casa del Libro.

Suministrada

Aunque la vida de Adler se acortó siete años después de la fundación de LCDL, dejó a su cargo a uno de sus discípulos, el profesor de literatura inglesa de la UPR, David Jackson Mc Williams, quien durante 22 años se encargó de darle continuidad al legado del fundador.

“Otros directores han pasado muchísimos años dedicándole tiempo con muchísima pasión y compromiso a este proyecto. Durante el tiempo que Mc Williams estuvo dirigiendo hubo una restauración del edificio y cuentan que se sentaba en las escaleras de la entrada para que nadie se olvidara de La Casa del Libro”, detalló.

“Las personas que han estado antes que yo han sido muy comprometidas y le han dado mucho a La Casa del Libro con amor”, dijo.

Vuelven a la calle del Cristo

Aunque han vagado como “nómadas” por el Viejo San Juan y han tenido varias reestructuraciones, están de vuelta al espacio donde todo comenzó en la calle del Cristo.

Solo han pasado cinco meses desde que llegaron oficialmente a su hogar, el que no pisaban hace 10 años, y abandonaron el callejón de la Capilla. Sin embargo, La Casa del Libro continúa con su labor de preservar relatos e historias.

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David Villafañe / Para ÍNDICE

“Hay una generación grande que no conoce que existimos, mientras que otra parte no sabe que volvimos a nuestro lugar original”, señaló.

La biblioteca-museo tiene manuscritos antiguos publicados antes de la imprenta, ediciones impresas del siglo 15 (1450-1501 incunables), ejemplares del siglo16I (pos-incunables), afiches de festivales pintados por artistas como Rafael Tufiño y Antonio Martorell y otras obras que se destacan por su valor artístico del “patrimonio movible de la humanidad”.

Actualmente, en el espacio se encuentra una pequeña exposición del artista Elizam Escobar, a quien se le dedicó La Campechada en 2016.

“La idea original de Adler se ha puesto en práctica año tras año con este museo-biblioteca”, sentenció Cana Cruz que a su vez hizo hincapié en que hay colecciones que están disponibles para investigadores, académicos y estudiantes.

Aunque el espacio está abierto para todo público, aún no han mudado todos los libros, pero se espera que ya para marzo todos vuelvan a esta biblioteca especializada.

Las exposiciones de libros no lo son todo en esta casa pues también ofrecen talleres de caligrafía, ilustración, diseño gráfico, encuadernación, fabricación de papel y grabado.

“Damos talleres a adultos y niños pero también tenemos un programa para escuelas públicas que se llama ‘El libro te invita’, que se le da un recorrido y talleres a estos estudiantes”, dijo Cana Cruz.

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La organización también lleva a cabo talleres de ilustración y encuadernación, entre otros.

Suministrada

Al ser una institución sin fines de lucro, se nutre de las donaciones y el trabajo voluntario que dan jóvenes y adultos para seguir impulsando la labor de LCDL.

“Exhortamos a bibliotecarios, estudiantes, maestros y todo público que tenga interés para que pasen y sean parte del grupo de voluntarios de la Casa”, concluyó.

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