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El buen sexo hay que cultivarlo

Al igual que las plantas, hay que regarlo y nutrirlo para mantenerlo en su punto

20 de noviembre de 2016 11:00 am

Por: GDA / El Tiempo / Esther Balac

Si usted piensa que porque está al lado de la persona que ama los polvos de buena calidad ya los tiene asegurados, lo mejor es que se baje de esa nube y empiece a esforzarse para mejorar las cosas en la cama.

El secreto de una vida sexual plena, en medio de una vida larga en pareja, es “creer” que la satisfacción sobre la cama es algo que requiere esfuerzo y constancia y no un agregado más en el combo sentimental que hace derretir de amor y de ilusión a los enamorados.

En otras palabras, los suspiros y las mariposas en el estómago no deslizan hacia orgasmos genuinos o, mejor, que a la planta baja del cuerpo le importa muy poco lo que experimentan algunas presas ubicadas más arriba, así lo promueva la estética empalagosa de Hollywood con sus cuentos de las almas gemelas.

Y esto, valga decirlo, no se trata de rasparles el almíbar a las sábanas, sino de abrirles espacio a los que saben, como un grupo de psicólogos de la Universidad de Toronto (Canadá), que después de husmearles el aquello a 1,900 personas –heterosexuales y homosexuales– concluyó que las que disfrutaban más sobre la cama eran quienes tuvieron que esforzarse para exponer con claridad sus gustos y los de su pareja en el campo sexual, ensayaron nuevas cosas, exploraron, se equivocaron y no dejaron que el azar o las conveniencias se impusieran a la hora del polvo.

Aunque esto parece lógico, lo cierto es que, según la investigación, este grupo es mucho menor de los que se “limitan a confiar en el destino” y de los que están convencidos de que por haber encontrado su media naranja todo en el dormitorio será glorificante y se olvidan que la luna de miel y la etapa de probar posturas más allá de la del misionero, se agotan antes de que pasen tres años y de ahí en adelante lo que se presenta es un tobogán hacia la mortal apatía.

Así que no se desencanten y empiecen por aceptar que los desacuerdos en la cama son inevitables, pero también son un estímulo para entender que los polvos, como a las plantas, hay que regarlos y nutrirlos para mantenerlos en su punto.

En eso, permítanme sacar pecho, las mujeres les llevamos la delantera, señores, y por un trecho bien largo. Hasta luego.

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