DANZAS ÁRABES CONTRA LOS PREJUICIOS

Diana Soto no solo enseña a bailar, sino a entender la diversidad cultural

17 de octubre de 2016 07:00 am

Por: MARÍA DE LOS MILAGROS COLÓN | [email protected]

DIANA SOTO había bailado danza contemporánea y flamenco desde niña, pero fueron las danzas árabes las que de adulta la enamoraron y se convirtieron en una herramienta para educar más allá del cuerpo.

“Quería lograr utilizar las danzas árabes como un mecanismo para explorar tanto la diversidad en el mundo árabe, que a veces solemos simplificarlo un montón y lo reducimos a los clichés, como también explorar nuestra relación con ese mundo”, dijo Soto, quien ofreció el pasado semestre un curso en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico llamado “Humanidades en acción: Danzas del Medio Oriente” y tiene una academia de baile, “Belly Dance para [email protected]”.

Su trabajo como educadora es “hilvanar mente y cuerpo”, ofrecer un espacio donde, a través de una combinación entre práctica y teoría, se discutan conceptos como “orientalismo”, es decir, la creación de una imagen particular de los países de oriente que justifican ataques, invasiones, miedos y prejuicios.

“Cuando yo me pongo, como quien dice, en ese otro cuerpo y literalmente me muevo como ese otro cuerpo, cómo yo me siento, con qué prejuicio quizás me encuentro, qué miedos afloran”, son algunas de las preguntas que plantea en su clase.

Es a través del baile que se comienza a cuestionar el modo en que se mira el mundo árabe, a derrumbar esos prejuicios y a abrir los brazos a la aceptación. Pero llegar a la Universidad también fue un reto.

“En la academia, por la forma en que ha sido estructurado el pensamiento occidental, tenemos esta idea de cuerpo y mente y de que son dos cosas aparte”, explicó, reconociendo las dificultades de entrar a este mundo “porque la mayoría de la gente que está en la academia tiene cero o muy poca educación corporal”.

Pero hay otro nivel de prejuicios sobre los que se trabaja con la danza, se trata del prejuicio sobre los cuerpos de los mismos estudiantes.

“Hubo muchas muchachas que la clase les ayudó a estar en paz con su cuerpo en distintos niveles. Algunas que entendieron que podían estar sobre peso y aun así ser bailarinas y ser bellas y ser sensuales y ser ágiles”, relató Soto.

“Otra, que era una señora mayor, había sufrido una caída y desde entonces había perdido mucha confianza en su cuerpo porque sentía que ya estaba vieja, que ya no tenía el mismo control y de repente tomar esta clase fue como una revelación de yo sí puedo, mi cuerpo todavía tiene mucho que ofrecer”.

Diana Soto ofrece clases a adultos de todas las edades, sexo, experiencias; en fin, “Belly Dance para [email protected]”.

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