José Lebrón y Sheilla Torres

Gerald López / Para ÍNDICE

Matrimonio boricua regresa a la Isla con su invento

Los ingenieros mecánicos Sheilla Torres y José Lebrón se lanzaron a la aventura de iniciar una empresa diez años después de haberse ido a estudiar y trabajar en Estados Unidos

Sheilla Torres y José Lebrón han evolucionado juntos.

De ser desconocidos, pasaron a ser amigos y compañeros de estudios. Con el tiempo, la amistad y el compañerismo se transformó en un noviazgo que se coronó con un matrimonio. No había duda de la afinidad que había entre ambos y que uno complementaba al otro. Ahora, esa unión parece no querer parar de evolucionar al convertirse en el 2014 en cofundadores de una empresa (startup).

La historia de ambos inició en 2000 mientras estudiaban ingeniería mecánica en la Universidad de Puerto Rico (UPR), Recinto de Mayagüez, y continuó con un nuevo capítulo en Estados Unidos, donde fueron a buscar sus respectivos doctorados y a trabajar en la industria aeroespacial. En el 2006 se casaron.   

Les iba bien. Pero Sheilla y José, jóvenes de 34 años de edad y sin hijos, sentían que tenían que llevar sus talentos y pasiones a otro nivel: comercializar un invento.

La pareja fundó en agosto de 2014 Sunne CleanTech Lab, compañía con la que apuestan a comercializar su producto: un calentador de agua solar innovador que cuenta con el respaldo de la aceleradora de negocios Parallel 18 y Startup.pr. 

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“Ese día celebramos que teníamos un papel oficial que decía que éramos una compañía”, recuerda la también profesora de ingeniería mecánica.

Ya no había vuelta atrás. Las amarras se habían soltado de Connecticut en julio de 2015 e iniciado la navegación rumbo a Puerto Rico, donde la historia de ambos empezó.   

Aquí y no allá

Querían que la aventura empresarial fuera aquí, no allá, pese a que las posibilidades de éxito en estados como Florida y Arizona eran muy grandes; querían intentarlo en la Isla, querían regresar, diez años después de la partida, y a pesar de la crisis fiscal que enfrenta el gobierno.

Por un lado, Sheilla veía este nuevo riesgo como una “oportunidad de nosotros unir un montón de nuestras pasiones”, mientras que a José lo llamaba “el reto. A mí me gusta probar de qué yo soy capaz… No somos muy fanáticos de lo fácil y de lo estable, a nosotros nos gustan los retos y la aventura”.

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Se desprendieron de muchas de las cosas materiales que habían acumulado hasta entonces, la mayoría de lo cual fue donado a una comunidad boricua en Hartford, y se quedaron con el conocimiento, el montón de experiencias y una mentalidad de integración con personas de distintos países.

Y no solo eso. El matrimonio dejó atrás “un potencial futuro financiero espectacular… ojalá que nos vaya bien, pero allá teníamos estabilidad financiera”, dice José, a lo que Sheilla agrega “pasamos de tener una seguridad financiera dada a tener una seguridad financiera que es nuestra responsabilidad”. Era algo así como volver a ser los universitarios del “Colegio” de Mayagüez cuando buscaban las formas de estirar el peso y se trabajaba en equipo.

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Toman la decisión, un poco por la nostalgia, otro tanto por el deseo de devolver a la Isla parte de lo que esta les ayudó a desarrollar en ambos.

“Nosotros le debemos esto al país. Nosotros tenemos todos este expertise; nosotros podemos hacer estas cosas, por qué no hacerlo allá y favorecer a la gente de allá”, comentó José.

El nacimiento y desarrollo de una idea

La idea del calentador de agua solar surgió en el 2010.

“Un día estábamos en Ponce, sentados en casa de mi hermana, y José vio un calentador solar y dijo: ‘Sheilla, eso debe estar en todos los techos de todas las casas de Puerto Rico’. El calentador es el enser que más energía gasta y la luz está cara”, contó Sheilla.

Para entonces, el par de ingenieros estaba apasionado con la energía renovable –ambas disertaciones doctorales estaban relacionadas con el tema-. 

Se comenzaron a hacer preguntas: “¿Qué limita que la gente use la energía renovable cuando el costo energético es tan alto? ¿Qué podemos hacer para cambiar esto?”.

La pareja comenzó a hacer prototipos del calentador en la sala de su apartamento en Connecticut, lugar que convirtieron en el taller del producto, desde donde lo llevaban a los parques para probarlo, con la excusa de irse de “picnic”, recuerda la ingeniera entre risas. Eventualmente se las ingeniaron para traerlo a la Isla en el 2014 –se vinieron con dos maletas y el calentador– para probarlo por seis meses en la casa de los padres de Sheilla. “Y fue un éxito”, sostienen.

De ahí surgió su invento, un calentador más compacto, liviano, eficiente, estético, de fácil instalación y que promete ahorrar 30 por ciento en la factura de luz –ya cuentan con una patente provisional y ahora está en la etapa de manufactura, aquí en la Isla.

“Para nosotros ha sido una aventura desde el primer día”, mencionó Sheilla. “Es una satisfacción inmensa ver como empezamos con una idea probando cosas en la sala de la casa”, agrega. “Muchas veces uno piensa, quizás yo soy el único que piensa que esto es una buena idea”, dice por su parte José.

Sunne Cleantech Lab no solo aspira a desarrollar sus propios productos, sino a convertirse en un taller de trabajo para ingenieros y estudiantes internos, y en un laboratorio en el que se puedan desarrollar productos, alternativas que pretenden darle más opciones a jóvenes profesionales para que permanezcan en el país.

Empresarismo en tiempos de crisis fiscal

Ambos están conscientes de los problemas fiscales y económicos que actualmente enfrenta la Isla, no obstante, los emprendedores no se quitan, sino que siguen apostando por su producto y aprovechando las oportunidades de desarrollo de negocio que han encontrado en la Isla.

Sheilla destaca que han comprobado que hay un grupo de empresarios, funcionarios de gobierno y del Tercer Sector que apuesta a la creación de empresas como forma de mover la economía.

“Ellos quieren verte triunfar, porque si tú triunfas, todos triunfamos”, destacó Sheilla.

Como medida adicional de protección personal, el matrimonio mantiene las deudas personales bajas, así como el estilo de vida; además de ser selectivos con la información que consumen, porque la “negatividad es como una gravedad que te hala al dark zone”, apuntó José.

“Sí existe una crisis, pero eso no es todo, también hay cosas positivas pasando, también hay posibilidades de moverte, hay posibilidades de echar hacia adelante, quizás enfocarnos un poco más en las oportunidades que tenemos y en las cosas positivas; y no es que ignoremos las cosas negativas, pero sí, tú puedes reconocer que existen las cosas negativas y quizás enfocarte un poco más en lo positivo”.

¿Qué opinión tienes de la Junta de Control Fiscal?

José: “Esto es un problema tan grave que realmente nadie sabe la solución… La Junta de Control Fiscal, creo, que a la larga, ojalá funcione; pero esto no hay manera de resolverlo que no sea doloroso, estamos en un punto donde va a doler como quiera, es como una enfermedad bien avanzada: vas a vivir pero te van a cortar un brazo… El pedido del pueblo debe ser no más deuda… no nos sigas endeudando por nuestros hijos, por nuestros nietos, por nuestra gente joven, no nos sigas endeudando”. 

Sheilla y José no se arrepienten de haber regresado –solo les preocupa, confiesa José, que ante una situación de salud no encuentren a los médicos necesarios.

“El hecho de irnos nos permite apreciar mil veces más todas las cosas que tenemos como pueblo”, comparte Sheilla. “Cuando dicen: ‘¡Qué calor! Nosotros decimos: ‘Ay sí, qué rico! Estuvimos 10 años congelándonos’”, añade José. 

Y mientras tanto, el matrimonio celebrará este año su décimo aniversario, y de seguro tienen mucho que celebrar. “Siempre vamos celebrando –comenta Sheilla– los pequeños logros”.

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