Campamento contra la Junta de Control Fiscal

Campamento contra la Junta de Control Fiscal / Para INDICE / Alejandra M. Jover Tovar

FOTOS Y VÍDEO: Así se vive la noche en el Campamento Contra la Junta

Decenas conviven desde el 29 de junio en las aceras frente al Tribunal Federal

15 de julio de 2016 07:00 am

Por: Alejandra M. Jover Tovar | [email protected]

Las gotas de sudor resbalan calientes, pegajosas, empapando todo. No hay respiro. El mismo aire asfixia, el rostro enrojece y no hay escape. Desespera, pero se aguanta. Se aguanta porque no queda de otra.

Así se sentía la noche. Así se sentían los corazones que, el pasado lunes, alzaban su protesta pacífica pero militante contra la Junta de Control Fiscal frente al Tribunal Federal de Hato Rey.

El calor era endemoniado. No había botella de agua, abanico o ropa ligera que diera tregua al bochorno, y eso que están en plena calle, en la avenida Carlos F. Chardón, donde debería correr algo de brisa. Pero, en medio del verano, es demasiado pedir. Milagrosamente, los mosquitos no estaban haciendo estragos gracias al imparable rocío de repelente.

No se oye nada más que voces, risas y conversaciones de niños, adolescentes, estudiantes universitarios, profesionales y retirados; las distracciones son pocas, aparte de la biblioteca que lograron montar gracias a las donaciones de Libros Libres y un sofá que les permite descansar un rato. De fondo, ondea la monoestrellada de luto, que tan mal ha caído en la calle San José del Viejo San Juan, pero aquí, es indispensable.

Justo en la acera frente al tribunal, se alzan al menos ocho carpas. Entrada la noche estaban deshabitadas y un guardia federal miraba hacia el grupo reunido al otro lado. En los predios de las instalaciones colocaron unos inmensos reflectores, tipo estadio, que enceguecen a quienes los miran. “La guerra psicológica”, murmura uno de los manifestantes.

Esos reflectores fueron, al principio del campamento, un punto que provocó la movilización de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) y los medios de comunicación: al ser instalados, se colocaron los generadores de tal manera que el humo daba directamente hacia el campamento y los muchachos, en un intento de no asfixiarse, fueron a colocar una carpa. Ahí se dio el encontronazo.

“Nos amenazaron con pepper spray, nos dijeron que los generadores no se podían mover sino con grúa y nos estábamos ahogando… cuando vieron llegar las cámaras, ahí vinieron dos y los cargaron a mano y los quitaron”.

"Lorena"
Manifestante

La joven, de unos 25 años, prefirió, como muchos otros, no ser identificada por su nombre. Las represalias preocupan, pero no se irán.

No solo ha habido resistencia por parte del personal de Tribunal Federal (que mantiene cerradas las tormenteras y prende las luminarias justo cuando los muchachos empiezan a recoger para descansar), sino de la misma gente: hace unos días, uno de los manifestantes fue atropellado por un conductor que, según alegó, les tiró la guagua porque estaban allí “ilegalmente”. La Policía interceptó al sujeto, pero los que allí se encontraban no supieron decir a ciencia cierta si se está cursando la querella. 

Todos los atropellos son recogidos por los miembros del Comité de Prensa, encargados de llevar bitácoras, grabar y dar a conocer por las redes sociales lo que está sucediendo en el campamento. En la página de Facebook, Campamento contra la Junta, hay al menos 6 mil seguidores, y los comentarios, en términos generales, son positivos. Pero fuera de la página, los “váyanse a trabajar”, “vagos” y “prende y pasa” son la orden del día, de lo que Lorena está consciente.

“Nosotros no dormimos. Yo he estado 11 días aquí y no me he ido; descansamos cuando podemos, pero siempre estamos pendientes unos de otros. No hemos tenido problemas de seguridad, pero no podemos bajar la guardia”

"Lorena"
Manifestante

De “vagos” no pudimos ver nada: el campamento funciona como una miniresidencia de “puertas abiertas” con su cocina de gas, fregadero montado en paletas, alacena (donde almacenan todo lo no perecedero), biblioteca, baños portátiles, áreas de reunión y hasta una ducha. La comida se comparte y lo que no se come, se dona: viven de lo que les trae la gente y siempre hace falta algo (cebolla, ajo, tubérculos, berenjena, vegetales, granos, cubiertos, café, leche, azúcar, frutas de cáscara dura, pan sobao, huevos, etc.) y nadie se queda sin comer. “Las tropas comen primero”, comenta don Luis Viera, el encargado del Comité de Comida, un retirado de 55 años que mantiene alentado al grupo y quien se instaló en el campamento desde el primer día, inspirado por un grupo de jóvenes universitarias que llegó a ocupar la acera frente al tribunal.

Nada se desperdicia y hasta están haciendo composta para alimentar huertos caseros. Hay suficientes zafacones para clasificar los desperdicios, y lo que tiene uso se transforma. “Tratamos de promover la sociedad en la que nosotros queremos vivir”, comentó otra de las manifestantes. “Estamos dando el ejemplo; aquí no ha habido una palabra cruzada, un problema, un reclamo. Todos estamos con todos, nos cuidamos y colaboramos. Así funciona”, explicó.

“Siempre nos hace falta hielo para mantener la comida, pero lo que no se come se envía a la Fondita de Jesús, al Comedor Comunitario de la UPR, a quien lo necesite… una de las muchachas nos habló de una familia pasando necesidades en Orocovis y para allá les mandamos una compra… si no es nuestro, ¿por qué acapararlo? Hay que darlo pa’lante”

Luis Viera
Manifestante

Sobre su presencia en el campamento, Viera dice que se sintió inspirado por los jóvenes que, un día, decidieron montar sus carpas y alzar su grito de queja contra la imposición de una junta de control fiscal federal, lo que perciben como una estocada al país.

“Hemos sido un pueblo engañado y se nos viene encima una dictadura plenaria, con todos los poderes para bregar con los salarios, los servicios del país… el pueblo está callado, en silencio y no sé cómo comprenderlo; a veces pienso que es el mismo adoctrinamiento que hemos recibido”, lamentó.

El grupo arrancó el 29 de junio con un centenar de personas, pero la asistencia ha ido menguando. Al momento, hay unas 50 y, de noche, se puede ver una veintena. Durante nuestra visita nocturna, poco después de las 9:00 p.m. llegó más gente luego de salir de sus trabajos para unirse y cada noche, desde el quinto día del campamento, hacen una asamblea para discutir lo más importante y aclarar las dudas.

El campamento tiene tres puntos como norte: sus integrantes quieren la descolonización, desaprueban la imposición de la Junta de Control Fiscal impuesta por la Ley Promesa y exigen su derogación. Cada noche, debaten por cerca de tres horas los asuntos que no les quedan claros y van afinando detalles, con ayuda de abogados, maestros y otros profesionales que prestan su tiempo y participan de las asambleas.

El sentimiento que los une, sin embargo, es el de solidaridad, respeto mutuo y, sobre todo, rechazo al estatus colonial de Puerto Rico. “Esa gente vino a invadir aquí en 1898”, dice don Luis, quien constantemente cita a Pedro Albizu Campos.

“El imperio no nos ha dado nada y si no nos ayudan, pues que se vayan. La deuda es de ellos, no nuestra; que la paguen ellos”

Luis Viera
Manifestante

Las pintadas en las paredes son también gritos silentes: “¡Boricua, despierta! Pide tu independencia”; “Muerte a las colonias”; “Ante la junta desobediencia, resistencia-organización”; “Rescatemos al pueblo, no a los bancos” o “Defiende lo tuyo” son solo algunos de los sentimientos que hacen eco del sentir de los habitantes del campamento.

No se irán. No se irán porque sus conciencias no se lo permiten. No se irán porque creen que su reclamo es válido y esperan a otros para que se unan. No se irán, porque quieren a su Isla y se hartaron de promesas vacías y falta de empatía hacia las necesidades del pueblo. No se irán.

“Este país me ha fallado en poder echar hacia adelante… La gente decía que cuando llegara la independencia al país la gente se iría corriendo y mire, caballero, no ha llegado la independencia y se están yendo (decenas de) familias diarias… decían que si llegaba la independencia el país se iba a ir a quiebra; ¡estamos en una quiebra y la independencia no ha llegado! ¿Cuándo vamos a entender que tenemos que dejar de mirar al norte?”, reclamó un manifestante con indignación.

La respuesta aún está en el aire. 

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