Ansiedad

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¿La depresión nace en el estómago?

Estudio correlaciona el sistema digestivo con los estados de ánimo

31 de mayo de 2016 04:00 pm

Por: GDA / El Mercurio | Chile

No hay duda de que el cerebro y el sistema digestivo se comunican. Lo hacen a través del sistema neuronal entérico, una red de cerca de cien millones de neuronas que se encargan de que el sistema digestivo esté funcionando non stop. 

"Nunca está detenido: siempre hay aire, hay líquidos, hay contracciones, hay fenómenos que están ocurriendo, aunque no tengamos consciencia de ello", explica el doctor Daniel Cisternas, médico de Clínica Alemana y presidente de la Agrupación Chilena de Neurogastroenterólogos. Esta red neuronal es tan potente que los especialistas hablan del sistema digestivo como "el segundo cerebro". 

Pero, ¿y si no fuera la mente la que afecta al estómago, sino al revés? ¿Podría ser que la ansiedad, la depresión o el estrés nacieran en el sistema digestivo y desde ahí llegaran al cerebro? ¿Lo que sucede dentro del abdomen puede ser un causante más de los trastornos del ánimo que aquejan más a las mujeres? 

La respuesta, sorprendentemente, es sí. Los científicos llevan algún tiempo haciéndose esta pregunta. Y lo que han descubierto al intentar contestarla abre nuevos caminos en el tratamiento de los síntomas de trastornos del ánimo frecuentes. La salud mental tiene una nueva frontera. 

Probióticos y ánimo

"La ciencia moderna ha reconocido una fuerte conexión entre la salud de los intestinos y cómo nos sentimos, pensamos y actuamos. Esta conexión es tan fuerte que hay muchos problemas que afectan principalmente a la mujer, como la depresión y los dolores de cabeza asociados a migrañas, que podrían ser tratados alterando el ecosistema del sistema digestivo", explica el doctor William Parker, docente de la Universidad de Duke, en Estados Unidos

¿Cómo se altera este ecosistema? Interviniendo la flora bacteriana que habita en el tubo digestivo y que se conoce como "microbiota". Para esto, el doctor ha liderado un estudio en el que se introducen lombrices dentro de los intestinos de los pacientes. 

"La idea de intervenir así el ecosistema intestinal suena algo extraña, pero miles de personas ya lo están haciendo, y probablemente va a demostrar ser necesario tanto para la salud del sistema digestivo como de la mente"

William Parker
Docente de la Universidad de Duke

Sin embargo, la mayoría de las investigaciones se basan en una "terapia" más simple: alterar el status quo bacterial de los intestinos con más bacterias "de las buenas", que se conocen como probióticos. 

"Muchos estudios confirman que algunos probióticos pueden ser de ayuda en casos de depresión", confirma el doctor. 

Los primeros estudios, como es usual, fueron realizados con animales. Uno de los más conocidos se anunció en 2011, en un encuentro de la Sociedad Americana de Neurociencia. Unos ratones estaban en un laboratorio en la Universidad de McCaster en Ontario, Canadá, cuando inyectaron una serie de bacterias en sus intestinos. Si ya estaban estresados por el encierro, con esto sus índices de cortisol -la hormona del estrés- se dispararon. Esas bacterias venían de ratones que estaban sobreestresados intencionalmente, lo que demostró que el estrés se podía transferir de un animal a otro, sin que el cerebro interviniera. Y que fueron las bacterias las que llevaron esta alteración de un cuerpo a otro. 

"Los investigadores han demostrado que el cerebro envía señales a los intestinos, lo que explica por qué el estrés y otras emociones pueden contribuir a generar síntomas gastrointestinales. Nuestro estudio muestra lo que ha sido largamente sospechado, pero hasta ahora solo había sido probado en estudios con animales: que las señales también viajan en el sentido contrario. La conexión entre el cerebro y el sistema digestivo es una avenida con tránsito en ambos sentidos"

Kirsten Tillisch
Investigadora de la UCLA

En el trabajo de la doctora, se analizaron las reacciones de mujeres de 18 a 55 años, luego de comer yogures con probióticos agregados. A través de resonancias magnéticas, se pudo ver una menor actividad en las zonas cerebrales relacionadas con el procesamiento de las emociones y las sensaciones. 

"El cerebro es diferente en hombres y mujeres. Estudios recientes demuestran que también hay diferencias en la microbiota. Por eso al estudiar esto se trabaja solo con un sexo, como en nuestro estudio, o con un grupo de personas lo suficientemente grande como para hacer comparaciones", explica la doctora Kirsten desde California. 

Según la información entregada por la universidad, se trata de la primera evidencia de que las bacterias obtenidas a través de la comida pueden afectar el cerebro humano, hallazgo que muestra el camino hacia el uso de la dieta para mejorarlo. Pero queda camino por recorrer. No es cosa de ingerir una bacteria específica para tratar la ansiedad o la depresión. Al menos, no todavía. 

¿Sientes ansiedad? Busca estos alimentos:

Seguir ciertas pautas de alimentación ayuda a mantener la flora bacteriana intestinal saludable.

Según el doctor Peter Bongiorno, médico naturópata y presidente de la New York Association of Naturopathic Physicians, esto podría prevenir que se desencadenen trastornos del ánimo que hoy se sabe que pueden estar vinculados con bacterias, entre ellos, la depresión y la ansiedad. Para esto, la dieta debiera incluir: 

#1 Más fibra. Las bacterias "buenas" se alimentan principalmente de nutrientes que provienen de vegetales y frutas. Se recomiendan especialmente las cebollas, ajos, alcachofas, peras, plátanos y manzanas.

#2 Menos azúcar. Cuando hay demasiado, aumentan los niveles de levadura en los intestinos.

#3 Más probióticos naturales. Están en el yogur (idealmenteno industrializado), el sauerkraut casero (sin pasteurizar), el suero de leche, los pickles (en especial el kimchi coreano), el miso (pasta japonesa de semillas de soya) y los quesos añejos (duros y amarillentos).

#4 Probióticos "de farmacia". Deben contener las bacterias lactobacillus y bifidus.

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