Jóvenes

Teresa Canino

Jóvenes al servicio de la tierra

Tres miembros de los clubes 4-H comparten sus proyectos de conservación medioambiental

27 de abril de 2016 07:26 am

Por: Olga Román | [email protected]

Este trío de estudiantes integrantes de diferentes regiones de los Clubes 4-H, quieren demostrar que la juventud no está perdida, además de la importancia de la agricultura para nuestro País.

María de Los Ángeles Robles Sellés y Gabriela Rivera Mejías, ambas de 17 años de edad, y Wilzave Quiles, de 15, han desarrollado variados proyectos ambientales en los clubes de sus regiones y participarán, además, en la feria agrícola Agrópolis, que celebra sus 15 años de existencia.

En el evento, que se llevará a cabo del 29 de abril al primero de mayo en el Jardín Botánico y Cultural de Caguas, se realizarán actividades culturales y educativas relativas a la agricultura y el agroempresarismo local, además de un “encuentro amistoso” entre los Clubes 4-H y Future Farmers of América (FFA).

No es casualidad que tres niñas sean las entrevistadas de ÍNDICE, pues Judith Conde Pacheco, directora del Programa de Juventudes de los Clubes 4-H, expuso que, de acuerdo con un informe reciente del perfil de la matrícula, se identificó que hay más féminas que varones, incluso, asumiendo proyectos relacionados con la agricultura.

Los encuentros amistosos de la feria, que por primera vez se realizarán en equipos combinados por las dos organizaciones, tendrán dos categorías: un concurso de oratoria con el tema “El rol de nuestros jóvenes en el desarrollo del sector agrícola puertorriqueño” y un trabajo en equipo de evaluación de ganado lechero.

Mientras que Wilzave participará de la oratoria, María de Los Ángeles integrará un equipo de tres para la evaluación de ganado lechero. Gabriela, por su parte, planea exponer material informativo en la actividad.

Tremendas líderes

María de Los Ángeles ha sido presidenta durante dos años consecutivos del club 4-H “Revolución”, (región Caguas) de la escuela Escuela Ramón Power y Giralt, en Las Piedras.

La joven tiene varios proyectos. Uno de ellos, es la venta de quesos artesanales (blanco o relleno de guayaba) producidos con la leche que sobra de la vaquería propiedad de su familia.

También tiene un proyecto de huertos comunitarios en su plantel. “Hemos podido vender una cantidad mediana de nuestros productos para poder hacer el día de logros de mis socios”, afirmó la joven, que comentó que también participa en la “Ruta 4-H para un estilo de vida saludable”.

Detrás de cada una de las tareas que emprende, la misión de la estudiante de cuarto año es “demostrar que la juventud no está perdida”.

Gabriela, de San Juan, es estudiante del sistema de homeschooling y miembro del Club Trébol de Esperanza, que tiene un enfoque ambientalista.

“Tenemos cuatro problemáticas que nos preocupan de Puerto Rico: los manatíes, las tortugas marinas, el maltrato a los animales y los polinizadores”, reseñó la joven, que agregó que su grupo se dedica a compartir información sobre estos temas en sus respectivas comunidades y población en general ya sea en persona, o por medio de las redes sociales.

Wilzave, por su parte, estudia en la Escuela Superior Vocacional Antonio Luchetti, de Arecibo; es socia del club 4-H de Camuy y, además, es la presidenta de la región norte de la FAA.

“Mi proyecto está basado en concientizar a las familias acerca de la importancia de producir nuestros propios alimentos”, explicó la joven, que, como parte del proyecto, en sus vacaciones del año pasado, les ofreció charlas a sus vecinos sobre la importancia de tener huertos caseros, al tiempo que les regaló semillas para que las sembrarán en sus propiedades.

“A ellos les encantó. Se mostraron interesados. Me di cuenta de que la comunidad está interesada en la agricultura. Les prometí que iba a realizar otra charla, pero que iba a ser de remedios para las plagas dentro del huerto casero”, señaló.

“Las dos organizaciones (4-H Y FFA) yo las amo. Me han ayudado a crecer en liderazgo y a desarrollarme en la agricultura”, declaró la líder.

La estudiante, además, comentó que quiere establecer un huerto casero en un espacio abandonado de su comunidad.

“Es un terreno que lo tienen de basurero de carros. ¿De qué vale tener un patio perdido cuando se puede utilizar para sacar provecho para a la comunidad?”, cuestionó Wilzave, que agregó que los fondos que genere el huerto, podrían cubrir los gastos de aquellos miembros de su comunidad que tengan necesidades.

“La mayoría de mis vecinos son personas mayores. Quién sabe, si en un caso de emergencia, tal vez no tengan para pagar sus medicamentos y a través de esa recolecta de dinero, se puede sufragar esos gastos”, estableció la joven.

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