Carmen Vega

Andre Kang / Para ÍNDICE

Hornea su éxito

Carmen Vega amplía su carta empresarial con Fairy Cakes, empresa dedicada a la confección de cupcakes

18 de abril de 2016 06:32 am

Por: Olga Román | [email protected]

Carmen Vega era una joven tímida, “que hablaba muy poco”, hija de una mujer que echó hacia adelante a sus cinco hijos con tan solo “un tercer grado” en la dura ciudad de Nueva York y, al mirar atrás, todavía le sorprende lo alcanzado: una maestría de Harvard, la creación del Museo del Niño y la apertura de un negocio.

Sentada en una mesa de su acogedor negocio, Fairy Cakes, establecido en Hato Rey hace tres años, recibió a ÍNDICE para hablar de la presente etapa y por qué la palabra jubilación no tiene nada que ver con ella.

A pesar de sus más de 35 años de experiencia en el campo de la pedagogía, su etapa “como educadora, escribiendo propuestas” ya pasó. “No me digas maestra; soy baker”, estableció entre risas, para luego aclarar que “no se cansa de educar”.

“Quiero que la gente sepa que puedes comerte un postre saludable”, expuso sobre el negocio en el que ofrece cupcakes y bizcochos orgánicos libres de ingredientes artificiales.

Nacida y criada en Nueva York y “producto de la escuela pública”, comentó que su maestría en educación de la Universidad de Harvard transformó su vida, pues le ayudó a vencer la timidez y abrir su mente.

En Estados Unidos, trabajó como maestra de niños latinos en escuelas públicas; fue terapista de familia y dirigió una clínica para jóvenes y familias en crisis.

Sin embargo, tenía a Puerto Rico pegado al alma, pues su madre, quien se crió en el barrio Sonadora, de Aguas Buenas, le enseñó a amar nuestra tierra, de modo que en su hogar, el arroz con habichuelas no faltaba y se hablaba español, idioma que ella domina a la perfección.

Entonces, la educadora, su esposo y la hija de ambos, se trasladaron a Puerto Rico porque “querían criar a sus hijos acá”.

“Aunque yo viví 30 años en Estados Unidos, mi identidad nunca la perdí. Quería que mis hijos tuvieran esa experiencia”, narró y agregó que su hijo menor nació en la Isla.

Aquí, dirigió un programa de educación bilingüe hasta que, un buen día, se dio a la tarea de establecer el primer museo para los niños del País, que cerró en marzo pasado por “problemas en la economía”.

“Mostramos que la educación no tiene que ser algo aburrido, que enseñar a través del juego es una maravilla”, narró sobre la entidad sin fines de lucro fundada en 1987 y que abrió sus puertas al público en 1993.

“Ahora, me puedo dedicar de lleno al negocio”, afirmó, al tiempo que aseguró “no le tengo miedo al trabajo”.

Ese amor por el trabajo, fue una de las tantas cosas que le enseñó su madre, que le decía que siempre “fuera la mejor” en la tarea en la que se desempeñara y, teniendo eso como norte, Vega ha practicado el perfeccionismo.

Sin embargo, dicha cualidad ha sido mal vista por sus colegas varones y ha experimentado un trato diferente por el hecho de ser mujer. “Cuando me gradué de Harvard y fui a dar clases por primera vez en Boston, esos maestros me trataban horrible. Decían: ‘Ella no va a poder bregar con esos nenes; se la van a comer viva’”, narró.

“Nunca me he parado. No dejo que nada me pare”, afirmó.

“(Las mujeres) hemos logrado mucho, pero la lucha no ha terminado”, sentenció.

La comerciante no vislumbra la jubilación en un futuro cercano. “Me quiero enfocar en esto (el negocio) ahora mismo. Quiero viajar. He viajado un poquito porque mi tiempo está comprometido. Mi meta es ir a Italia con mi hija”, concluyó.

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