Agapita

Para ÍNDICE / Vanessa Serra

Vive como un niñ@

Para ser feliz, hay que pensar con la misma simpleza que un chiquitín

18 de marzo de 2016 01:39 pm

Olga Román / Para ÍNDICE | [email protected]

Con su nariz de plástico roja y redonda, sus dos moñitos multicolor y su colorido traje con corazones, la payasa “Agapita” le arranca sonrisas a los adultos que van por su paso y los hace recuperar ese gesto infantil de genuina felicidad.

Y, en el marco del Día Internacional de la Felicidad, a celebrarse el próximo domingo, 20 de marzo, la payasa -cuyo nombre de pila es Bianca Estela Estrada Ortiz- aseguró que esa forma simple con la que los niños asumen la vida, es el camino a la alegría.

El oficio le corre por las venas, pues su padre era payaso y la llevaba a sus actividades, donde ella fungía como “su asistente”. Fue él quien la bautizó como “Agapita”, derivado del “agave”, que, según explicó, significa “amor fraternal”.

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“Cuando él se murió, yo me olvidé de eso. Cuando llegué a la adolescencia, me llamó la atención esto de las payasadas” y, de esta forma, estableció su personaje formalmente, “con una visión más madura”, recibiendo la mentoría de otros payasos que la ayudaron a llevar la comedia a su oficio y a su personalidad.

No cabe duda, Agapita es un ser feliz y las “payasadas” no acaban cuando se quita el disfraz, pues su esposo es el payaso “Che-ché” (Fernando Feliciano).

“Hemos sido un equipo”, expresó sobre el hombre con quien lleva casada cinco años y quien le ayuda con el diseño de los vestuarios y los pasos de comedia.

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Entre risas, comentó que los chistes abundan en su relación, al punto que, en el hogar de ambos, a veces es difícil identificar cuándo están hablando en broma y cuándo en serio.

“El lado positivo es que no peleamos”, expuso la simpática mujer de 33 años de edad y quien cuenta con el canal de YouTube, “Payasita Agapita”, en el que publica vídeos cómicos y educativos.
Agapita estableció que, para hacer felices a otros, ella tiene que ser feliz primero.

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“Llevar felicidad a otras personas, yo no lo veo como una tarea, es algo que primero tengo que vivirlo yo. Mi emoción es lo que me ayuda a llevarle felicidad a otras personas”, narró.

Su exposición con los niños, por otro lado, la ha ayudado a ser feliz. “Ver ese lado sencillo con el que ellos se toman la vida, me ayuda a mí a refrescarme y dejar de preocuparme tanto por las cosas como adulta... tener esa confianza en que todo va a salir bien”, manifestó.
El colorido personaje opinó que, a veces, la rutina “nos hace olvidar la importancia de las relaciones humanas y disfrutar la vida”.

“Cuando llegamos a la adultez, nos olvidamos de reírnos y la rutina nos hace seguir en automático”, afirmó.

A la payasa le hace muy feliz el que los pequeños “puedan tener un respiro” de los problemas de la vida moderna “con sus  chistecitos” y su “felicidad mayor es que los niños la vean como un ejemplo”. 
Por otro lado, Agapita reconoció que no todos los días son color de rosa, pero el show siempre debe continuar.

Por ejemplo, el día más difícil de su carrera fue cuando su abuelo sufrió un percance de salud y tuvo que ofrecer un espectáculo para una fiesta de cumpleaños.

“Ese día, yo me desconecté. Apagué el chip y (pensé) 'en este momentito que voy a estar en fiesta, no voy a pensar en mi abuelo, porque no voy resolver nada. Me enfoco en las personas que tengo de frente y en compartir con ellos’. Sentí que ellos me transmitían una energía positiva. Yo no lo vi como yo llevarles felicidad a ellos; yo lo vi como agarrar esa felicidad que ellos tienen para multiplicarla”, recordó.
“Incluso, pude ir al hospital un poco más tranquila, porque despejé mi mente en esa fiesta. Pude llegar y hacerle chistes mongos a mi abuelo para que pensara en otra cosa”, relató.

El poder de una sonrisa

La payasa recomendó a los lectores “ver el lado positivo de las cosas y sonreír”.

“La sonrisa es contagiosa, y si salimos y le sonreímos a todas las personas que conocemos, podemos comenzar a impactar y llenarlos de felicidad. Así, podemos contagiar con alegría”, recomendó.
Minutos después, sacó de su maleta con ruedas “sus herramientas para arrancar risas”, entre las que se encontraba un pollo de hule, un teléfono de “mentiritas”, un mini teclado y unas enormes gafas rojas.

Estos objetos, finalmente, son solo el complemento de una sonrisa amplia y espléndida, esa que viene de adentro y que tiene la capacidad de provocar inmensa felicidad a quien tiene la gran fortuna de recibirla.

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