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¿Te depilas allá abajo?

La sexóloga Esther Balac te dice los beneficios

15 de febrero de 2016 08:00 pm

Esther Balac / El Tiempo

Ya sea por higiene, por erotismo, por cultura o curiosidad, el componente capilar del departamento inferior del cuerpo despierta un interés general que también se enmarca en el contexto mojigato de la sexualidad humana.

No en vano, de tanto en tanto reaparece como nuevo el enfrentamiento, más visible en ellos, por su preferencia entre frondosas y depiladas. Debate avivado hace poco por la supuesta tendencia femenina actual de erradicar hasta la más mínima pelusa que invada esos domicilios.

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Ahora: sacarse los pelos del cuerpo es una práctica que está muy lejos de ser novedosa. Se cree que la depilación tiene más de tres mil años y lo que ha cambiado son los métodos y el sentido que se le da a la poda. Para los egipcios, por ejemplo, la calvicie en esas áreas era signo de pulcritud y vitalidad. Condiciones que estaban ligadas a la higiene y a la salud, al punto que en el Papiro de Ebers (1500 a. C.) se describen varios métodos de depilación que incluían gusanos, grasas y ceras que eran suministradas gratuitamente.

Los griegos consideraban que un cuerpo sin pelos era un cuerpo bello. Y no la tenían fácil las hipertricósicas griegas que tenían que recurrir a cuanto preparado les ofrecían para desaparecer sus vellos.

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Con la misma idea los romanos promovían la depilación desde la adolescencia y para el efecto se inventaron las volsellas, unas pinzas horrorosas que cumplían su cometido en medio de un suplicio.

Y ni qué decir de la dimensión de pecado que adquiría el vello en las partes privadas de las mujeres en el imperio otomano, al punto que se volvieron necesarios los hamams, sitios donde se ofrecía, y aún se ofrece, depilación.

Hasta el Renacimiento lo ideal era desaparecer todo vestigio pillado en el allá. Basta ver el lampiño periné de la Venus que nace en el cuadro de Botticelli.

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Claro, la rasurada historia se truncó con la pudorosa actitud de Catalina de Medici cuando, en su papel de reina consorte, consideró como inmoral el abatimiento de la cabellera inferior. Hasta pelucas se popularizaron para el efecto en esa época...

Queda claro que la evolución y algunos factores como los ambientales avizoran un futuro con despoblamiento total del cuero cabelludo. Así que por ahora al que le guste y le parezca erótico, que se lo cuide, y al que no, pues que lo rasure. Todo depende del gusto y punto. Hasta luego.

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