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Manos que hablan

Crean guantes que pueden traducir al español el lenguaje de señas

23 de diciembre de 2015 12:00 am

Por: GDA

La ficción inspiró un invento de la Universidad San Buenaventura en Bogota, Colombia, que, de salir de los laboratorios, podría revolucionar la forma en la que se comunican personas sordas y oyentes.

En 2010, Andrés Mauricio Cárdenas, director del programa de Ingeniería Eléctrica de esta institución, meditaba con sus estudiantes del semillero de investigación en Robótica Móvil qué ideas podrían materializarse en inventos útiles para la sociedad.

Cárdenas recordó a Congo, una película de 1995, inspirada en la novela del mismo nombre del escritor Michael Crichton. En esta, dos primatólogos enseñan la comunicación humana a un gorila llamada Amy mediante una mochila especial y unos guantes. Con este dispositivo, que entonces era exclusivo de creaciones futuristas, el lenguaje de señas se traducía a una voz digitalizada.

“Lo discutimos. Era obvio que era ciencia ficción, sonaba complicado, pero entendimos que en este momento la tecnología nos permite pensar en ese tipo de soluciones”, agregó el ingeniero.

Desarrollar una versión alfa de un guante como el de la gorila Amy tomó cinco años. Al principio, Cárdenas y su equipo de estudiantes pensaban que con solo unos sensores lograrían resolver el problema de comunicación que tienen los sordos con personas que desconocen su lenguaje de señas.

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Sin embargo, encontraron que había que entender el funcionamiento de las manos, la armonía de sus movimientos y las partes del cuerpo implicadas a la hora de expresar: desde los hombros hasta la punta de los dedos, el rostro y el cuello.

Así las cosas, mediante tutoriales de vídeo y un diccionario básico de la lengua de señas colombianas, publicado por el Ministerio de Educación, el grupo de robótica desarrolló una primera versión del guante.

Las primeras cuatro versiones del prototipo fueron con un solo guante y la interpretación se ejecutaba mediante un computador corriente. Ahora, una quinta versión, que el equipo llamó Alfa, funciona con una pequeña caja del tamaño de un celular, que en realidad es un computador de solo 120 gramos.

El reto ahora es conseguir recursos para mejorar la versión actual del dispositivo.

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