Sarah Jessica Parker

Sarah Jessica Parker en la serie "Sex and the City". / Vía HBO

El lado íntimo de Sarah Jessica Parker

Dice que creció sin dinero, pero que no cambiaría nada de su infancia

06 de octubre de 2015 03:34 pm

Por: Daniela Mohor / GDA / El Mercurio

Sarah Jessica Parker nació en el pueblo de Nelsonville en Ohio en 1965. La actriz tenía un año y tres hermanos cuando sus padres se separaron, pero su madre, Barbara, pudo rearmar su vida con Paul Forste, un estudiante de teatro, que tenía una pequeña empresa de transporte. De su infancia la actriz tiene buenos recuerdos, a pesar de las dificultades económicas que enfrentaron.

Soy una de ocho hermanos. Tengo tres hermanos mayores y cuatro menores. Somos cuatro hombres y cuatro mujeres. Y como decenas de millones de familias en el mundo, no crecí con dinero. Pero como mucha otra gente que no creció siendo privilegiada, no cambiaría nada.

¿De qué manera esa experiencia ha marcado el tipo de persona que es hoy?

No quisiera que las cosas hubieran sido de otra manera, porque creo que me hicieron ser una persona que trabaja muy duro. Desarrollé una especie de disciplina y ética del trabajo, porque todo me importaba mucho. Dependía de mí para mantenerme, para cuidarme y, a una edad temprana, tuve que contribuir al bienestar, al bienestar social de mi familia. Y creo que ese es realmente uno de los mejores regalos que puedo haber tenido, porque me hizo tremendamente agradecida de cualquier nivel de comodidad que pueda tener en la vida. Me dio la habilidad de cuidarme, y la oportunidad de crear una vida que me permite cuidar a otra gente también. Así que me siento agradecida de esos tiempos duros y de haber tenido el tipo de crianza que tuve.

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En distintas entrevistas, Sarah Jessica Parker ha contado haber pasado navidades y cumpleaños sin celebraciones ni regalos, haber sentido vergüenza por recibir los almuerzos gratuitos reservados para los alumnos más pobres en el colegio; haber estado sin luz o sin teléfono en la casa porque las cuentas estaban impagas.

No obstante, ahora también dice que esa infancia tuvo muchas cosas buenas:

Estoy agradecida de que a pesar de la falta de recursos económicos, fuimos de muchas otras maneras muy muy ricos. Por ejemplo, siempre íbamos al teatro, a la sinfónica, al ballet. Siempre íbamos al museo. Mis padres siempre estaban enriqueciendo nuestras vidas. Fueron muy inteligentes en eso. No sé cómo lo lograron pero lo hicieron -dice.

Hoy tiene una situación completamente diferente y tres hijos. ¿Cómo ha influido su historia en la manera en que los educa?

No es difícil, porque lo difícil es no tener dinero y tener hijos, pero es... A veces, casi deseo poder crear un falso ambiente de privación, de alguna manera, porque no quiero que mis hijos sientan nunca que se les debe algo. Creo que es muy bueno ganarse las cosas que uno desea. Alguna vez leí un artículo sobre Dolly Parton, quien creció en una pobreza extrema y tenía muchos hermanos. Y después llegó a ser una persona con mucho dinero. Ella siempre decía que sentía esa obligación, que siento yo también, de tener que preocuparse de otra gente. Pero que siempre se aseguraba de que tuvieran todo lo que necesitaban, no necesariamente todo lo que querían. Y creo que ese es el equilibrio que hay que lograr. Ese es el que trato de tener en mi casa: a diferencia de muchas madres, tengo la suerte, de poder darles a mis hijos todo lo que necesitan, y solo por eso son afortunados. Pero no quiero darles todo lo que quieren. Quiero que deseen cosas, que sueñen con cosas y esperen tenerlas. Y luego que se las ganen o las reciban para unas vacaciones especiales o un cumpleaños. Ese es mi trabajo. Eso es lo que hago.

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Tiene dos hijas y hoy los temas de género son importantes. ¿Hay valores o mensajes especiales que busca transmitirles?

Creo que lo que es único en su generación es que todo lo que ven es la posibilidad de elegir. No ven una evolución, sino que un punto de llegada. Con eso quiero decir que yo soy una madre, en su colegio, que trabaja. Tienen amigos, cuyas madres trabajan en la casa o son madres trabajadoras desde la casa. Ven todos esos modelos. Toman el metro todo el tiempo y ven a madres y a niños que no lo pasan tan bien como nosotros. O ven a madres homeless (indigentes) en las calles de Nueva York y ahora están empezando a entender. Así que para ellas no hay un tema de género como lo hubo para nosotros. Porque este es como su lengua materna y no separan el pasado del presente. Para ellas el pasado fue hace dos semanas. A los seis años solo asumes cosas y creo que esta generación de jóvenes mujeres tiene la suerte de poder asumir que todo es posible. Porque eso es lo que ven.

¿Cuáles son sus inseguridades?

Oh... siempre me preocupo por el trabajo, si es suficientemente bueno. O, últimamente, son cosas más relacionadas con el tipo de madre que puedo ser para mi hijo, de 12 años. Él está en una edad en que, de repente, surgieron desafíos completamente nuevos en la crianza. Cada conversación que tengo con él, siento que es la más importante que tendremos en la vida. Creo que uno se pone insegura sobre las decisiones que toma, si lo que es bueno para él hoy, dos días después no lo va a dejar destrozado. Así que creo que como madre en esta nueva etapa, me siento como pisando un campo minado, preguntándome todo el tiempo: '¿Lo estoy haciendo bien?'.

El salto a la fama

Sarah Jessica Parker tenía 11 años cuando su familia se trasladó de Ohio a Nueva York, para que ella y sus hermanos pudieran trabajar más en teatro (uno de ellos es dramaturgo y hay otro actor). Pero fue quizás a fines de los 70 que las cosas comenzaron a cambiar para ella. Si bien ya había tenido un rol en Londres y en una nueva versión de la obra de Broadway, "The Innocents", fue en 1979 que empezó a hacerse un nombre, cuando le dieron el rol protagónico en el musical "Annie". Luego participó en series de televisión ("Square Pegs" y "Year in the Life") y saltó al cine con roles en "Footlose", "L.A Story" y "Ed Wood", entre otros.

Su trabajo en "Sex & The City", a partir de 1998, marcaría su consagración. Con el rol de Carrie Bradshaw no solo se convirtió en una actriz internacionalmente famosa, sino que apareció también una nueva faceta: la de ícono de la moda. El papel le valió dos Globos de Oro como mejor actriz, varias nominaciones a los premios Emmy, y la encumbró como una referencia de estilo, que deslumbra tanto con los excéntricos vestidos que luce cada año en la gala del Met como con las prendas más sencillas que usa en el día a día.

Sin embargo, aseguró: "No pienso en mí misma como un ícono de moda, no es parte de mi identidad". En esa oportunidad también recalcó todo lo que la separa del personaje de Carrie Bradshaw. "Ella era extremadamente diferente a como soy yo. Tomó opciones de vida totalmente distintas".

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