Papá e hija

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28 años después conocí el significado del Día de los Padres

Descubre el porqué en la columna de Karla Aimar

21 de junio de 2015 07:00 pm

Por: Karla Aimar | [email protected]

Ya lo había mencionado antes en una de mis columnas recientes. Mi papá falleció quince días antes de yo nacer en un accidente. Creo que no dije cómo pero fue haciendo rappelling en una cueva en Camuy. 

Según me cuentan, era un hombre atrevido, le gustaba surfear, los autos de carrera y pescar. También me cuentan que era un hombre humilde, que ayudaba a todo el mundo y me dicen quienes lo conocieron que mi esposo es un vivo retrato de él. Es alto, de espalda ancha, pelo castaño y largo, y  también es una persona de buen corazón. 

Yo no sé, hay que creer en cosas del destino y en Dios, porque yo nunca conocí a mi papá así que no puedo decir que me enamoré de mi esposo por su parecido con alguien a quien no vi jamás (he visto fotos pero vamos, la resolución no es muy buena que digamos).  Creo que la similitud debe ser grande porque mi abuelo materno muchas veces lo ha llamado por el nombre de papi: Felipe. 

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Mi mamá ha estado conmigo en todas mis etapas y su amor ha sido pieza clave en mi desarrollo como ser humano. A ella le debo quien soy, pero si piensan que de mi van a leer que “mami ha sido padre y madre para mi”, pues no. ¡Creo que hasta ella misma puede coincidir conmigo! Ella es la mejor madre del mundo, la más dulce y la más valiente, pero nunca sustituyó a papi. 

Sí, hubo un hombre en mi vida que amé con todo mi corazón, que me dio todo y lo extraño todos los días: mi abuelo paterno. Viví con él desde que salí del hospital hasta que me fui a la universidad y cada vez que pensaba en su ausencia lloraba. Lo quise como si fuera mi padre. 

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Sin embargo, en repetidas ocasiones me preguntaba cómo se sentiría tener a mi verdadero papá conmigo y celebrar este día junto a él. Jamás me sentí triste ni me deprimí porque –sin intención de sonar fría- uno no puede extrañar lo que nunca conoció y mi abuelo paterno llenó ese espacio de la mejor manera. Era más una curiosidad de querer conocer a mi verdadero papá, saber cómo era, tocarlo… 

Hoy es el Día de los Padres y por primera vez en mi vida siento que es un día diferente. Como saben, hace un año y tres meses me convertí en madre por primera vez y a través de mi hija he vivido muchas experiencias nuevas y entre ellas me place decir que pude descubrir la grandeza del amor de un padre hacia una hija. 

Hay una magia indescriptible entre Lucero y su papá. Escucharlo hablar de su amor hacia ella me emociona hasta las lágrimas y la protección que le brinda me da tranquilidad. Ella es locura con su padre, tanto así que cuando él llega a la casa de trabajar ella suelta lo que está haciendo y sale corriendo a la puerta ¡pero con una alegría! La palabra que más repite durante el día es “papá”. 

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A veces me siento en una esquina del sofá y me dedico a mirarlos interactuar, a impresionarme con esta relación tan espectacular que nada puede superar. No me canso de mirarlos juntos. 

Hoy solo me resta darle gracias Dios porque escogió a mi padre y con él me dio la mejor familia del mundo, a mi abuelo por amarme incondicionalmente y cuidarme como lo más preciado, a mi esposo por ser el padre más amoroso del mundo  y  a mi hija. Sí, porque a través de ella puedo vivir una de las etapas más hermosas y deleitarme con un amor que desconocí durante 28 años de mi vida. 

A mi abuelo materno, mis tíos  y mi hermano: ¡Felicidades en el Día de los Padres! Siguen siendo en la tierra mis figuras paternas. Los amo.

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