José “Cheíto” Román

Suministrada

Encuentra su terapia en el boxeo

José “Cheíto” Román busca su rumbo en el ring

08 de junio de 2015 05:00 am

Por: Pablo Venes Molina | [email protected]

EN EL cuadrilátero pelea por una medalla olímpica, fuera de este, la lucha es mayor y lo hace por superarse, pero sobre todo, por ser un ejemplo para los jóvenes puertorriqueños.

Con los guantes puestos o sin ellos, José “Cheíto” Román, tiene claro que la batalla es eterna y aun así se siente optimista a sus 21 años.

El joven oriundo de Bayamón es una de las promesas del boxeo, por lo que dedica gran parte de su tiempo a entrenar, en esta ocasión, para subir al podio del Campeonato Mundial de Boxeo Aficionado en Catar.

Su récord es claro: 115 peleas con 26 derrotas, números que le atribuye a las duras pruebas que le han tocado vivir.

Su primer golpe lo enfrentó a los 11 años, cuando cinco agentes del Negociado de Investigaciones Especiales allanaron su casa con una orden de arresto en contra de su padre.

“Era bien tarde en la noche. Recuerdo que tumbaron la puerta y empezaron a llevarnos a mi hermana, a mi mamá y a mí. Rápidamente, mi papá sacó la cara por nosotros gritándole a los policías que nosotros no teníamos nada que ver con lo que él había hecho. Que nos dejaran ir”, relató el joven mientras se preparaba para entrenar vendándose su mano derecha.

A él le tocó vivir en un núcleo familiar rodeado de drogas y crímenes, en el que su padre era el cabecilla.

“Luego de eso mi madre decide mudarnos a los Estados Unidos. Estuve un tiempo por allá, pero el racismo era bien fuerte. Convencí a mi mamá a que me enviara de regreso a Puerto Rico con la condición de que iba a quedarme con mi abuela”, manifestó Román, quien, además, es uno de los impulsadores de ÍNDICE.

Para su sorpresa, su bienestar no recayó en brazos de su abuela y fue en la escuela donde consiguió a la persona que se encargaría de inculcarle los valores que sus padres no pudieron.

Este fue otro round en el que Cheíto no quiso colgar los guantes. Se trató del proceso de adopción que posteriormente se vio opacado por trámites legales que no rindieron frutos. Aun así, pasó al cuidado de una maestra que vio en él un potencial que debía ser atendido.

Samarie Olivierie le abrió las puertas de su casa y lo acogió como un miembro más de su familia, donde hasta el momento reside.

Allí aprendió a valorar las cosas más pequeñas, pero también a saber perdonar y no guardarle rencor a sus padres. Por eso, mantiene comunicación con su papá, quien desde la cárcel le da consejos para que no repita su historia.

Entre el vaivén de cada momento vivido, Román reconoce que estuvo cerca de tentaciones y de la presión de grupo. A estas las enfrentó con su pasión y amor por el deporte, pero también gracias al apoyo de quienes describe como su mayor inspiración.

Se trata de sus dos entrenadores, quienes lo apoyan dentro y fuera del gimnasio. Tanto Emilio Lozada como Joshua Soto confían en el éxito del púgil, aunque éste no haya calificado en el Prepanamericano que se celebra en Tijuana, México, a donde partió recientemente para luchar por su boleto para los Panamericanos.

El púgil tiene previsto volver al cuadrilátero del 5 al 18 de octubre para conseguir una medalla en el Mundial de Boxeo.

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