La escuela de diseño y costura de Carlota Alfaro se fundó en los ‘60.

La escuela de diseño y costura de Carlota Alfaro se fundó en los ‘60. / SUMINISTRADAS

Espacio para la alta costura

Desde un edificio rosado Carlota Alfaro confecciona sus piezas y enseña a diseñar

20 de enero de 2015 05:51 am

Por: Mariana Reyes Angleró | Para ÍNDICE

HACE 45 años la diseñadora Carlota Alfaro está establecida en la Calle Loíza, en la esquina de la calle Taft, y cuando llegó el barrio era vibrante, era un centro comercial y residencial visitado por locales y viajeros.

El edificio de cuatro pisos que alberga su atelier y escuela de costura costó, en aquella época, $180,000.

“La abogada María Luisa Fuster, que era clienta mía, me dijo: ‘yo te voy a ayudar’”, contó Alfaro. Fuster la ayudó a solicitarle ayuda al Banco de Fomento y le prestó parte del dinero. Así comenzó la relación de este ícono de la moda puertorriqueña con este sector.

Cerca de 30,000 estudiantes se han capacitado en la escuela de costura de Alfaro. Su empresa emplea a unas 15 personas y en el atelier hay gente trabajando todos los días laborables.

“Puerto Rico es el país ideal para la alta costura”, dijo. “Se hacen trajes para una sola ocasión: concursos, senior prom, galas, bodas”, agregó.

Sus creaciones se han vendido en cientos de tiendas alrededor del mundo.

Una de las paredes del área de trabajo que Alfaro comparte con sus empleadas está forrada de fotos de novias y quinceañearas vestidas por la diseñadora. Son décadas de estilos distintos en una sola pared.

Alfaro, madre de dos hijos, asegura que a pesar de que ahora hay pocos telares en el país ella patrocina los criollos, como el que queda en la Calle Loíza: Ladicani.

“Ya no queda nada de lo que había aquí cuando yo llegué. Estaban los Almacenes Infanzón, Radio Andrea y la Sterling House”, recordó la empresaria que nació y se crió en la Parada 23. “Ahora esta es la calle de los restaurantes y se ha convertido en un centrito de la moda”.

Al lado del edificio de Alfaro está el atelier de Harry Robles, uno de los diseñadores más relevantes del país que fue también su estudiante. En la calle ubican, además, los talleres de los diseñadores José Raúl y Noe Amador, entre otros.

“Yo aprendí a coser practicando con las muñecas y con lo que mi tía me enseñó”, explicó Alfaro, quien sigue trabajando y compartiendo su conocimiento con las próximas generaciones de diseñadores.

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