impresoras 3d

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Ideas sin límites

Imprimir en tres dimensiones representa un mundo de posibilidades. Mira los vídeos

26 de marzo de 2014 06:58 am

Por: LILLIAN E. AGOSTO MALDONADO | [email protected]

PAPEL, METAL y plástico son solo algunos de los materiales en los que se puede reproducir contenido digitalizado en 3D. ¿Las posibilidades? Infinitas. Desde un tejido que sea compatible con el cuerpo humano y donde crezcan células hasta objetos y alimentos tan comunes como el chocolate.

“No hay imposibles, todo depende de la mente del diseñador”, expresó Carlos Iván Silva, director del Fab Lab, espacio investigativo del Centro Internacional de Diseño (CID), en Gurabo.

“El proceso es sencillo”, detalló Silva. Después de  digitalizar el diseño en tres dimensiones se verifica que cuente con los parámetros que establece la impresora y se reproduce a través de máquinas que depositan en capas el material utilizado siguiendo coordenadas preestablecidas en una bandeja. Según las técnicas y los materiales que se utilicen, será la forma, textura, tamaño y color de los objetos a imprimir.

La idea podría parecer simple. Sin embargo, su impacto en la historia va mucho más allá que una impresión en tres dimensiones. Según Silva, aunque esta tecnología aparenta ser innovadora en la actualidad, su origen se circunscribe a la década del 1980, cuando Charles Dull desarrolló la idea.

Al principio, su propósito se dirigió al campo de la ingeniería con un enfoque comercial y académico. “La tecnología 3D se concentraba en unos pocos”, dijo Silva. “Con el paso del tiempo, llegó un grupo open source o de código abierto, donde todo el mundo colaboraba, y empezaron a desarrollarse repositorios de frames o modelos de objetos 3D logrando una democratización del diseño y de la impresión”, añadió.

Esta realidad trajo consigo una cadena de retos para las grandes compañías.

 “Con este invento crean una nueva revolución industrial logrando que se puedan fabricar muchas cosas para todo el mundo”, detalló. Portales cibernéticos ya posibilitan la petición de artículos impresos en 3D y otros cuentan con la descarga de los modelos para que sean impresos en una máquina.

De igual manera, esta posibilidad accesible a todo el mundo pone en tela de juicio la propiedad intelectual de objetos y obras. “Técnicamente, puedo descargar una escultura de algún artista famoso e imprimirla y tenerla en casa sin tener que comprársela a alguien”, explicó. Esta novedad hace que se repiense el contenido imprimible y hasta “agencias de seguridad nacional ya lo investigan”.

Al “alcance” de tus manos

La adquisición de las impresoras no está regulada. Pero comprar una  conllevaría gastar entre $200 y $800,000, según el portal 3ders.org. El precio aumenta dependiendo de  la calidad del resultado impreso y la capacidad que tenga la máquina con cada material. Si se trata de imprimir un trabajo en el CID, por ejemplo, cuesta $10 por pulgada cúbica para iniciativas académicas y $18 para propósitos comerciales.

Los objetos impresos en 3D pueden contener un relleno sólido e, incluso, ser huecos en su interior. También podría ser flexible y estirarse. “Puede ser sólido, hueco o semisólido y hasta puedo producir moldes para crear otros objetos”, dijo Silva.

Entonces, ¿qué no se puede hacer con las impresoras 3D? “Es absurdamente accesible y hay muchas opciones por los materiales y técnicas que puedes utilizar para imprimir”, destacó Silva. Añadió que  con esta “nueva revolución industrial” no pasará mucho tiempo para que, con la disminución de los precios de las impresoras 3D, podamos reproducir comida y objetos en casa.

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