Lillian Marie

Lillian Marie Figueroa se tomó esta foto el 10 de diciembre de 2005, 21 días antes de morir en un accidente de tránsito. / Suministrada

Lucha que no termina

Crea conciencia para evitar más muertes por conductores ebrios

23 de enero de 2014 06:00 am

Por: Maricarmen Reguero | Para EL NORTE

TOA ALTA Cerca de la medianoche del 31 de diciembre de 2005, todo era algarabía, música y celebración en la gran mayoría de los hogares del mundo, no así para Lillian Marie Figueroa y su familia.

Con sus 22 años de edad y embarazada de su primogénita, la boricua, natural de Toa Alta, llamó desde la ciudad de Houston, Texas, a su madre Carmen Colón Hernández para saludarla antes de despedir el año.

Madre e hija se desearon cosas buenas y sobretodo que los días pasaran rápido para verse en la isla.

Con siete meses de embarazo, Lillian vivía ilusionada con el momento en que naciera su bebé, y como si la felicidad no fuera suficiente, en los próximos meses regresaría a su tierra natal para ver nacer a su hija  junto al calor de su familia, especialmente con su mamá, quien celebraba con el corazón de abuela la llegada de la primera nieta.

Madre al fin, Carmen le pidió a Lillian que tuvieran cuidado porque esa noche conducirían hasta casa de los familiares de su esposo para recibir el 2006. Lillian quedó en llamar a su madre más tarde, pero esa llamada nunca llegó.

Pero esa noche en Houston, el pastor Jonathan Nevin, de 43 años, tuvo una gran recaída con el alcohol, adicción que había superado hacía mucho tiempo. 

Ese último día del año 2005 al pastor se le olvidó todo lo que predicaba en su iglesia y decidió tomar unas copas de más. Nevin no tuvo control con la bebida, ni con el volante. 

De forma irresponsable salió a la calle y en un abrir y cerrar de ojos impactó el auto en que viajaba Lillian, su esposo, sus cuñados y una niña.

Por la condición de la puertorriqueña, los médicos le dieron toda su atención, pero luego de ocho maratónicas horas, Lillian  y su criatura, a la que llamaría Marilyann Naylee, murieron.

En la isla, Carmen seguía esperando la  llamada del nuevo año de su hija, pero nunca llegó.

No fue Lillian la que llamó. No importaba quién era, la noticia era la misma. “Hubo un accidente”.

Los primeros días del año 2006 no fueron de fiesta para Carmen, y tampoco lo fueron los siguientes. Por eso no celebra  Nochevieja y tampoco  Año Nuevo. Para ella no existen.

“El momento más desgarrador que puede sufrir una madre es que en lugar de recibir con los brazos abiertos a tu primera nieta, tengas que ir a buscar el cadáver de tu hija. Es demasiado terrible”, narró Carmen en entrevista con EL NORTE.

“Mi hija había estado en Puerto Rico dos semanas antes del accidente.  Visitó a todo el mundo, abuelos, tíos, primos. Estaba loca enseñándoles su barriguita y planeando el baby shower...esto jamás debió haber pasado”, sollozó la mujer, quien en estos  momentos libra una terrible batalla contra el cáncer. Carmen sufre de leucemia.

Nevin, quien arrojó .26 en la prueba de aliento, fue declarado inoncente, pero este no pudo con su conciencia y un año después aceptó su culpabilidad y actualmente cumple 12 años en prisión.

“No dejaré de luchar para crear conciencia del terrible daño que pueden ocasionar las personas que guían en estado de embriaguez. Nadie más merece una pena así. Es lo menos que puedo hacer por la memoria de Lillian", concluyó.

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