Trágico destino para las víctimas del agente naranja

Miles continúan padeciendo de enfermedades y discapacidades por el letal veneno que impactó a 3 millones de vietnamitas. Mira el vídeo

02 de noviembre de 2013 11:25 am | Foto: Archivo

Eric San Juan/EFE | Danang, Vietnam

Casi cuatro décadas después del final de la guerra, miles de vietnamitas siguen sufriendo enfermedades y discapacidades ligadas al agente naranja, el tóxico defoliante rociado por las tropas estadounidenses.

Tran Duc Nghia, un vietnamita de 34 años residente en la ciudad costera de Danang, yace en su cama, inmóvil, con la mirada perdida, hasta que su madre le incorpora y lo coloca en una desvencijada silla con un orinal acoplado.

Hasta los 10 años de edad fue un niño normal, buen estudiante, muy activo, pero comenzó a hablar cada vez más despacio, sus movimientos se volvían cada vez más torpes, los músculos se atrofiaron y los huesos se deformaron.

Dos años más tarde, apenas podía moverse de una silla y hoy es incapaz de hablar o de mover sus miembros, finos como el alambre, y pasa los días postrado en una cama, comunicándose con su madre con gemidos y bufidos que ella ha aprendido a interpretar.

Nghia es uno de los 3 millones de vietnamitas afectados desde 1975 por la dioxina, el letal veneno oculto en los 70 millones de litros de agente naranja rociados por las tropas de EEUU, según datos de la Cruz Roja local.

Desde que terminó la guerra, al menos 150,000 niños han nacido con deformaciones y limitaciones físicas ligadas a esta sustancia, considerada el veneno más letal creado por el hombre y capaz de incrustarse en el código genético durante varias generaciones.

Aunque el Gobierno estadounidense nunca ha reconocido explícitamente los efectos perversos del defoliante sobre la salud de los vietnamitas "por falta de pruebas definitivas", los veteranos americanos afectados por enfermedades como la leucemia, varios tipos de linfoma, el Parkinson y varias clases de diabetes sí reciben compensaciones económicas.

Las víctimas vietnamitas en cambio fueron olvidadas durante años y en el mejor de los casos reciben una pensión por invalidez del Gobierno de Hanoi y la ayuda de las asociaciones de víctimas.

Gracias a las donaciones venidas de todo el mundo, esta organización no gubernamental ha puesto en marcha dos centros en los que pasa el día un centenar niños con diversas discapacidades ligadas a la dioxina.

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