La evolución del amor

Dra. Libna A. Sanjurjo Meléndez

Love Seat: Dra. Libna A. Sanjurjo Meléndez

10 de diciembre de 2016 11:34 am

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Lograr evolucionar del querer al amar es parte de esa transformación que cada pareja comprometida debería aspirar a alcanzar

Pareja agarrada de mano, amor

Shutterstock

¿Qué significa ser un compañero de vida?

Hace varios años, un militar me platicó acerca del tipo de relación especial que se daba entre los soldados.  Según él, cada militar tenía asignado lo que llaman un “buddy” o compañero de milicia, el cual tenía la responsabilidad de velar la espalda del otro de manera que su compañero pudiera enfocarse en hacer la función designada.

Me compartía que ese tipo de dinámica se basaba gracias a una confianza plena en las destrezas y compromiso del otro. Confiar implicaba descansar en la protección del otro, lo cual permitía que éste se enfocara en sus tareas. De esta forma, ambos trabajaban cooperativamente a favor de la misión.  

Más allá de una pareja, todos buscamos un compañero de vida   

Al escuchar sus palabras, pensaba en la similitud de su relato con la experiencia romántica entre parejas. Un compañero de vida, al igual que un “buddy”, logra proveer esa protección y cuidado que el otro necesita, y que, a su vez, promueve que se desarrolle la confianza hacia el otro. En caso de la ausencia de esa confianza, el sentido de sobrevivencia y de protección llevará a que la pareja se desenfoque de la relación, de la visión en común y de las tareas de cada uno, provocando a su vez que cada cual asuma una actitud defensiva y egoísta dirigida a velar por el bienestar propio.  

¿Por qué es necesario amar para ser compañero de vida?

Más allá de esto, un compañero de vida se convierte en ese alguien que logra transcender el verbo querer para accionar en lo que es el verbo amar. Para comprender esta aseveración más claramente, es necesario clarificar la diferencia entre querer y amar.  

Querer es una palabra que proviene del latín y significa “tratar de obtener”. En cuanto al amor, podríamos definirlo como un conjunto de conductas y actitudes que resultan desinteresados e incondicionales hacia otra persona. De modo que, la definición del querer tiene más que ver con uno mismo que con el otro. Por el contrario, amar según la definición, está más ligado al otro que a uno mismo.

Ahora bien, ¿por qué es necesario amar si quiero ser el compañero de vida de alguien? La respuesta estriba en que el querer puede llegar a ser pasajero. Hoy puedo querer algo y mañana no. Sin embargo, ser compañero de vida implica un compromiso para toda vida. Por lo tanto, se requiere de una fuerza profunda y duradera que permita sobrepasar las adversidades y batallas que se presentan en la vida matrimonial. Esa fuerza no es otra cosa que el amor.  

Trascendiendo del querer al verbo amar

Al considerar las experiencias románticas de estos tiempos, existe una tendencia que se dirige más hacia el verbo querer que hacia el verbo amar en nuestra sociedad actual. Buscamos obtener esa experiencia que nos venden en las películas, novelas, y/o canciones, y que logra alimentar nuestras emociones. Nos dirigimos hacia ese otro buscando obtener atención, aprecio, sexo, comprensión entre otras necesidades emocionales. Cuando esto no se da, comenzamos a demandar y a reclamar, lo cual trae un sin número de conflictos a la relación. Desafortunadamente, en ese querer terminamos hiriendo al otro cuando ya no es capaz de suplir tales necesidades.

Por el contrario, el que ama: busca la satisfacción del otro, su alegría, su tranquilidad, su desarrollo como individuo, y su bienestar en general; intenta entender al otro y empatizar con él/ella; y busca suplir sus necesidades. En pocas palabras, amar tiene que ver con lo que yo puedo hacer por el otro y no con lo que el otro puede hacer por mí.

Plantearnos preguntas como las siguientes podría ayudarnos a ubicarnos donde estamos parados con respecto a nuestra disposición de querer versus amar:

  • ¿logro identificar cualidades en ese otro que me motivan a agradarle, complacerle, cuidarlo, servirle, protegerlo, acariciarlo, afirmarlo, o pasar tiempo con él/ella?
  • ¿cuánto quiero satisfacer yo las necesidades de ese otro?
  • ¿Soy feliz al lograr hacer feliz a ese otro o busco solamente que me hagan feliz a mí?
  • ¿busco dar o solo recibir?

Lograr evolucionar del querer al amar es parte de esa transformación que cada pareja comprometida debería aspirar a alcanzar. Lamentablemente, el querer nos limita al mantenernos en un estado egoísta que no nos permite ir mas allá de nosotros mismos. Es amando que logramos crecer y madurar como individuos.

¿Cómo logro ir más allá del querer en mi relación matrimonial?  

El querer es parte de esa experiencia romántica que todos en algún momento de nuestras vidas vamos a experimentar, más no debería ser nuestra meta final. Anhelar trascender de esa experiencia y movernos hacia la experiencia de amar significaría lograr experimentar la manifestación de humanidad más grande que cualquier persona puede llegar a alcanzar.  

La realidad es que no existe formular exacta para aprender a amar. De hecho, para algunas personas amar no ha sido parte de su experiencia y por consiguiente se les hace difícil hacerlo ya sea por lo heridos que están; por sus carencias afectivas; sus necesidades insatisfechas; por el mal modelaje recibido por sus padres; por miedo a sentirse vulnerable; y/o el pobre manejo de sus emociones. Sin embargo, al ser el amor una decisión, podemos trazar una guía que nos permita comenzar a concretizar tal acción.

A continuación, algunas tareas a realizar:

  • Amarse primero a si mismo siendo bondadosos y compasivos.  
  • Aprender a ser feliz y a estar en paz con la propia persona resolviendo los asuntos sin resolver de la infancia y el pasado.
  • Buscar fuentes alternas de satisfacción personal y felicidad que no dependan de lo que el otro me puede dar. De esa manera estará lleno emocionalmente para poderle dar a su pareja. 
  • Aprender a resaltar las fortalezas de mi pareja y enfocarme en ellas y en sus esfuerzos a favor del hogar.
  • Practicar la tolerancia y la paciencia; ser agradecidos y respetar al otro; buscar satisfacer las necesidades del otro; y aprender a valorar lo que mi pareja valora y hace por mí.

Amar: el camino hacia un compromiso de por vida 

Cuando decidimos amar nos convertimos en ese compañero de vida que está dispuesto a acompañar a ese otro en las buenas y en las malas; en la salud y en la enfermedad; en la abundancia y en la pobreza. Solo amando podemos ser ese compañero de vida que todos en lo más profundo de nuestro ser deseamos.     

Dra. Libna Sanjurjo. La autora es psicóloga clínica con práctica privada en Hato Rey. [email protected]   

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