Así es como la voluntad de la gente se vuelve inquebrantable

Gabi Morales

Dizque nos entienden: Gabi Morales

27 de julio de 2016 11:53 am

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Si permitimos que la buena voluntad florezca, apreciaremos dentro de cada dificultad alguna gestión milagrosa

Compasión

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Me encontraba realizando una entrevista de trabajo. De repente, un “corillo” de jóvenes “enchumbados” en sudor interrumpen y me gritan: “Gabi, te rompieron el cristal”. Me quedé medio sorprendido y les respondí “¿qué fue lo que pasó?”.

Sumamente alterados me volvieron a explicar “chico, un adicto te rompió el cristal de tu guagua y los guardias lo tienen sentado en el piso porque parece que también te robó algo”. Miro a la persona que estaba siendo entrevistada y le dije “disculpa, pero aquí cosas inesperadas pueden suceder”. Se lo dije con la intención de que estuviese clara de que las personas que eligen el campo del servicio tienen que estar dispuestas a perder lo poco que tienen en los momentos menos esperados. En otras palabras, el desapego es parte de la faena. Su respuesta fue “no te preocupes” pero su cara me decía “debut y despedida”.

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Nuevamente, miré a los jóvenes atentamente y les indiqué “háganme un favor, vuelvan nuevamente y verifiquen si es mi vehículo. De ser mi guagua, díganles a los guardias que voy ya mismo”. Se quedaron desilusionados. Mi respuesta no fue la del “guapetón de barrio” y del que “ronca más que nadie”.

El más decepcionado del grupo, sin mirarme a los ojos, en voz baja dijo: “mira a este, le rompen el cristal del carro y se queda tranquilo en vez de ir allí a someterle”. Con esa línea, cerraron la puerta y partieron.

Decidí interrumpir la entrevista y bajé a ver qué fue lo que ocurrió con seis jóvenes con los “cascos calientes” que me escoltaron, haciéndome sentir como si estuviesen llevándome al campo santo.

Llegué hasta mi vehículo, estaba estacionado en el sitio de siempre y había dos agentes de la Policía de Puerto Rico. Me preguntaron “¿usted es el dueño?”, a lo que respondí afirmativamente. Luego me dijeron, “como todos aquí lo conocen, pase por el cuartel para que pueda ver quién fue el que le rompió el cristal”.

Algo raro estaba ocurriendo, pero todo parecía inclinarse a favor de lo inusual. Me despedí de los jóvenes y llegué hasta el cuartel con el cristal roto.

Solo me acompañaba la curiosidad de saber quién había sido “el atrevido o babilloso”, no de romperle el cristal a mi vehículo (siempre estuve claro del nivel de riesgo que existía), sino de hacerlo cerca del sitio donde estacionaba porque casi todo el mundo sabía que lo utilizaba para dar servicios en el área.

Tan pronto llegué al cuartel, un agente de la Policía me recibió y me dijo “tú eres el de la guagua que da servicios a los adictos, mira, si no nos llevábamos al que te robó, lo iban a matar allí mismo. Recuperamos tu radio y tenemos al muchacho ahí en la celda para que veas quién fue. Si quieres, te paso hasta la celda”.

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En mi interior, reconocía que era un paso arriesgado, pero le dije que estaba dispuesto. Luego de devolverme el radio, me pasaron hasta la celda.

Allí vi “cara a cara” al muchacho. Cuando nos miramos, me pidió perdón, pero rápido le dije que “evitáramos las excusas y que habláramos de responsabilidades”.

Sin embargo, le aclaré que lo “entendía, comprendía y que lo perdonaba”. Como procedimos con el caso, tuvimos que ir hasta una fiscal.

El guardia me dijo “fíjese, usted es de esos de los de buena voluntad”. Lo menos que me imaginaba es que eso era precisamente lo que iba a ocurrir. No proyectaba que la “buena voluntad” sería la verdadera ganadora de este proceso.

Cuando el agente le contaba a la gente el proceso que se había dado entre nosotros en la celda, entonces todo tomaba otro color. Resulta ser que hasta la fiscal del caso decidió de “buena voluntad” cubrirle los gastos al muchacho para que pudiera asistir a un programa de recuperación. Lo más impactante para mí al salir de sala aquel día fue que al llegar al carro unas personas de “buena voluntad” y residentes de la comunidad me habían arreglado el cristal. Parecía intacto. Estaba como nuevo.

Ese día descubrí que “los cristales” eran y son lo de menos.

La maldad podrá intentar romper todo lo que quiera, pero la buena voluntad de la gente es inquebrantable. La buena voluntad aparecerá donde menos la esperamos e imaginamos. Si permitimos que la buena voluntad florezca, apreciaremos dentro de cada dificultad alguna gestión milagrosa. Si tenemos apertura observaremos que detrás de cada “cristal”, experiencia de malestar y quebrantamiento existen múltiples acciones que levantarán la buena voluntad de algún desconocido o incluso de nosotros mismos.

*Gabi Morales es sociólogo y ha dedicado más de la mitad de su vida a ofrecer servicios de liderazgo y transformación social a comunidades, residenciales, jóvenes de alto riesgo y adictos. Actualmente, es director de la Fundación Luis Miranda Casañas.

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