Los complejos de mamá

Karla Aimar

Habemus Baby: Karla Aimar

24 de julio de 2016 12:59 pm

[email protected]

¿Qué ejemplo damos a nuestros hijos cuando no amamos nuestro cuerpo tal y como es?

Mamá piscina

Shutterstock

Hoy es el cumpleaños de uno de mis sobrinos y la mamá quiso celebrarlo con un pool party. Mi mente siempre se mantuvo enfocada en mi nena (porque el bebé aún no puede meterse en la piscina), en el traje de baño que le pondría, el salvavidas y lo bien que lo pasaría con papá (que siempre se zumba en el agua con ella). ¡Me encanta verlos compartir porque se lo gozan tanto!

Quisimos prepararnos con mucha anticipación porque no es difícil adivinar que con una toddler y un bebé de cinco meses siempre somos los últimos en llegar a las actividades familiares.

Papá se bañó, se vistió y se encargó de bañar a los nenes mientras yo preparaba el desayuno. Sucede que llegó mi turno de arreglarme y me pregunté qué rayos se pone uno cuando va a un pool party como si mi cerebro hubiera dejado de funcionar por alguna razón extraña.

SI TE INTERESA: No me preguntes cuándo me voy a operar

“¿Un traje de baño? ¡Ughh! Wákala”, pensé. Hace casi dos años que no me pongo uno. De hecho, hace casi dos años que no me pongo el único traje de baño negro -y de una sola pieza- que tengo.  Respiré hondo para llenarme de un positivismo fatulo y dije: Why not?! Y me lo puse.

Mi esposo y mi hija me miraban mientras examiné cada parte de mi cuerpo y tan pronto encontré el primer hoyo de celulitis dije: “¡Parezco una vaca! No me voy a meter en la piscina”. Mi esposo se echó a reír y me dijo: “¡Ay, mi amor, por Dios, estás viendo muchos posts de Michelle Lewin! ¡Te ves hermosa!”. Luego le preguntó a la nena: “¿Princesa, cómo se ve mamá?” “¡Moocha, mamá, moocha!”.

Aunque no lo crean, luego de esa bella estampa comoquiera me quité el traje de baño y pretendí distraerme haciendo otras cosas. Sin embargo, mi mente no podía dejar de mostrarme que estaba siendo un mal ejemplo para mi hija. 

Allí estaba yo diciendo que me veía fea y gorda frente a un angelito que gracias a Dios aún no conoce de estereotipos de ni de las exigencias de la sociedad. Bien pude aprovechar el momento para decir “¡Gracias mi amor, mamá es hermosa y tú también lo eres!”, pero preferí decirme gorda y quitarme el traje de baño.

SI TE INTERESA: ¡No te dejes caer, mamá!

Reconozco la raíz de mis complejos porque fui una niña llenita y siempre hubo quien se burlara de mí. Y digo llenita porque nunca fui obesa, solo que no fui tan delgada como los demás miembros de mi familia. Viví a dieta porque entendía que mi cuerpo no estaba bien, hasta que me sumergí en lo que es la sana alimentación y el yoga (pero eso es tema para otra columna).

El punto es que  un tanto desilusionada por no ser la mamá optimista que debía ser, pero sin castigarme porque reconozco que soy un ser humano que siente y padece, decidí que sí iría a la piscina.  Reaccioné con un

“¡Carajo, Karla,  en dos años y medio has traído al mundo a dos personas. ¿Cómo pretendes que esté tu cuerpo?”.

¡Voy para la piscina y voy FABULOSA! Me arreglé mi maranta rizada, me puse mi traje da baño negro combinado con una falda larga de polkadots y mis sandalias blancas con rhinestones.  Preparé un bolso hermoso con lo necesario para pasar una tarde perfecta y me saqué un selfie.

Salí a la sala donde estaban todos y le dije a mi esposo: “Nos vamos”. Él me miró atónito porque no podía creer que tenía el traje de baño puesto, y se sonrió. Hoy no será solo él quien disfrute con mi hija en la piscina. ¡Mamá también se apunta!

Mamás: más allá de querer vivir sin complejos porque sí, hagámoslo porque a través de este buen comportamiento fomentamos la buena autoestima de nuestros hijos.  No los contaminemos con las normas de aceptación tan exageradas que existen hoy día. ¡Traer vida a este mundo ya nos hizo sumamente hermosas!

¡Lindo domingo!

Presiona aquí para visitar nuestra portada.

Cargando...

Continuar

Publicidad

x