No, no tienes que ser perfecta

Karla Aimar

Habemus Baby: Karla Aimar

05 de junio de 2016 08:55 pm

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Se van a caer, raspar y todo va a salir bien

Mamá y bebé

Shutterstock

Hay un anuncio bien gracioso que muestra a una madre primeriza vaciándole el pote de hand sanitizer en las manos a una persona que le va a coger a su bebé y luego la presentan con su segundo hijo entregándoselo a un mecánico en lo que hace unas anotaciones, o algo así.

Siempre que lo veía me identificaba mucho con él porque soy madre de dos y en efecto, ya para el segundo bebé uno es menos maniático, y porque al menos a mí me envía el mensaje de que no tenemos que ser una mamá perfecta para ser una buena madre.

Me explico: con mi hija (la primogénita) sentía temor de dejarla sola para irme a hacer cualquier cosa, así fuera ir al baño a orinar. Pensaba que en cuestión de un minuto algo terrible le podría pasar a la nena.

También me molestaba mucho que personas extrañas se me acercaran para tocarla y hacerle monerías. Solo pensaba en gérmenes. Cualquier “achú” me tenía metida en la oficina del pediatra y cuando tuve que dejar de lactarla me sentí la madre más mala del mundo.

Ahora con mi segundo hijo, agradezco al universo por la experiencia que ya tengo. Cuando duerme me puedo dar un baño rápido con la puerta abierta con la tranquilidad de que cuando salga el bebé estará bien, así como también estará bien ante muchos de los panoramas que antes me daban pánico.

¿Cómo logré estar más relax? Sí, la experiencia con el primer bebé ayuda mucho pero también me ayudó aceptar que no soy perfecta y que mis hijos son igual que todos los niños. Además, hay cosas que inevitablemente van a suceder.

Por ejemplo mi hija, que tiene dos años, ya se dio su primer golpecito en la quijada, se ha pelado las rodillas y se ha enfermado. Nada de eso me hace una mala madre, simplemente me hace madre de una niña común y corriente.

¡Claro que mi deber es protegerla! Sé que lo hago bien porque me esfuerzo muchísimo por asegurarme de que esté bien.

Además, como dice la famosa canción, a veces hay que simplemente “let it go”. Sobre todo cuando sabemos que existen distintos puntos de vista sobre la crianza de los niños. Me gusta creer que si mi instinto me dice que estoy haciendo algo correcto es porque efectivamente lo es, y que “ante la duda, saluda”.

Esto que acabo de escribir a lo mejor parecerá tonto y obvio para muchos, pero la realidad es que con las presiones que existen hoy día, es muy fácil caer en la tentación de querer convertirnos en la madre perfecta para luego inevitablemente fracasar en el intento porque cosa tal no existe (a menos que no sea ante los ojos de nuestros queridos hijos que nos aman grandemente).

Si cumplimos bien con nuestro rol de dejar que los niños sean niños, debemos aceptar el paquete completo sabiendo que habrá caídas, lagrimas, una que otra perreta y varias visitas al médico. ¡Eso no te hará mala madre! ¡Es parte de!

¡Hasta el próximo domingo!

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